31.3.09

Experto en Sida de Harvard da la razón al Papa

El pasado 17 de marzo Benedicto XVI iniciaba su viaje a Africa. Sus declaraciones sobre el Sida provocaron un gran revuelo en la prensa y no pocas críticas.

En el avión que le llevaba a Camerún el Papa dijo a los periodistas que una epidemia así no se podía solucionar sólo distribuyendo profilácticos. Habló también, aunque esta parte fuera obviada por muchos medios de comunicación, de humanizar la sexualidad.

Pues bien, El director del ‘Projecto de Investigación de Prevención del Sida' de Harvard, Edward Green, ha afirmado: “El Papa tiene razón. Nuestros mejores estudios muestran una relación consistente entre una mayor disponibilidad de preservativos y una mayor (no menor) tasa de contagios de Sida”.

Edward C. Green, ha publicado en la revista de pensamiento «First Things» que el sida se ha reducido en Uganda, Kenia, Haiti, Zimbabwe, Tailandia y Camboya, y en zonas urbanas de Costa de Marfil, Etiopía, Zambia y Malawi. Lo común en todos estos sitios es que se había reducido el número de parejas, había aumentado la fidelidad, la monogamia y la abstinencia. Una medida que ya se trazó en 2004, cuando se publicó el «consenso Lancet», en la revista médica «The Lancet», donde 140 expertos de 36 países establecían el «ABC» («Abstinence», «Be faithfull» -sé fiel- y «Condom») como línea común de actuación.

El consenso dejaba claro que lo más eficaz era la A y la B y que el condón no elimina el riesgo sino que lo reduce. En otra reciente entrevista con el «National Review Online», extractada por El Confidencial Digital, Green explica la «compensación del riesgo»: «Cuando se usa alguna tecnología para reducir un riesgo, como el preservativo, a menudo se pierden los beneficios asumiendo un mayor riesgo que si uno no usara esa tecnología», explica. «También me di cuenta de que el Papa dijo que la monogamia era la mejor respuesta al Sida en África. Nuestras investigaciones muestran que la reducción del número de parejas sexuales es el más importante cambio de comportamiento asociado a la reducción de las tasas de contagio del Sida», afirma. Según los expertos, más eficaz en África es educar en abstinencia y la monogamia, como demuestra desde hace años el caso de Uganda y, recientemente, el de Kenia, países que han invertido en estos valores y han visto reducirse los contagios. Así lo asegura Green, que sostiene que el modelo en la lucha contra el Sida sigue siendo el ugandés, donde el Gobierno adoptó en los años 80 un programa que decía «quédate con tu pareja o sé fiel»: «Allí los programas han intentado modificar los comportamientos sexuales a un nivel más profundo». Edward Green, autor de investigaciones en numerosos países de África durante los últimos 20 años, está a punto de publicar «Sida e ideología», donde describe cómo la industria está recibiendo millones de dólares al año promoviendo el uso de preservativos, medicamentos, y tratamientos para el Sida, y es claramente resistente a la idea de que el cambio de comportamiento es la solución.

30.3.09

La vida vencerá

"La Vida vencerá" es un programa al servicio de la Vida en el que han colaborado entre otros: Jaime Urcelay, presidente de «Profesionales por la ética» y Gádor Joya, portavoz de las plataformas «Hay Alternativas» y «Derecho a Vivir»

29.3.09

La voz de los que no tienen voz

Hoy han tenido lugar manifestaciones en contra del aborto en distintas ciudades de España.


Quisiera aquí hacer mención a la valentía de Joaquín Manuel Montero, miembro del comité federal del PSOE que se ha unido a la de Madrid. Leo que ha acudido a título personal y justifica su presencia con mucha sensatez y sentido común:

"Como persona de izquierda y progresista, vengo a defender la vida. Es un contrasentido que la izquierda no defienda la vida. Aunque me puedan sancionar por saltarme la disciplina de partido mi conciencia está por encima de ella. No se puede ser socialista y estar contra la vida. Asisto a esta manifestación para transmitir el mensaje que había recibido de viejos socialistas de ser voz de los sin voz".

Grandes pensadores: Freud

José Ramón Ayllón , en su obra: "Luces en la caverna", nos habla de Sigmund Freud.

“Hasta ahora los hombres sabían que tenían razón, a partir de ahora sabrán que tienen deseos” (“La interpretación de los sueños”, año 1900)



La mezcla inseparable de razón y deseo constituye al hombre. Una mezcla explosiva y altamente inestable, cuyo control pertenece por definición a la razón, que a lo largo de la historia ha diseñado diversas estrategias de integración. Sabemos que el hedonismo es la negación de esa función rectora. En la práctica muy fácil de seguir, pero muy difícil de sostener como postura intelectual. Ni siquiera Epicuro se atrevió a llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Para llegar a la justificación racional del hedonismo hubo que esperar al siglo XX.

Las bombas de la Primera Guerra Mundial también cayeron sobre la cultura europea bimilenaria. Aplastado por la tragedia, el hombre occidental que surgió de los escombros quiso olvidar el pasado como una pesadilla. La promesa ilustrada y positivista de un mundo feliz por el camino de la ciencia había terminado en un cruel desengaño. La libertad, la igualdad y la fraternidad de la Revolución Francesa poco tenían que decir a un continente sembrado de cadáveres. Con todo, la Gran Guerra no fue el fin de la historia. La vida sigue, y era preciso construir una nueva civilización. Se trataba de edificar sobre nuevos cimientos, porque el pensamiento anterior se había derrumbado: el descrédito minaba la razón griega, el orden romano y el corazón cristiano. Los supervivientes volvieron entonces la mirada hacia cuatro nuevos puntos cardinales: Darwin, Marx, Nietzsche y Sigmund Freud (1856-1939). Tenían en común la desconfianza en la razón, la interpretación de la historia desde la sospecha.

Marx acusaba a la razón de haber sido la herramienta de los poderosos para someter a los débiles, de forma que "toda la historia ha sido una historia de lucha de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas". La ética, concebida como producto del egoísmo de las clases dominantes (Marx), también será interpretada como efecto del resentimiento de los débiles (Nietzsche), de una psicología reprimida (Freud), y de sofisticados mecanismos biológicos (Darwin).

Se hacía necesario criticar la perspectiva moral, desenmascarar la hipocresía, liberar al hombre de su engaño, desencantarle y revelarle que los preceptos y prohibiciones del pasado eran meras ilusiones. Contra la enfermedad de pensar hay un remedio: conceder al instinto primacía sobre la razón. Y para dejar las cosas claras, toda la ambigüedad del vitalismo de Nietzsche la concreta Lenin en la violenta lucha de clases, y Freud en dos palabras: liberación sexual.

El psicoanálisis

El célebre psicoanálisis freudiano es el estudio de los elementos que integran el psiquismo. Constituye una teoría general del comportamiento humano, que se reduce a las tensiones entre el principio del placer (manifestación directa o indirecta del instinto sexual) y el principio de realidad, que constantemente se opone al placer. Lo que originariamente surgió como método de investigación y terapia de las neurosis, se convirtió progresivamente en teoría general, no sólo del comportamiento humano, sino de la misma naturaleza del hombre y de sus manifestaciones fundamentales. Se transformó así en una determinada antropología.

Freud distingue en la conducta humana un fondo inconsciente y una actividad consciente. En el inconsciente se encuentran las raíces de la actividad consciente. Mientras las tendencias o impulsos de este fondo fluyen libremente hasta el nivel consciente, la vida psíquica es normal. Pero si encuentran alguna resistencia en su emerger y son rechazados del plano consciente al inconsciente, se produce una alteración patológica. Esta represión significa la inversión del proceso natural, que ahora va de lo consciente a lo inconsciente. En eso consiste el desequilibrio psíquico.

La pulsión natural del inconsciente es bautizada por Freud como ello, y actúa fundamentalmente como libido o energía sexual, que busca su satisfacción o descarga de acuerdo con el principio del placer. Bajo el influjo del mundo real, una parte del ello se transforma en el yo, que representa el deseo consciente de satisfacer el placer y evitar el dolor. Pero surge un fuerte obstáculo en su camino. "Como sedimento del largo periodo infantil en que el hombre en formación vive dependiendo de sus padres, nace en el yo una instancia particular que perpetúa esa influencia parental: el superyo". El yo recibe el impulso sexual y lo satisface, lo difiere o lo reprime, de acuerdo con el principio de realidad y el superyo, productos de los convencionalismos sociales. La personalidad del hombre es el resultado de este proceso, y crecería sana si la satisfacción de los instintos fuera libre.

Para Freud, toda la historia y la cultura son el resultado de dicha tensión, pues el pensamiento, el arte y la religión son, en el fondo, productos de la sublimación de una libido siempre insatisfecha. Toda creencia religiosa, en el plano individual y en el colectivo, queda reducida a neurosis obsesiva. Freud se enfrentó en concreto a la religión católica en una lucha ideológica sin cuartel. En El porvenir de una ilusión (1927) escribió:

El intento de conseguir una forma de protección contra el sufrimiento mediante una reelaboración ilusoria de la realidad es la empresa común de un número considerable de personas. Las religiones humanas tienen que ser clasificadas en el grupo de las ilusiones masivas de este tipo. No necesitamos aclarar que quien participa de una ilusión jámás le asigna este carácter.

La cita no tiene desperdicio, pero la idea ya es vieja: en tiempos de Sócrates, Critias, el más violento de los Treinta Tiranos, había escrito lo mismo en su tragedia Sísifo. (Ver texto completo)

27.3.09

Hablar claro de la crisis

Leopoldo Abadía es una de las personas en España que mejor han sabido explicar la crisis. Su blog ha tenido más de dos millones de visitas en unos pocos meses. Por ello publicamos esta sugerente reflexión suya:


Siempre ha sido partidario de llamar a las cosas por su nombre. Por eso, cuando he repetido en cientos de sitios que yo de economía no se nada, es porque realmente es así. Recordé hace poco que, tras licenciarme como Ingeniero, me matriculé en la Facultad de Económicas de Barcelona y que llegué a aprobar, en el único curso que hice, tan sólo dos asignaturas. Con estos “estudios de economía” que poseo y con el método científico basado en “entender, cortar y pegar” resulta que el Informe que escribí, llamado La Crisis Ninja, me ha convertido en “la persona que mejor explica la situación actual”. Esto me deja perplejo, porque pienso que son los medios de comunicación, las entidades financieras, las instituciones y las administraciones quienes manejan los datos y los estudios suficientes como para dar a conocer de una forma clara y sencilla todo lo que está ocurriendo. Si no ha sido así es porque algo está fallando gravemente.

He llegado a la conclusión de que únicamente con la lectura diaria de un periódico generalista y de uno económico, todos podemos saber más que nadie y estar al día. Y entender las cosas. Porque saber explicar algo implica no sólo memorizar hechos sino también entenderlos y saber transmitirlos.
Cuando surge alguien y dice que el origen de esta crisis está en los “activos de escasa calidad crediticia”, acto seguido, las personas que están escuchando desconectan porque no entienden nada. Si en lugar de eso se dijera que el origen de toda la situación está en la “hipotecas porquería que se concedieron a personas sin ingresos, sin trabajo y sin propiedades, es decir, a las clásicas personas a las cuales no les dejarías ni cinco euros” resulta que la gente lo entiende y te considera un gurú. Por eso creo que importantísimo hablar claro. Y para hablar claro hay que entender lo que se dice. Y para entender lo que se dice hay que tener criterio. Y para tener criterio hay que tener sentido común y evitar el bombardeo indiscriminado de información, leyendo con clama todo desde una misma fuente. Y procurar tener un modelo en la cabeza.

Entendí lo del modelo gracias a un amigo que fue ministro hace bastantes años. Él sabía perfectamente que si hacía una cosa concreta se iniciaba un mecanismo que ponía en marcha otras cosas y, por tanto, sabía qué camino tomar para realizar, de forma eficiente, todo lo tenía encomendando. He estado toda la vida queriendo tener un modelo en la cabeza y ha sido a los 75 años cuando he llegado a él. Creo que si, desde el colegio, a la gente se le enseñara cómo buscar su modelo mental, tendríamos una sociedad más exigente y democrática. Mi modelo es, ante todo, entender las cosas.
Por todos estos motivos, esta crisis tan gorda debería alumbrar una nueva forma de entender el día a día. Las instituciones deberían hablar más claro, las entidades financieras deberías entender qué están vendiendo y la gente debería exigir que se le hablara de una forma inteligible. Porque hemos llegado a la situación en que ni unos ni otros saben la dimensión real de la crisis, y también desconocen por qué ha sido causada realmente. Tan sólo sabemos que estamos mal y que hay que hacer algo.

Con esta misma idea creo que tendríamos que valorar lo siguiente:
1. no se sabe cuál es la dimensión real de la crisis porque ni los que la originaron la han entendido. Crearon una serie de cosas financieras para ganar mucho dinero y las repartieron por el mundo sin tener ninguna moderación. Se han dado cifras escalofriantes que van desde los cien mil millones de dólares a los 5,3 trillones (con T) de dólares. Está claro que nadie sabe de qué estamos hablando.
2. estos productos tan complicados no se hubieran repartido por el mundo si los otros bancos que los han comprado los hubiesen entendido. Por tanto, has estado vendiendo y comprando cosas que no comprendían. ¿Y quiénes son los responsables de esto? Los presidentes, consejeros, directores de oficina, empleados, etc. Evidentemente, como consecuencia, el cliente final, en el momento en el que le han comentado que va a “invertir en unos fondos estructurados garantizados por obligaciones2 se ha quedado perplejo, intrigado y curioso. Además de tener la sensación de ser un ignorante por no saber de qué le hablan.

Es necesario, por tanto, que en estas cosas de hable claro. Porque si hubiese sido así, el comportamiento de todos los implicados hubiera sido más decente y habrían sido pillados in fraganti intentando embaucar a cientos de personas. Creo que, además de ser ésta una crisis financiera y de confianza, es sobre todo una crisis de decencia. Porque más de uno se ha enriquecido provocándola. Porque creo que el dinero es irrecuperable. Porque nos han metido a todos (al decir todos digo TODOS) en ella. Y porque el “vale todo” que desde hace unos años se promueve a todos los niveles en la saciedad, damos cancha a que realmente valga todo y sucedan cosas así.
Aun así, de la misma forma que los Gobiernos de cada país están haciendo lo que buenamente pueden para intentar atajar la debacle económica, nosotros, las personas, tenemos que actuar. Ya tenemos el diagnóstico: una crisis muy gorda. Ya sabemos qué ha fallado: la comunicación, la decencia y el vale todo. Pues ahora pongámonos a hacer lo que realmente sabemos hacer: trabajar. Porque no podemos quedarnos en casa acurrucados diciendo lo mal que está todo y esperando que alguien nos salve. No. Tenemos que arremangarnos y bregar para salir adelante, porque en el momento en el que salgamos de este túnel –porque saldremos- seremos más fuertes.
Yo suelo recomendar criterios generales porque no me sale ninguna medida concreta que resuelva la situación. Y estos criterios se basan en tres cosas:

1. El optimismo, entendido como la acción de sacar el mejor partido posible de una situación concreta. Optimismo no es decir “aquí no pasa nada” sino trabajar para salir adelante en un momento tan difícil como este.
2. No distraerse. Debemos centrarnos en las prioridades dejando de lado, inevitablemente, las cosas que ahora mismo no son vitales.
3. Prudencia. Pero con prudencia. Ser creativo o encontrar medidas para paliar la situación nos debe llevar a ser cautos y a no dar nada por supuesto.

Con estas ideas, creo que estamos en condiciones para construir personalmente una salida fuerte y sólida de la crisis, dejando todo en nuestras manos y siendo los únicos responsables de nuestro futuro.

26.3.09

Leonard Cohen - Suzanne

Leonard Norman Cohen, poeta, novelista y cantante canadiense, nació el 21 de septiembre de 1934 en Montreal, hijo de una familia judía. Conocido especialmente por su faceta de cantautor, sus letras son muy emotivas y líricamente complejas; sus tres ejes temáticos predominantes, el amor, la religión y las relaciones de pareja, deben más a los juegos de palabras y metáforas poéticas que a las convenciones de la música folk. Cohen canta con una voz peculiarmente grave, su música ha influido en muchos otros autores y sus canciones han sido interpretadas por muchos otros artistas. Ha vivido en Montreal, Londres, Grecia, Nueva York y actualmente reside en Los Ángeles.

25.3.09

Jornada por la vida

Hoy 25 de marzo la Iglesia quiere celebrar, junto con la festividad de la Anunciación, una “Jornada por la vida”. La fiesta liturgica de este día nos recuerda que la fe de la Iglesia siempre creyó que la vida comienza con la concepción, como después ha demostrado la ciencia.


Los obispos españoles nos recuerdan que: “La vida de cada persona, con toda su integridad y dignidad, está en el corazón del ser y de la misión de la Iglesia, ya que hemos sido creados por el amor de Dios: «antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes de que nacieses, te tenía consagrado» (Jr 1, 5), y hemos sido redimidos por la sangre de Aquel que es, «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6). Jesucristo ha venido a nuestro encuentro para que los hombres «tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10). Aquí radica el núcleo principal de la misión pastoral de la Iglesia orientada a que la vida terrena de todo hombre alcance su plenitud, participando en la comunión con Dios Padre, acogiendo la vida nueva otorgada por Jesucristo en virtud del don del Espíritu Santo. De esta manera, somos el pueblo llamado a custodiar, anunciar y celebrar el Evangelio de la vida”.

Quisiéramos recordar también aquí hoy las palabras de la Madre Teresa de Calcuta en el discurso pronunciado con motivo de recibir el Premio Nobel de la Paz en 1979:

"Pienso que hoy día el más grande destructor de la paz es el aborto, porque es una guerra directa, una matanza directa, un asesinato directo hecho por la misma madre. Y leemos en la Escritura que Dios dice muy claramente: «Aunque una madre llegase a olvidar a su hijo, Yo no te olvidaré. Grabado te llevo en la palma de Mi mano.» [...] Ese niño no nacido ha sido grabado en la mano de Dios. [...]
Mucha gente está muy, muy preocupada por los niños de la India, por los niños de África donde muchos mueren, quizá de malnutrición, de hambre, etc., pero millones están muriendo por la voluntad deliberada de la madre. Éste es hoy en día el mayor destructor de la paz. Porque si una madre puede matar a su propio hijo, ¿quién me impide que yo te mate o que tú me mates? No hay ningún obstáculo [...] Asegurémonos este año de que todo niño sin excepción, nacido o no nacido, sea querido [...] ¿Hemos hecho realmente que los niños sean queridos?"

24.3.09

La paradoja de Protágoras

Narración breve

José Antonio Marina recoge en su obra "Elogio y refutación del ingenio" esta ingeniosa paradoja:


Protágoras convino con Euatlo que le enseñaría Retórica para ser abogado y que no le cobraría sus lecciones hasta que Euatlo ganara su primer pleito.
Después de aprender el oficio, Euatlo decidió no ejercerlo nunca, con lo que evitaba tener que pagar a su maestro. Protágoras le demandó ante los tribunales y argumentó de esta manera:

-Tienes que pagar en cualquier caso: si yo gano el pleito, porque te obligará a ello el mandato judicial; si yo pierdo el pleito, porque lo habrás ganado tú y esos eran los términos del acuerdo.
Euatlo respondió:
-No estoy de acuerdo. Si gano el pleito no tendré que pagar porque de ello me eximirán los jueces; si lo pierdo, no tendré que pagar porque no habré ganado mi primer pleito, tal como nuestro acuerdo exige.

21.3.09

Lo que la Iglesia hace por el SIDA en Africa

Podemos afirmar que la Iglesia es la institución más comprometida por la lucha contra el SIDA en Africa: casi un 30% de los enfermos son atendidos por sus miembros. La extensión del SIDA en el África subsahariana revela que la política de prevención seguida hasta ahora está siendo ineficaz. Por lo general, se ha limitado a promover el uso del preservativo, sin proponerse cambiar los comportamientos. A veces se acusa a la Iglesia católica de estorbar los esfuerzos para la prevención del SIDA por oponerse a esta política centrada en el preservativo. El médico y sacerdote francés Jacques Saudeau, del Pontificio Consejo para la Familia, explicaba en un interesante artículo de L'Osservatore Romano (5 abril 2000) qué está haciendo la Iglesia en África en la lucha contra el SIDA. Lo recuperamos de la hemeroteca por su indudable actualidad:


El drama del SIDA afecta hoy especialmente al África subsahariana. La Conferencia Internacional de Lusaka (Zambia, septiembre de 1999) puso en evidencia cómo se ha agravado la situación en los últimos años (1). El 70% de las personas seropositivas del mundo, es decir, 23,3 millones, vive en África subsahariana, región que tan solo cuenta con el 10% de la población mundial. La mayor parte de estos enfermos morirá en los próximos diez años. (...) Desde que comenzó la epidemia, en África han muerto ya 11,5 millones de personas, el 83% de los muertos por SIDA en el mundo. En 1998 murieron 2,2 millones por SIDA, frente a 0,2 millones a causa de las distintas guerras (2).

(...) Los muertos por SIDA formaban parte del segmento joven de población, es decir, el que tenía instrucción, formación profesional y enseñaba en las escuelas (3). Ese segmento era la esperanza de los grandes países pobres africanos. Muchas de estas personas eran madres jóvenes con niños pequeños, de lo que se deriva otro gran problema: los huérfanos del SIDA. El 95% de los huérfanos del SIDA son africanos (4). (...) En 1999, el número de niños menores de 14 años que han sido infectados de SIDA asciende a 570.000, el 90% de los cuales han nacido de madres seropositivas.
Estos datos ilustran la realidad de una tragedia: la epidemia del SIDA está devastando África y amenaza el futuro mismo del continente. El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió el 10 de enero de 1999 para estudiar específicamente este tema, y concluyó que se trataba del factor más grave de desestabilización económica y política del continente (5). En palabras de Al Gore, se trata de una verdadera "crisis de seguridad" (6). (...)

En primera línea
La Iglesia católica no ha permanecido indiferente ante la situación. Al contrario, desde el inicio de la epidemia, la Iglesia ha estado presente con sus hospitales y centros de cuidados específicos, con las parroquias, el servicio de los religiosos y las religiosas, las organizaciones locales de ayuda a los enfermos, etc. La Iglesia en África ha estado en la primera línea de la lucha contra el SIDA.

Los miembros del Pontificio Consejo para la Familia, en colaboración con las distintas conferencias episcopales, hemos organizado numerosas reuniones con los médicos y las enfermeras comprometidos en esta lucha, para estudiar el tema y proponer soluciones. La mayor parte de estos encuentros han sido en los países afectados, donde hemos visto una labor constante, eficaz y discreta. Es preciso reconocer, sobre todo, la admirable dedicación y la singular generosidad de tantas personas que atienden a los enfermos en sus casas. Labor que hemos podido constatar en Uganda, Kenia, Tanzania, Ghana, Costa de Marfil, Benin, República Centroafricana y Burkina-Faso, y que consiste en apoyo humano, ayuda médica y, con frecuencia, alimentaria.

Para comprender la realidad del SIDA en estos países se debería acompañar a los voluntarios en su ronda de visitas y ver las situaciones ante las que se enfrentan. (...) Se debería valorar la labor de las religiosas que han acogido niños huérfanos del SIDA, les han dado techo, alimento, educación, etc. Se debería considerar que han tenido que pedir dinero a diestra y siniestra, pues en la mayoría de los casos se han encontrado con muy poca ayuda pública y un nivel de apoyo de las organizaciones internacionales más bien bajo. Es preciso valorar también el trabajo de otras personas, laicos y laicas, que han venido de diversos continentes para dar esperanza y dignificar la vida de tantas mujeres contagiadas y rechazadas por todos como "inmundas". (...) (Ver texto completo)

20.3.09

El gatopardo

Son muchas las películas basadas en adaptaciones de novelas famosas. Con frecuencia he de reconocer que me suelen decepcionar, salvo raras excepciones. El Gatopardo es una de ellas.


Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957), aristócrata siciliano posteriormente empobrecido, poseía una vasta cultura que, como la de Luchino Visconti, cineasta de una capacidad intelectual poco común entre los realizadores de su generación, era más europea que únicamente italiana. Cultivador en secreto de una gran afición literaria, Lampedusa escribió su novela más ambiciosa, “El gatopardo”, en los cafés, principalmente en una heladería de Palermo, tan lejos como le fuera posible de su palacio en ruinas de La Marina. La novela fue rechazada por muchas editoriales y el autor murió sin conocer el prestigio y el éxito que alcanzaría posteriormente su obra. Tras su muerte, su viuda recorrió varias editoriales con el texto, pero sería el escritor italiano Giorgio Bassani, amigo y colaborador de Visconti, quien conseguiría la publicación de esta novela en 1958.

De este modo, Luchino Visconti conoció la obra de Lampedusa, por la que mostró de inmediato su interés para llevarla a la pantalla. Una actitud muy comprensible, si se tiene en cuenta la sorprendente similitud y puntos de contacto entre estos dos autores, personificados al mismo tiempo por el personaje del príncipe Fabrizio di Salina, tanto en la adaptación cinematográfica como en la obra literaria. El gatopardo -título intraducible al castellano gira en torno a uno de los aspectos que más fascinaban a Visconti: el cambio social en la historia.

En su obra, Lampedusa describe el desmoronamiento trágico del mundo aristocrático, la «vocación a la muerte» no únicamente del protagonista sino de toda una clase social, a la que también pertenece el cineasta. De esta forma, es fácilmente comprensible esa fidelidad argumental a la novela y, al mismo tiempo, ese acercamiento sentimental al autor. Aunque, según declaraciones del propio Visconti al hijo adoptivo de Lampedusa (Gioachino Lanza Tomasi), encargado de buscar los exteriores adecuados, él había intentado ampliar la visión del escritor, que había narrado los acontecimientos exclusivamente desde el punto de vista del protagonista, dejando a un lado el hecho de que había sido la revolución de la gente la que había amansado a los «gatopardos».

En el film, la Historia se convierte en una parte fundamental. El discurso moral encerrado en la serenidad de las imágenes va más allá de un concreto capítulo histórico de la vida italiana, el «Risorgimiento». En dicho discurso, realizado a través del personaje del príncipe di Salina, afloran los temores y anhelos del hombre en un momento histórico, dentro de una coyuntura política y social concretas. Al mismo tiempo, Lampedusa y Visconti realizan un feroz análisis en el que satirizan y critican el mundo al que pertenecen, condenado a una muerte y hundimiento inminentes -un mundo en el que «es preciso que todo cambie para que todo quede como está». Y tratan de ridiculizar, también, a esa nueva clase burguesa -cuyo máximo exponente es Calogero Sedara- molesta y odiosa, vulgar incluso, desde un punto de vista estético y costumbrista; esos «chacales y alimañas» de los que habla el príncipe Fabrizio y que junto a los «gatopardos» continuarán creyéndose la «sal de la tierra».

El príncipe di Salina se descubrirá a sí mismo como «un exponente de la vieja clase, fatalmente comprometido con el pasado régimen», al que está ligado por «vínculos de descendencia y afecto», y perteneciente a una generación desgraciada «a caballo entre dos mundos sin encajar en ninguno». Una generación que ha perdido las ilusiones, al menos según Visconti. Fabrizio di Salina percibirá al final la muerte a su alrededor, siendo ésta lo único que tiene algún significado para él. De esta forma, entrega un futuro del que no va a ser testigo a una juventud representada en su sobrino Tancredi, a quien Visconti describió como «un hombre que siempre nada a favor de la corriente y que siempre apuesta a ganador», que se va adaptando lentamente a los tiempos y que, incluso, llega a traicionar a su clase al escoger como esposa a Angélica, una preciosa joven perteneciente a la clase media mafiosa.

El gatopardo estuvo acompañado de una fuerte polémica, incluso mucho antes de su estreno. Se acusaba a la obra de Lampedusa de ser uno de los factores desencadenantes del desprestigio y deshonra de Sicilia, junto a la mafia y al reformador social cristiano-marxista Danilo Dolci. El film se estrenó el 27 de marzo de 1963, siendo presentado oficialmente en Roma, y ese mismo año obtendría la Palma de Oro en el Festival de Cannes. No faltaron voces como la de Guido Aristaco, procedentes de sectores izquierdistas, con acusaciones de superficialidad y decadencia. Sin embargo, encontró apoyo en Palmiro Togliatti, secretario general del Partido Comunista, que ensalzó la obra cinematográfica por encima de la literaria. Los críticos y amantes del cine en general ya la saludaron como lo que realmente es: una preciosa obra de arte, llena de melancolía y profundidad, idea que el paso del tiempo no ha hecho sino engrandecer.

Con El gatopardo, Visconti, una de las figuras más controvertidas del cine europeo -con una inusual capacidad intelectual, un gusto marcado por la plástica y la pintura y con una notable inclinación hacia el melodrama, a lo teatral y lo operístico-, realiza una biografía velada y un gran ejercicio de análisis de una época, de una sociedad y de una clase social (la suya propia), profundamente reflexiva y certera. Una obra en la que este singular cineasta, comprometido ideológicamente con el frente popular francés y la resistencia antifascista italiana, marca un punto de inflexión de una trayectoria en la que El gatopardo aparece como cumbre artística

19.3.09

Volver al padre

Ramiro Pellitero nos envía este artículo publicado en www.zenit.org, (18-III-09). Muy adecuado para el "día del padre".


Se dice que la modernidad tomó en serio el mito del hijo (Perseo) que, por la fuerza del destino, ha de matar al padre (Acrisio). Dejando ahora aparte sus innegables conquistas al servicio del hombre, la modernidad ha perdido su memoria y la conexión con sus raíces. Ha identificado al padre con la autoridad y a ésta con el poder del que quería librarse. Al mismo tiempo ha quebrado la piedad (parte de la virtud de la religión) y las manifestaciones de respeto y cariño hacia los progenitores. Y ha terminado oponiéndose a la vida: no sólo dudando si vale la pena, sino incluso arrogándose el poder de suprimirla recién concebida o en cualquier otro momento si estorba, sobre todo la vida débil, disminuida o enferma, de modo particular en su etapa final.
Pero los hijos necesitan valorar y querer a su padre, y que él los valore y los quiera; y cuando esto no se produce, surgen problemas afectivos. También el padre necesita comprenderse y mostrarse a sí mismo como padre. Y todo ello comienza para él, a su vez, cuando es niño –hijo– y va configurando su imagen de lo que es un padre.
El cine abunda, como tema principal o tema importante, en este recuperar la imagen o la figura del padre, en esta nostalgia del padre. Y esto en formas muy distintas. Los replicantes de “Blade Runner” (R. Scott, 1982) buscan desesperadamente a su creador; como sugerente metáfora de su semejanza con los hombres, buscan a un “padre”, para reclamarle nada menos que la inmortalidad. En “Paris, Texas” (W. Wenders, 1984) es el padre mismo quien intenta recuperar su identidad reconociendo a su hijo y devolviéndolo a la madre. La trilogía de Kieslowski (“Tres colores”: “Azul”, “Blanco” y “Rojo”, 1993 y 1994), refleja una idea de Dios más cercana al Juez del Antiguo Testamento que al Padre misericordioso del Evangelio, pero siempre desde la búsqueda espiritual. A. Holland le hace decir a su Beethoven (“Copying Beethoven”, 2006): “Mi padre era un animal y un borracho. Si Dios es mi padre, reniego de él”; pero luego, en la novena sinfonía, el coro cantará: “Hermanos, sobre la bóveda estrellada debe habitar un Padre amoroso”. En “El niño con el pijama a rayas” (M. Herman, 2008), Bruno se introduce en el mundo de su amigo Schmuel para ayudarle a encontrar a su padre y comparte su destino. Y así podríamos seguir.
La perspectiva cristiana ilumina poderosamente la realidad de la paternidad junto con la maternidad. El cristianismo es también una “patro-logía”: una teología del padre –que tiene entrañas de madre– y más aún, una profunda y plena vivencia de las relaciones paterno-filiales.
En su encíclica Dives in misericordia (1980), Juan Pablo II señalaba que es difícil comprender y vivir lo que es ser padre si uno no se esfuerza en ser buen hijo. Ya en 1964 compuso un poema sobre la paternidad, donde pone en boca de Adán sus reflexiones: “Siendo padre de tantos, tantos hombres, debo ser niño: cuanto más padre, más niño”. Adán descubre la necesidad de mirar a Cristo, porque en Él se revela el amor del Padre. Y ese amor se transforma, en Cristo, en el amor del esposo, que se entrega por la humanidad y cada persona, “como amante por su amada”. Así en Cristo se manifiesta esa gran trilogía que ilumina toda paternidad humana (física o espiritual) y la eleva al nivel divino: padre, niño, amor.
Con otras palabras, para todo padre, lo prioritario es ser buen hijo de Dios. Y desde ahí lo siguiente es el amor a la esposa, renovado y demostrado cada día en lo grande y en lo pequeño. Los hijos son primero de Dios y en segundo lugar, y continuamente, fruto del amor de los esposos. Y todo esto tiene también su reflejo paralelo en el ámbito de la paternidad espiritual. José de Nazaret hizo las veces de padre de Jesús, y mostró de manera eminente cómo debe ser un padre.
Explicando el Padrenuestro, dirá Joseph Ratzinger en su libro “Jesús de Nazaret” que “ser hijo no significa dependencia, sino permanecer en esa relación de amor que sustenta la existencia humana y le da sentido y grandeza”. Más adelante en la misma obra, a propósito de la parábola del hijo pródigo, retoma lo que significa volver al Padre y acoger su abrazo: “El ‘yugo’ de este brazo no es un peso que debamos soportar, sino el regalo del amor que nos sostiene y nos convierte en hijos”. Por otra parte –afirma en diversos lugares– sólo volviendo a Dios, nuestro Padre común, nos podemos volver a encontrar con nuestros hermanos. Volver al Padre es para los cristianos experimentar la alegría de la confesión sacramental. Y para todos está abierta su casa, la familia de Dios que es la Iglesia.

Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra

18.3.09

Incoherencias y aberraciones

Jeff Jacoby columnista del The Boston Globe comenta la paradójica ética del filósofo Peter Singer, que insta a remediar la pobreza del Tercer Mundo mientras y a la vez defiende el infanticidio eugenésico. Aceprensa nos facilita esta información:



Jacobi parte de la noticia de que el filósofo australiano Peter Singer, profesor de bioética en la Universidad de Princeton, acaba de publicar un libro titulado The Life You Can Save (“La vida que puedes salvar”). En él, Singer sostiene que los ciudadanos del mundo occidental tienen en su mano el poder para erradicar la pobreza en el Tercer Mundo a través de donaciones a organizaciones caritativas en vez de gastar en caprichos.

“Estáis dejando que muera un niño, un niño que podríais haber salvado”, afirma en su libro. Mientras, el autor australiano predica con el ejemplo, y asegura en una reciente entrevista en el The Wall Street Journal que entrega un tercio de sus ingresos a Oxfam y otras organizaciones. Reconoce que son pocos los que pueden llegar a donar tanto, pero cree que la mayoría podría aportar entre el uno y el cinco por ciento de sus ingresos para erradicar los problemas de indigencia.

Pero, como señala Jacobi, Singer no salvaría de la muerte a cualquier niño. El filósofo dio una muestra de su conocida postura eugenésica en unas declaraciones de 2004 a The Independent. Allí afirmaba que debería ser legal matar a los niños con discapacidades graves. “Por supuesto, el infanticidio debe ser excepcional y estrictamente controlado de forma legal –matizó–, pero no se debería excluir, como no se excluye el aborto”. Concretamente, Singer propone un período de 28 días tras el nacimiento durante el cual se podría matar a los recién nacidos.

Jacobi apostilla: “Tal vez parezca extraño que una misma persona pueda ser un campeón de salvar vidas por medio de la filantropía y, a la vez, del infanticidio legalizado. Sin embargo, si la moralidad es simplemente una cuestión de opinión y de preferencia, si no hay un código ético supremo que prevalezca sobre cualquier sistema de valores que podamos idear para nosotros mismos, ¿por qué no valorar la vida de los pobres por encima de la vida de los discapacitados?”

17.3.09

Claves de la acción internacional de la Santa Sede

Para comprender la postura católica ante las relaciones entre religión y política hay que entender que existe una autonomía entre la esfera civil y la eclesiástica, pero nunca entre la esfera política y la moral. Monseñor Pietro Parolin explicó estas y otras cuestiones en una conferencia sobre la acción internacional de la Santa Sede. La Agencia Zenit lo resumía así:


"La dignidad del hombre y su dimensión trascendente son la razón de la existencia y de la misión internacional de una autoridad moral soberana independiente de los Estados, como es la Santa Sede"



Autoridad espiritual universal independiente

«La Iglesia católica es la única institución religiosa que puede acceder a relaciones diplomáticas y que se interesa en el derecho internacional mediante el sujeto internacional soberano de características singulares que es la Santa Sede».

Siguiendo sus palabras, una aproximación adecuada a la presencia internacional de la Santa Sede requiere tener presente que ésta no se puede identificar simplemente con la Iglesia católica -como comunidad de creyentes- ni con el Estado de la Ciudad del Vaticano -punto geográfico de apoyo que asegura la libertad del romano pontífice--.

«La Santa Sede es el mismo Santo Padre en cuanto autoridad espiritual universal independiente junto con los organismos de la Curia Romana que colaboran con su misión» --definió--; es esta naturaleza «la que requiere la existencia de un verdadero estatuto internacional de tipo público» como «sujeto "sui iuris", que se da a sí mismo su organización jurídica y no la recibe del exterior, y como tal entra en relación con los demás estados».

Ello se concreta actualmente en relaciones diplomáticas con 176 estados, presencia en la ONU como Estado observador, miembro de siete organizaciones o agencias del sistema ONU y observador en otras ocho, aparte de su adhesión como país miembro observador en cinco organizaciones regionales.

Objetivo

La «tenaz» reivindicación de la propia personalidad internacional y la petición de la Santa Sede de intervenir en los debates políticos internacionales para ofrecer su contribución están lejos de un interés específico en salvaguardar la propia independencia, subrayó monseñor Pietro Parolin.

Si la Santa Sede desea situarse como «interlocutor independiente de los Estados y expresar un juicio autorizado sobre los problemas que afectan a sus vidas» es porque «considera que representa una dimensión del hombre que, aún determinante en la vida de los pueblos, no entra plenamente bajo la jurisdicción de los Estados ni se agota en ella»; «existe algo que va más allá del elemento material», puntualizó.

La clave está en la dignidad del hombre: es anterior a la existencia del Estado y su respeto es el termómetro de la legitimidad y justicia de cualquier norma legal. Y «tal dignidad del individuo tiene como elemento esencial su dimensión trascendente», de forma que «si el hombre no trascendiera la dimensión material, no habría razones suficientes para que el respeto de su dignidad estuviera por encima de conveniencias nacionales», constató monseñor Parolin.

Así que «tal anterioridad e independencia de la dignidad del individuo, y más concretamente su dimensión trascendente, es la justificación última de la existencia de una autoridad moral soberana independiente de los Estados», y «en consecuencia la Santa Sede, en su actividad internacional», «sin interferir en el ámbito y responsabilidad propia de los Estados, se propone la tutela de la persona humana y de la libertad religiosa», confirmó.

En este punto monseñor Parolin citó a Juan Pablo II, quien en 2001, hablando a los futuros diplomáticos de la Pontificia Academia Eclesiástica, decía urge sobre todo la defensa del hombre y de la imagen de Dios que existe en él. (Ver texto completo)

14.3.09

La guerra

Breve y agudo, como siempre, el comentario de Josep Ignasi Saranyana del pasado mes de febrero en La Vanguardia (Barcelona):


Refiriéndose a la guerra en Gaza, la reciente ganadora del Nadal ha comentado: "¿Qué les parecería si el ejército español bombardease Euskadi, porque allí hay comandos de Eta emboscados?". Una hábil condena, sin duda, de la guerra de Palestina, que tantos rechazamos. Mucho me admira que Maruja Torres haya apoyado su opinión en un argumento de tanto impacto. Y me pregunto: ¿valen las opiniones sólo por su argumentación? He aquí un tema de un interés casi metafísico.

Nuestro contexto cultural distingue entre ética (donde la conciencia se abre al bien y a la verdad), y libertad individual (que no admite una verdad, si no está debidamente argumentada). Por ello, la firmeza de las convicciones éticas debe conjugarse con la contingencia de las soluciones prácticas. Nadie queda hoy excusado de dar razones específicas que puedan convencer. Pocas veces, en efecto, bastará el mero enunciado de la verdad. Se piden respuestas culturalmente eficaces, que se hagan cargo de la parte de verdad encerrada en la otra posición, aunque ésta se considere errónea.

La guerra del próximo oriente constituye un ejemplo de lo que aquí se pretende mostrar. Hay razones éticas considerables para condenar la guerra (¿habrá que recordar aquí la desoída advertencia de Juan Pablo II, antes de la campaña en el Irak?). Pero no basta tener la razón: hay que argumentar que en este caso el terrorismo exige una guerra, o, por el contrario, que en este mismo caso el terrorismo no justifica una guerra.

Dejemos ahora este asunto de Palestina y vayamos a una cuestión más general, de especial actualidad. Los creyentes no estamos excusados de argumentar nuestras convicciones morales y éticas de modo eficaz. Para ello es preciso conocer muy bien las corrientes de opinión. Hay que saber argumentar la verdad de modo convincente y culturalmente eficaz. Esto vale para todos los debates éticos contemporáneos, en los que la moral tenga algo que decir: la guerra, el aborto y la eutanasia, por ejemplo.

13.3.09

El golem

Cuenta una vieja leyenda medieval que un sabio rabino y su hijo consiguieron hacer un día un hombre vivo mediante una combinación de letras y vocablos cabalísticos.

Este hombre creado por el hombre, el “gólem”, llevaba escritas en la frente las letras hebreas con las que se había descifrado el secreto de la creación: “Yaveh es la verdad”. El gólem se arrancó una de aquellas letras y entonces la inscripción pasó a decir “Dios está muerto”. El rabino y su hijo quedaron horrorizados, ante lo que el gólem afirmó: “mi vida es la muerte de Dios. Si el hombre tiene todo el poder, Dios no tiene ninguno”

Jorge Luis Borges, tras leer un libro de Scholem que hablaba del tema, impresionado compuso sobre ello uno de sus mejores poemas, donde aúna lo patético y lo humorístico:

“El golem –dirá Borges- es al hombre que lo creó lo que el hombre es a Dios y es también lo que el poema es al poeta”

Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de 'rosa' está la rosa
y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dió a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo
"esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga."
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. '¿Cómo' (se dijo)
'pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?'

'¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?'

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

Frente a este desvarío podemos recordar el salmo 139: sólo Dios Creador conoce perfectamente a la criatura:

Señor, tú me examinas y me conoces,
Sabes cuando me siento y me levanto
Desde lejos penetras mis pensamientos.

12.3.09

La juventud, tiempo de esperanza

Texto del Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Juventud de este año, que se celebrará en ámbito diocesano el próximo domingo de Ramos y que hoy ha hecho público la Santa Sede.

"Hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo" (1 Tm 4,10)




En búsqueda de la "gran esperanza"

La experiencia demuestra que las cualidades personales y los bienes materiales no son suficientes para asegurar esa esperanza que el ánimo humano busca constantemente. Como he escrito en la citada Encíclica Spe salvi, la política, la ciencia, la técnica, la economía o cualquier otro recurso material por sí solos no son suficientes para ofrecer la gran esperanza a la que todos aspiramos. Esta esperanza "sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar" (n. 31). Por eso, una de las consecuencias principales del olvido de Dios es la desorientación que caracteriza nuestras sociedades, que se manifiesta en la soledad y la violencia, en la insatisfacción y en la pérdida de confianza, llegando incluso a la desesperación. Fuerte y clara es la llamada que nos llega de la Palabra de Dios: "Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien" (Jr 17,5-6).

La crisis de esperanza afecta más fácilmente a las nuevas generaciones que, en contextos socio-culturales faltos de certezas, de valores y puntos de referencia sólidos, tienen que afrontar dificultades que parecen superiores a sus fuerzas. Pienso, queridos jóvenes amigos, en tantos coetáneos vuestros heridos por la vida, condicionados por una inmadurez personal que es frecuentemente consecuencia de un vacío familiar, de opciones educativas permisivas y libertarias, y de experiencias negativas y traumáticas. Para algunos -y desgraciadamente no pocos-, la única salida posible es una huída alienante hacia comportamientos peligrosos y violentos, hacia la dependencia de drogas y alcohol, y hacia tantas otras formas de malestar juvenil. A pesar de todo, incluso en aquellos que se encuentran en situaciones penosas por haber seguido los consejos de "malos maestros", no se apaga el deseo del verdadero amor y de la auténtica felicidad. Pero ¿cómo anunciar la esperanza a estos jóvenes? Sabemos que el ser humano encuentra su verdadera realización sólo en Dios. Por tanto, el primer compromiso que nos atañe a todos es el de una nueva evangelización, que ayude a las nuevas generaciones a descubrir el rostro auténtico de Dios, que es Amor. A vosotros, queridos jóvenes, que buscáis una esperanza firme, os digo las mismas palabras que san Pablo dirigía a los cristianos perseguidos en la Roma de entonces: "El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo" (Rm 15,13). Durante este año jubilar dedicado al Apóstol de las gentes, con ocasión del segundo milenio de su nacimiento, aprendamos de él a ser testigos creíbles de la esperanza cristiana. (Ver texto completo)

11.3.09

Grandes pensadores: Nietzsche

Tomado de la obra de José Ramón Ayllón "Luces en la caverna".


Existe un feroz dragón llamado "tú debes", pero contra él arroja el superhombre las palabras "yo quiero"


Nietzsche representa a otra de las corrientes anti-hegelianas. Las generaciones que heredaron el optimismo de la Ilustración acabaron pronto en el desencanto. Comprobaron que las promesas de paz y prosperidad no se cumplieron, y que el sueño de felicidad universal siguió siendo un sueño, pues -como diría más tarde Camus- "los hombres mueren y no son felices". Entonces Marx, y luego Nietzsche, y luego Freud, sentaron en el banquillo a la diosa Razón y lanzaron contra ella la acusación de incompetencia e impostura. Nacieron así las filosofías de la sospecha, cuyo objetivo se centró en relevar a la razón de su función rectora y confiar a los resortes humanos irracionales las riendas de los destinos humanos.

Aspectos biográficos

Si Hume cortó las amarras con el deber, el propósito de Nietzsche (1844-1900) será firmar su partida de defunción. Es el gran profeta de la ética concebida como expresión de la autonomía total del individuo, el responsable de un tipo de conducta peligrosamente desvinculada. Con sus escritos llevó a cabo una gigantesca operación de demolición cultural, un desguace donde no dejó títere con cabeza. Su objetivo central fue la religión cristiana, pero de paso arremetió contra la Grecia clásica, el positivismo, el evolucionismo, la democracia, el Estado moderno y la música de Wagner. Su mención está justificada por su importancia en la configuración de la cultura del siglo XX. Voluntaria o involuntariamente, el pensamiento occidental es en gran medida nietzscheano. Como Sísifo, Nietzsche vivió condenado a soportar la carga de una enfermedad crónica y progresiva, que le llevó hasta la locura y la muerte prematura. Su obra se abre con una apasionada afirmación de la vida, dramática si se tiene en cuenta que es la proyección de la impotencia de un enfermo.

La vida es un valor que se afirma sin más lógica que su fuerza de surgimiento. Y el símbolo escogido es el dios griego Dionisos, exponente máximo de una civilización que se embriaga en los instintos vitales y planta cara a la incertidumbre del destino. Sin embargo, Nietzsche no toma como modelo la Grecia clásica de Pericles, Sócrates y Fidias. Habla de la época presocrática, instintiva y sensual, en la que todavía no habían triunfado la moderación, la medida y el equilibrio del dios Apolo.

El ataque al cristianismo ocupa un lugar privilegiado entre las obsesiones destructivas de Nietzsche, quizá como reacción contra la atmósfera pietista que respiró en su niñez. No se trata de una crítica académica sino de una oposición visceral: "Yo considero al cristianismo como la peor mentira de seducción que ha habido en la historia". Dios es "una objeción contra la vida", y "la fórmula para toda detracción de este mundo, para toda mentira del más allá". El cristianismo es la religión de la compasión, pero "cuando se tiene compasión se pierde fuerza. La compasión entorpece la ley del desarrollo, la selección natural; conserva lo que ya está dispuesto para el ocaso, opone resistencia en favor de los desheredados y de los condenados por la vida. La compasión es la praxis del nihilismo, y nada hay más malsano en nuestra malsana humanidad que la compasión cristiana".

Como observó Jaspers, para cada afirmación de Nietzsche podemos encontrar su contraria en sus mismas obras. De su fascinación por la figura de Cristo proceden estas palabras: "Cristo es el hombre más noble"; "Lo que dejó en herencia a los hombres fue el ejemplo de su vida: su comportamiento ante los jueces, los esbirros, los acusadores, y ante toda clase de calumnias y escarnios, su comportamiento en la cruz". "El símbolo de la cruz es el más sublime que haya existido jamás". Cristo fue un "espíritu libre", pero el Evangelio también "fue suspendido de la cruz" y murió con él: se tranformó en Iglesia, en odio y resentimiento contra todo lo noble y aristocrático.

A los treinta y cinco años, después de constantes problemas de salud, dimite de su cátedra de Filología Griega y se dedica a buscar por el sur de Europa descanso para su desequilibrada naturaleza. A los 39, su lucidez mental se extingue en Italia un 3 de enero. Moriría once años más tarde, en 1900, sin haber recobrado la razón. Y su fama empezó a extenderse por Europa hasta colocarle en los primeros puestos de la filosofía contemporánea. Por una cruel ironía del destino, lo que Nietzsche ofreció al mundo fue su propia tragedia de enfermo doliente en su exaltación del ansia de vivir. (Ver texto completo)

10.3.09

Vincent van Gogh, el genio póstumo

Hay personas que parecen destinadas a triunfar después de la muerte, Vincent van Gogh fue uno de ellos. Sólo vendió un cuadro de los 900 que pintó, pero en 1987 se pagaron 57 millones de dólares por los "Lirios". Murió desconocido para sus contemporáneos, y hoy su museo en Amsterdam recibe un millón y medio de visitantes por año, y el pintor es considerado como uno de los más influyenbtes en el siglo XX.


Su vida fue corta y turbulenta. Muere a los 47 años a consecuencia de un intento de suicidio. Sus restos mortales yacen fuera de su tierra que siempre añoró, en Auvers-sur-Oise, a 30 km de París, en la tumba más modesta imaginable. El texto de la lápida es mínimo: "Ici repose Vincent van Gogh. 1853-1890".

Pero hoy Vincent van Gogh es uno de los artistas más admirados del público, que acude en masa a contemplar sus cuadros. Girasoles, lirios y autorretratos se reproducen en corbatas, ceniceros, foulards, latas de galletas, dándonos la sensación de que ya conocemos su obra. Cualquier escala de la KLM en Amsterdam te obliga a dar una vuelta por el museo. Sus obras embolsan en subastas cantidades astronómicas y los frecuentes robos de sus cuadros son casi tan espectaculares como las ventas.

Autobiografía por correspondencia
Ningún artista ha dejado una fuente de documentación tan completa sobre sí mismo como Van Gogh lo hizo a través de la correspondencia dirigida fundamentalmente a su hermano Theo, pero también a otros amigos, artistas y familiares. El museo de Amsterdam custodia más de 800 cartas firmadas por Vincent de las 2.000 que escribió, 140 de ellas acompañadas de esbozos de la obra que le ocupaba en el momento de escribir. La esposa de su hermano Theo, Johanna, recogió cuidadosamente las cartas a la muerte de su marido, las hizo editar por primera vez en 1941 y enseguida se tradujeron a 21 idiomas (1). Como es sabido, Van Gogh escribía en la lengua del país donde se encontraba. Las originales están escritas, pues, en neerlandés, francés e inglés, en un estilo espontáneo cuya sintaxis deja mucho que desear. Por eso, tanto las transcripciones como las traducciones son siempre un compromiso lingüístico.
Las cartas de Van Gogh son una auténtica novela autobiográfica al estilo de la literatura del siglo XIX, además de formar un comentario exhaustivo a toda su obra. En ellas proyecta todo su ser, su amor por la naturaleza, por el paisaje de su Brabante natal y la Provenza en el sur de Francia. Escribe sobre sus grandes inquietudes religiosas, comenta con profunda compasión la pobreza de la población rural y de los mineros a quienes quiso sacar de aquella situación con su arte. Por su epistolario conocemos a sus grandes pintores favoritos: Rembrandt, por el sentimiento con el que pinta; Delacroix, por su teoría del uso del color; y Millet, a quien consideraba "fiel y orgulloso en su religión y en su arte", pobre como él y amigo de campesinos.

Angustias y expectativas
Pero quizá las cartas que más impresionan son aquellas en las que confiesa qué significa para él su vocación artística, o cuando confía a su hermano sus angustias o depresiones. Por ejemplo, sobre los cuadros del jardín del sanatorio psiquiátrico de Saint-Remy en el que se internó en 1889, escribe: "El último destello de un rayo de sol hace que el ocre se aclare hasta llegar a naranja. Entenderás que la combinación de rojo ocre, el verde oscurecido con gris y las líneas negras que marcan los contornos, provocan un sentimiento de angustia del que de vez en cuando padecen mis compañeros de fatigas. Además, el motivo del gran árbol herido por el rayo y la sonrisa enfermiza de la última flor de otoño, confirman de nuevo este sentimiento".

Esta apertura del alma habla al hombre de hoy, hace que la contemplación de sus cuadros no sea simplemente estética, ya que el conocimiento de su espíritu aporta un valor añadido. Se contempla de otro modo el "Sembrador con puesta de sol" si leemos en la carta a su hermano: "Todavía me encantan ciertos retazos del pasado, tengo un anhelo de infinito, cuyos símbolos son el sembrador y la gavilla de trigo".
Entre sus últimas obras se encuentran dos paisajes de campos de trigo que presagian el trágico final de su vida. Sobre ellos escribe a su hermano en junio de 1890: "Tan pronto como volví me puse a trabajar de nuevo, a pesar de que casi se me cae de los dedos el pincel. Son grandes espacios de mieses bajo unos cielos revueltos y no tenía que salirme mucho de mi camino para expresar mi tristeza, mi absoluta soledad". Murió unos días más tarde.

Genio de los colores
Citas de este tipo hacen que quien contempla sus cuadros piense, más allá de las imágenes, en el artista, en ese momento profundamente desdichado, pero en otras ocasiones lleno de expectativas y proyectos. Ejemplo de esto último es su llegada a Provenza o el proyecto de convertir la casa amarilla de Arlés en una colonia de artistas.
Su aportación más revolucionaria a la historia del arte fue el uso del color que da tanta fuerza a temas tan sencillos como pintó. Con ayuda de los contrastes complementarios, es decir, los tres colores primarios y poniendo al lado sus opuestos respectivos, buscó intensificar la percepción. Junto a esta técnica, su pincelada suelta, corta y vibrante, siguiendo la línea de la composición, es lo que da fuerza a su pintura.
Una fuerza que no se debilitaría con el paso del tiempo. De Camille-Jacob Pissarro, pintor impresionista una generación mayor que Van Gogh, pero que murió catorce años después que él, es la frase profética: "Cuando conocí a Vincent, inquieto, pelirrojo, con sus penetrantes ojos azules, siempre fumando en pipa y con un cuaderno debajo del brazo, pensé que o se volvería loco o nos superaría a todos. No sabía que ocurrirían las dos cosas".

9.3.09

la pobreza como problema moral

El cardenal Renato Raffaele Martino pronunció en Guadalajara, España, el pasado 20 de febrero de 2009 una interesante conferencia sobre "La erradicación de la pobreza y la Doctrina Social de la Iglesia"


Benedicto XVI, dedica su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año 2009, precisamente al tema del combate a la pobreza. Retoma y desarrolla lo que Juan Pablo II afirmó en su también Mensaje para esta Jornada, importante en la vida de la Iglesia y de la humanidad: «Se constata y se hace cada más grave en el mundo otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es más, poblaciones enteras viven hoy en condiciones de extrema pobreza. La desigualdad entre ricos y pobres se ha hecho más evidente, incluso en las naciones más desarrolladas económicamente. Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran número de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el auténtico y armónico progreso de la comunidad mundial».

También el Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI nos hace ver como la lucha contra la pobreza y la paz se reclaman mutua y constantemente en una fecunda circularidad que constituye uno de los presupuestos más estimulantes para dar cuerpo a un apropiado acercamiento cultural, social y político a las complejas cuestiones relacionadas con la realización de la paz en nuestro tiempo, marcado por el fenómeno de la globalización. Este fenómeno es profundizado por el Santo Padre que pone en evidencia su significado metodológico y de contenido, consintiendo así un acercamiento amplio y articulado al tema de la lucha contra la pobreza. El n. 2 del Mensaje, en efecto, se detiene para tratar ampliamente estos aspectos con la intención de dar un perfil a los rostros, múltiples y complementarios, de la pobreza actual. El Papa considera sobre todo el rol de las ciencias sociales en la medición de los fenómenos de la pobreza. Las ciencias sociales permiten adquirir datos particularmente de tipo cuantitativo, y si la pobreza fuera sólo de tipo material y cuantitativo, las ciencias sociales serían suficientes para iluminar sus características principales. Sin embargo, sabemos que no es así, y que existen pobrezas inmateriales que no son una consecuencia directa y automática de las pobrezas materiales. Dos ejemplos pueden ayudarnos a probarlo: En las así llamadas sociedades ricas y desarrolladas existen amplios fenómenos de pobreza relacional, moral y espiritual; muchas personas están alienadas y viven formas de malestar no obstante el bienestar económico general. Se trata del «subdesarrollo moral» y de las consecuencias negativas del «superdesarrollo» ; y en las llamadas sociedades «pobres», el crecimiento económico con frecuencia se ve frenado por impedimentos culturales, que no permiten un adecuado uso de los recursos. La pobreza material no explica nunca, por sí sola, las pobrezas inmateriales, más bien es verdad lo contrario. (Ver texto completo)

7.3.09

El director ‘Slumdog Millionaire’ se declara católico

El director británico Danny Boyle que ha recibido el Oscar como Mejor Director por Slumdog Millionaire ha señalado la influencia que ha tenido en la película su formación católica. La película que arrasó en los Oscar al llevarse 8 estatuillas entre las que está la de Mejor Película explica una historia de los suburbios indios. El oscarizado director ha manifestado recientemente que se considera católico “aunque no estricto, pero sí, tengo fe”. Boyle dice creer en la providencia ya que “nos pasan cosas que no se explican científicamente”, y añade: “de hecho, el destino y la providencia tuvieron su papel en la propia realización de la película”.
El director de Trainspotting (1996) afirma que “lo verdaderamente importante es respetar la vida y a mar a los demás”. También ve diferencias entre la India y la cultura occidental: “Si alguien es muy mayor para trabajar, lo cuidan (en la India). Allí no entienden por qué en Occidente no cuidamos a los ancianos”. Boyle dice haber intentado que en Slumdog Millionaire se observaran “las fuerzas contrapuestas” del “consumismo frente a lo espiritual del hombre”.

Danny Boyle debutó en el cine en 1994 con Tumba abierta a la que seguiría la exitosa historia antidrogas Trainspotting (1996), La Playa (2000), 28 días después (2002) y la comedia mágico-religiosa Millones (2002), entre otras. Slumdog Millionaire arrasó con ocho estatuillas de las diez a las que optaba en la noche de los Oscar. El filme que trata de la pobreza en los arrabales de Bombay a través de la historia de un niño que participa en un programa de televisión, se llevó los premios a la Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Banda Sonora Original, Mejor Guión Adaptado y Mejor Montaje; así como los de Mejor Sonido, Mejor Canción y Mejor Fotografía. La película está realizada íntegramente con actores indios de Hollywood y sin grandes cifras económicas.

6.3.09

Ciudadanía y cristianía

El pasado 27 de febrero de 2009 Olegario González de Cardedal publicó un artículo en el diario ABC bastante clarificador. Utilizaba un neologismo: "cristianía" para designar el ser cristiano en conciencia y libertad, la personalización de la fe por cada creyente además del hecho histórico o dogmático del cristianismo; y del hecho comunitario de la cristiandad o iglesia.


Entre los cambios recientes de España está la relación entre cristianismo y sociedad. La aconfesionalidad del Estado, la ley de libertad religiosa y la aparición de otros grupos culturales o religiosos no cristianos invitan a repensar esa relación en los aspectos teóricos y en las realizaciones prácticas. Ante torbellinos de ambigüedades y complicidades es esencial definir y diferenciar sociedad, Estado, gobierno. Lo primero son los ciudadanos que expresan de formas diversas su voluntad y la primera responsabilidad de un gobierno es el reconocimiento de esa voluntad de los ciudadanos.

Una tarea primordial es la de clarificar la relación entre ser ciudadano y ser religioso; entre ciudadanía y cristianía. Digo cristianía para designar el ser cristiano en conciencia y libertad, la personalización de la fe por cada creyente además del hecho histórico o dogmático del cristianismo; y del hecho comunitario de la cristiandad o iglesia. No hay un modelo de ciudadanía que el Estado o el gobierno tengan el derecho de imponer y a partir del cual juzgar y valorar a los miembros de la sociedad. Esa fue siempre la pretensión del absolutismo. Esto significa que la primera categoría de la que hay que partir es la de libertad de los ciudadanos, que configuran su vida personal, su ciudadanía y su participación política desde las propias convicciones. No se les puede imponer ni privilegiar un modelo de ciudadanía sino que cada uno debe decidir la suya. Ese es el sentido del «atrévete a saber» de la Ilustración.

En el punto de partida de la comprensión de la ciudadanía no puede estar ninguna categoría política, ideológica o religiosa sino sencillamente la libertad del ciudadano. La categoría primera es la libertad positiva no la laicidad negativa. En algunos medios hispánicos se parte hoy del hecho de que la dimensión religiosa de la existencia es algo adveniente y secundario respecto de la vida humana verdadera, que habría que justificar, ya que lo único natural sería la increencia. Esta tendría la primacía, y ante ella tendría que defenderse y legitimarse el creyente. Tal actitud es una negación de la libertad democrática. Un Estado realmente aconfesional no puede otorgar primacía a la comprensión atea o agnóstica, obligando a la comprensión religiosa a medirse y traducirse en los términos de aquella. Tal falta de simetría entre el creyente y el no creyente es una violencia, que ningún Gobierno democrático puede ejercer.

Creer o no creer son dos implantaciones radicales y primarias en la existencia. Ninguna de las dos tiene primacía o plusvalía civil. Cuando una de ellas se erige en juez que dicta a la otra sus deberes, está ejerciendo violencia social o institucional. Las propuestas cristianas son a veces rechazadas hoy con la afirmación de que son religiosas y de que en una sociedad aconfesional lo religioso no cuenta. Tal afirmación implica tres presupuestos falsos, con los cuales se está intimidando a los cristianos.

El primero consiste en considerar a la religión como resto arcaico, fase superada de la historia humana o, lo que es peor, una neurosis infantil, un platonismo para el pueblo ignorante, una alienación de la vida humana. Aquí tenemos alquitarada la crítica moderna de la religión desde Feuerbach, Marx y Nietzsche hasta Freud, servida en platos ligeros por los Onfray hispánicos de turno. Ahora bien, la religión no es una fase de la historia sino una estructura de la conciencia, generada por una razón ejercida en libertad y, a su vez, generadora de libertad y de conciencia crítica. Vivida en autenticidad crea ciudadanos responsables y solidarios, creadores de realidades históricas y no solo de esperanza escatológica.

El segundo presupuesto es que en una sociedad democrática la religión es un asunto exclusivamente privado, sin relevancia pública. Esto no es verdad. La religión, como todo lo personal, es vivida por ciudadanos en el ejercicio de su libertad, en privado y en público, en el orden social y en el político, que ni imponen ni se dejan imponer. Reclamar que rayen de su conciencia y expresión pública su condición de cristianos a la hora de pensar, votar y decidir políticamente, es la expresión más incisiva de una negación de derechos humanos fundamentales.

El tercer presupuesto es que la religión es fundamentalismo, y que en la historia ha sido la fuente de males, negación de libertad y causa de muerte. Frente a la fe, la razón ilustrada aparece como la gran inocente y liberadora. La primera sería signo de Inquisición, la segunda de Liberación. ¿Por qué no nos preguntamos por los 150 millones de muertos en las guerras de Europa desde 1914 hasta la de los Balcanes? ¿Las ha inspirado la religión o una razón moderna, que se absolutiza a sí misma, negando todo límite al poder del hombre? G. Steiner ha preguntado cómo responde la Ilustración a esos millones, caídos dice él, «A la sombra de las luces».

La razón moderna tiene también que hacer memoria de sus víctimas, confesar sus culpas, dejando de exculparse a sí misma y de inculpar a los demás. No es buen camino hacia la paz buscar siempre un culpable, convirtiendo al otro en verdugo para hacernos nosotros las víctimas. Benedicto XVI ha hecho lema de su ministerio instaurar públicamente alianza entre Ilustración y Evangelio y sería bello que también quienes se saben hijos sólo de la Ilustración dejaran de esperar el fin de la religión. Kant afirmaba: «Una religión que sin escrúpulos declara la guerra a la razón a la larga no se sostendrá contra ella». La inversa vale igualmente: «Una razón que sin escrúpulos declara la guerra a la religión a la larga no se sostendrá contra ella».

5.3.09

Benedicto XVI y la crisis

Benedicto XVI en una Audiencia a la administración de Roma, provincia y región del Lazio (12. 1. 09) afirmaba:


"No hay duda de que la comunidad mundial está atravesando un tiempo de una grave crisis económica, pero que está ligada con otra crisis estructural, cultural, de valores"

Si realizar las políticas económicas y sociales adecuadas es deber del Estado, la Iglesia, a la luz de su doctrina social, está llamada a hacer su aportación estimulando la reflexión y formando las conciencias de los fieles y de todos los ciudadanos de buena voluntad. Quizás nunca como ahora la sociedad civil comprende que sólo con estilos de vida inspirados en la sobriedad, en la solidaridad y en la responsabilidad, es posible construir una sociedad más justa y un futuro mejor para todos. Es parte de su deber institucional el que los poderes públicos garanticen a todos los habitantes sus propios derechos, teniendo en consideración que los deberes de cada uno estén claramente definidos y realmente llevados a cabo. De ahí que la prioridad inderogable sea la formación en el respeto de las normas, en la asunción de las propias responsabilidades, en una actitud de vida que reduzca el individualismo y la defensa de los intereses partidistas, para tender juntos al bien de todos, prestando particular atención a las expectativas de los sujetos más débiles de la población, no considerándolos como un peso sino como un recurso que valorar.

Desde esta óptica, con una intuición que quisiera llamar profética, la Iglesia desde hace años concentra sus esfuerzos en el tema de la educación. Deseo expresar gratitud por la colaboración que se ha instaurado entre vuestras administraciones y las comunidades eclesiales en los oratorios (actividades educativas parroquiales, ndt.) y la construcción de nuevas parroquias en los barrios desprovistos de ellos. Confío que en el futuro este apoyo mutuo, en el respeto de las competencias recíprocas, se consolide aún más, teniendo presente que las estructuras eclesiales, en el corazón de un barrio, además de permitir el ejercicio del derecho fundamental de la persona humana que es la libertad religiosa, son en realidad centros de encuentro y de formación en los valores de la sociedad, de la convivencia pacífica, de la fraternidad y de la paz.

¡Cómo no pensar especialmente en los adolescentes y en los jóvenes, que son nuestro futuro? Cada vez que la noticias refieren episodios de violencia juvenil, cada vez que la prensa relata accidentes de carretera donde mueren tantos jóvenes, me vuelve a la mente el argumento de la urgencia educativa, que requiere hoy la más amplia colaboración posible. Se debilitan, especialmente entre las jóvenes generaciones, los valores humanos y cristianos que dan sentido al vivir cotidiano y que forman una visión de la vida abierta a la esperanza; surgen en cambio deseos efímeros y esperanzas no duraderas, que al final general aburrimiento y fracasos. Todo esto tiene como final nefasto la afirmación de tendencias a banalizar el valor de la propia vida para refugiarse en la transgresión, en la droga y en el alcohol, que para algunos se ha convertido en el rito habitual del fin de semana. Incluso el amor tiende a reducirse a "una simple cosa que se puede comprar y vender" e "hasta el hombre mismo se convierte en mercancía" (Deus caritas est, 5). Ante el nihilismo que prevalece de forma creciente en el mundo juvenil, la Iglesia invita a todos a dedicarse seriamente a los jóvenes, a no dejarles a merced de sí mismos y expuestos a la escuela de "malos maestros", sino a comprometerles en iniciativas serias, que les permitan comprender el valor de la vida en una familia estable, fundada en el matrimonio. Sólo así se les dará la posibilidad de proyectar con confianza su propio futuro. En cuanto a la comunidad eclesial, debe estar cada vez más disponible para ayudar a las nuevas generaciones de Roma y del Lazio a proyectar de forma responsable el mañana. Ésta les propone sobre todo el amor de Cristo, el único que puede ofrecer respuestas que satisfagan los interrogantes más profundos de nuestro corazón.

Permítaseme finalmente una breve consideración relativa al mundo de la sanidad. Sé bien cuán ardua es la tarea de asegurar a todos una asistencia sanitaria adecuada en el campo de las enfermedades físicas y psíquicas, y qué grande es el gasto que soportar. También en este campo, como en el escolar, la comunidad eclesial, heredera de una larga tradición de asistencia a los enfermos, continúa prestando con muchos sacrificios sus actividades a través de hospitales y lugares de curación inspirados en los principios evangélicos.

3.3.09

No existe un matar bueno

Propuestas como la de legalización de la eutanasia invocan el derecho a una "muerte digna", argumento menos novedoso de lo que se cree. Pero si se trata de consagrar el principio de autodeterminación por encima de todo, cualquier criterio de racionalidad que establezca condiciones será una limitación insostenible. El conocido filósofo alemán Robert Spaemann analiza esta cuestión en un ensayo recogido en su libro “Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar”. Ofrecemos una selección de párrafos del capítulo dedicado a la eutanasia.


En primer lugar tenemos que habérnoslas con la situación demográfica de los países industrializados occidentales. Históricamente no tiene precedentes. Mientras que el progreso de la medicina ha llevado a que cada vez más personas alcancen una edad más y más avanzada, los creadores de opinión difunden desde hace tres décadas un estilo de vida en virtud del cual esas personas mayores cada vez tienen menos jóvenes que las sustenten. La píldora anticonceptiva ha favorecido esta evolución. Además, el llamado contrato generacional no se concibió como un contrato de tres generaciones, sino por desgracia como un contrato de dos generaciones, de manera que privilegia económicamente a aquellos que prefieren que en la vejez los mantengan los hijos de otros. Era de esperar que estos hijos, llegado el momento, no estarían entusiasmados con la idea.

Goebbles y la "muerte a petición"
Se acerca este momento. (...) No es que en este contexto la situación demográfica aparezca como argumento y se recomiende la eutanasia como su solución. Eso sería contraproducente. Es sólo de manera latente como ese contexto produce todo su efecto. Tampoco los psiquiatras del Tercer Reich que ejecutaron el criminal programa de eutanasia ofrecían argumentos sociopolíticos, sino que argumentaban desde el punto de vista de los "bien entendidos" intereses vitales del individuo. La "vida que no merece ser vivida" significaba también en el uso que entonces se hacía del lenguaje aquella vida que para aquel que tiene que vivirla no posee ya valor. Y la película Yo acuso, con la que Joseph Goebbles trataba de provocar la aceptación del programa de aniquilamiento, difundía simplemente la "muerte a petición", viendo en ella una droga que servía para engancharse. El homicidio debía aparecer como un acto de amor y de compasión, como ayuda a un "morir humanamente digno".

La película, con relación a los objetivos marcados, estaba magníficamente hecha. Las objeciones del ethos médico son presentadas con gran rigor por un personaje que despierta simpatía, de tal manera que su cambio de convicciones produce todavía mayor impresión. Y, naturalmente, tampoco podía faltar el sacerdote, que se aparta de su papel tradicional de predicador de la disposición al sufrimiento con el argumento de que Dios ha dotado al hombre de razón para que haga uso de ella. (...)

Estar bien, ¿meta suprema?
Dos factores fortalecen hoy la reclamación de legalizar la eutanasia. En primer lugar, el enorme aumento de las posibilidades de prolongar la vida mediante aparatos. (...) La decisión de no hacer uso de estos medios o de dejar de usarlos en algún momento parece equivalente a matar por omisión, sobre todo si el paso de la acción a la omisión sólo puede llevarse a cabo mediante una nueva acción, por ejemplo desconectando una máquina. Pero puesto que una decisión así resulta a menudo plausible, y en ocasiones sencillamente inevitable, es natural que se pregunte en qué se diferencian entonces tal omisión y la "ayuda activa a morir". ¿Qué diferencia hay –se pregunta Peter Singer– entre que una madre ahogue a su hijo con una almohada o lo deje morir de sed? Ahí se supone que dejar morir de sed y renunciar a la conexión a una máquina de respiración artificial es el mismo tipo de omisión sólo porque ambos llevan a la muerte.

El otro y decisivo factor descansa en una tendencia fundamental de la civilización occidental que considera, por una parte, que divertirse, o al menos sentirse bien, es la meta suprema del hombre, y por otra que el deber moral supremo es optimizar el mundo mediante el aumento de la cantidad de sentimientos agradables. (...) El sufrimiento ha de ser eliminado a cualquier precio. Y cuando no puede ser eliminado de otra forma que mediante la eliminación del que sufre, esto último es lo indicado. (Ver texto completo)

2.3.09

Joaquin Sabina - noches de boda

Interesante canción del inefable Sabina




Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo te pille bailando,


Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.

Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.

que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.
Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina.

1.3.09

La fe de Chillida

Reproducimos unas palabras de Eduardo Chillida tomados de su libro “Escritos” (Madrid, 2005):


Creo en Dios. Tengo fe. Dios me la dio. La razón quiso quitármela en muchas ocasiones, pero no lo consiguió. Más bien me ayudó a continuarla, ya que gracias a ella supe que la razón tiene límites, y que por lo tanto hay espacios a los que la razón no llega.

Cómo es posible que no haya Dios existiendo el amanecer y la confianza en los ojos de los niños. Cómo es posible que no haya Dios existiendo el azul, el amarillo y el viento (...) Cómo es posible sin Dios el amor, la mar y la tormenta.