29.3.10

Mujeres invisibles

Claudio Martínez Möckel nos recuerda un problema que está por resolver:


María trabaja en una tienda de ropa. Tiene 28 años, un trabajo y un novio. Se siente afortunada porque tiene un trabajo. El horario es de diez de la mañana a ocho y media de la tarde, de lunes a sábado.

Está pensando en tener un hijo, porque “no quiero que se me pase el arroz”, pero por otro lado está aterrada de quedarse embarazada. Si su jefe se entera, la pone de patitas en la calle, con una indemnización ridícula. A su jefe le conviene que sea mujer, joven y guapa. Así vende más. Pero lo que le conviene de verdad es que siga así muchos años. Que no ascienda en la empresa, que no sea madre porque pediría jornada partida, ¿y que pasaría entonces con las otras empleadas? Vaya ejemplo. Un caos.

No ha cambiado casi nada. La lucha por la igualdad empezó en plena Revolución Francesa, cuando Olympe Marie de Gouges fue guillotinada por atreverse a pedir que la Declaración de los Derechos del hombre se aplicara también a las mujeres. A mitad del siglo XIX, Concepción Arenal accedió a las aulas de Derecho de la Complutense vestida de hombre, para poder estudiar esa licenciatura. En 1931, Clara Campoamor, para lograr el derecho al sufragio femenino, renunció expresamente a su condición de mujer: “Señoras y señores diputados: yo antes que mujer soy ciudadano”.

Y así llegamos hasta hoy, rodeados de leyes que defienden a la mujer, pero que en la práctica no han cambiado la organización de la vida profesional y social en absoluto, porque tratan a las mujeres 'de a pie' como si no fueran madres, y a los hombres como si no tuvieran obligaciones familiares, impidiendo un cambio de mentalidad a pie de calle. Para esas obligaciones, piensan algunos ya está esa ONG llamada 'Abuelos Sin Fronteras'.

La solución que se le da a María es la de ampliar sus derechos reproductivos para abortar y de negarle en la práctica un "derecho reproductivo muy reaccionario": su derecho a la maternidad. El que María pueda ser madre perturba demasiado la tranquilidad del complejo comercial-industrial capitalista, causa tensiones en la oferta de mano de obra barata, y claro, eso va contra la productividad, el empleo y no sé cuantas cosas más.

3 comentarios:

j.a.varela dijo...

María, para que no se te pase el arroz, antes tendrás que convencer a tu novio de casarse. ¿Lo habías pensado? Y eso se dice fácil, pero tienes que decidir que quieres hacer con tu vida y eso implica síes y nóes. Y compromisos.Y rezar para que si ya se te pasó el arroz no te pillen los de la fivet. Uy, que te la han puesto difícil! Pero triunfaréis, si Dios quiere y siempre quiere.

maria dijo...

Les voy a comentar lo que me pasó a mi en lo personal ( hace años ya) .... estaba a meses de casarme y me entrevistaron en un estudio jurídico para llenar vacante ... el dueño me contaba con orgullo que su hija se iba a casar y que le gustaría varios nietos ... luego el interrogatorio y como soy y lo digo todo le conté que me iba a casar ... eso no le gustó y me comentó que no quería a nadie embarazado en su oficina ( qué contradicción) y que no le gustaban las mujeres por el tema de los embarazos.
No me quedó otra que pararme sin antes decirle :" Pues habrá nacido Ud. directamente de una probeta o de una mujer ???"

Papathoma dijo...

Por si algún empresario lee estas líneas, cuento el caso de una de la más joven de mis primas: trabaja desde hace años en ZARA. Ha tenido tres hijos -los dos primeros muy seguidos-. Pensó que la echarían, pero no: tuvo su permiso de maternidad...Y LA POSIBILIDAD DE TENER JORNADA REDUCIDA durante un tiempo. Por si fuera poco, la trasladaron a otra tienda de la misma cadena...que le quedaba a 5 minutos de su casa. Ni que decir tiene que ella es una buena profesional y parece que esta empresa sí valora l que importa. Ah, también es joven, dulce y muy guapa.