
La respuesta apunta a hacia lo más íntimo del “ser desiderativo” que es la persona. Quizá tengamos razón, posiblemente sea una obligación revelarse ante la tarea inacabada del amor. Por eso me ha conmovido esta cita de Delibes que encuentro en el blog de un amigo:
“Es algo que suele suceder con los muertos: lamentar no haberles dicho a tiempo cuánto los amabas, lo necesarios que te eran. (…) un día adviertes que aquel que te ayudó a ser quien eres se ha ido de tu lado y, entonces, te dueles inútilmente de tu ingratitud. (“Señora de rojo sobre fondo gris”).
No. Nunca me resignaré. Creo que tengo motivos sobrados para no mirar el final con resignación.
1 comentarios:
Aunque a Dn Enrique Monasterio no le guste mucho " la amada inmóvil" del poeta mexicano AMADO NERVO, él traduce en su poesía su dolor profundo frente a la pérdida de su señora ... es conmovedor leer y darse cuenta cómo la amaba ... no se si la ingratuitud lo que más duele o la lejanía de esa amor tan querido
Mi secreto
¿Mi secreto? ¡Es tan triste! Estoy perdido
de amores por un ser desaparecido,
por un alma liberta,
que diez años fue mía, y que se ha ido...
¿Mi secreto? Te lo diré al oído:
¡Estoy enamorado de una muerta!
¿Comprendes -tú que buscas los visibles
transportes, las reales, las tangibles
caricias de la hembra, que se plasma
a todos tus deseos invencibles-
ese imposible de los imposibles
de adorar a un fantasma?
¡Pues tal mi vida es y tal ha sido
y será!
Si por mí sólo ha latido
su noble corazón, hoy mudo y yerto,
¿he de mostrarme desagradecido
y olvidarla, no más porque ha partido
y dejarla, no más porque se ha muerto?
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