24.9.10

Una pregunta inevitable

Los ateos piensan que Dios no existe. Los agnósticos dicen que Dios no habla. Los creyentes creen que Dios no calla.


¿Por qué nos preguntamos necesariamente sobre Dios?
José Ramón Ayllón nos da siete respuestas:

En primer lugar, porque nos gustaría descifrar el misterio de nuestro origen y saber quiénes somos. Dice Borges, en tres versos magníficos: Para mí soy un ansia y un arcano, / Una isla de magia y de temores, / Como lo son, tal vez, todos los hombres.

En segundo lugar, porque desconocemos el origen del Universo y porque su misma existencia escapa a cualquier explicación científica. Afirma Stephen Hawking que la ciencia, aunque algún día llegue a contestar todas nuestras preguntas, jamás podrá responder a la más importante: Por qué el Universo se ha tomado la molestia de existir.

En tercer lugar, porque el Universo es una gigantesca huella. De hecho, aunque está claro que Dios no entra por los ojos, tenemos de él la misma evidencia racional que nos permite ver detrás de una vasija al alfarero, detrás de un edificio al constructor, detrás de un cuadro al pintor, detrás de una novela al escritor. El mundo -con sus luces, colores y volúmenes- no es problemático porque haya ciegos que no pueden verlo. El problema no es el mundo, sino la ceguera. Con Dios sucede algo parecido, y no es lógico dudar de su existencia porque algunos no le vean.

En cuarto lugar, nos preguntamos sobre Dios porque estamos hechos para el bien, como atestigua constantemente nuestra conciencia. En la tumba de Kant están escritas estas palabras suyas: «Dos cosas hay en el mundo que me llenan de admiración: el cielo estrellado fuera de mí y el orden moral dentro de mí».

En quinto lugar, porque estamos hechos para la justicia. El absurdo que supone, tantas veces, el triunfo insoportable de la injusticia está pidiendo un Juez Supremo que tenga la última palabra. Sócrates dijo que, «si la muerte acaba con todo, sería ventajoso para los malos».

En sexto lugar, porque advertimos que también estamos hechos para la belleza, para el amor, para la felicidad. Y al mismo tiempo comprobamos que nada de lo que nos rodea puede calmar esa sed. Pedro Salinas ha escrito que los besos y las caricias se equivocan siempre: no acaban donde dicen, no dan lo que prometen. Platón se atreve a decir, en una de sus intuiciones más geniales, que el Ser Sagrado tiembla en el ser querido y que el amor provocado por la hermosura corporal es la llamada de otro mundo para despertarnos, desperezarnos y rescatarnos de la caverna donde vivimos.

En séptimo lugar, buscamos a Dios porque vemos morir a nuestros seres queridos y sabemos que nosotros también vamos a morir. Ante la muerte de su hijo Jorge, Ernesto Sábato escribía: «En este atardecer de 1998, continúo escuchando la música que él amaba, aguardando con infinita esperanza el momento de reencontrarnos en ese otro mundo, en ese mundo que quizá, quizá exista».

8 comentarios:

Señora dijo...

Algunos pensamos que Dios está siempre "en medio" de todo. Sólo es cuestión de verlo con un sentido que yo no sé como se llama, pero que existe. Debe de ser el séptimo sentido.

Me gusta su expresión de facebook, tan reflexiva y cabal.

Anónimo dijo...

Todo lo que relata se enuentra de una gran falacia, es inmoral, filosóficamente hablando, que combine frases de personajes que ni siquieran cristianos para elaborar su falso disurso que parece muy bonito pero que esconde odio, rencor e intolerancia. Es incomprensible que para su discurso use frases de Kant (pietista), Platón o Sócrates que ni siquieran conocieron el cristianismo. Además, el antropocentrismo es la ideología más destructora que ha conocido nuestra Madre Tierra, la Pachamama como era llamado en las civilizaciones precolombinas, en pro de la humanidad se matan animales para la alimentación, para el ocio o para la experimentación. Deje de lado su hipocresía egocéntrica barata y enfrente la realidad del hoy, de nuestro mundo.
Le saluda atentamente,
un ateo vegetariano renacido.

Vicente Huerta dijo...

Sinceramente no logro ver el odio, rencor e intolerancia del que habla el comentarista anónimo por ningún lado.

Además el hecho de que autores no cristianos hablen de Dios lo considero una prueba a favor, no en contra, de las tesis que se mantienen en el "post".

Pollo con almendras dijo...

Estuve fuera un tiempo y alejado del blog... por eso te la comento tan tarde.
Realmente ha sido un placer leerla.
¡Muchas gracias!

Anónimo dijo...

Que puñado de sandeces! Te falta la octava: Para que los pederastas puedan protegerse unos a otros.

Vicente Huerta dijo...

Seguramente entre los ateos no debe haber pederastras. Lo malo es que el comentarista anónimo no creo que pueda demostrarlo. Sólo puede mostrar sus prejuicios.

Javier dijo...

Padre, podría consignar la cita de Platón, para poder citarlo yo a la vez en mis propios escritos ... desde ya muchas gracias

Vicente Huerta dijo...

Javier, lo siento pero no tengo la referencia exacta. Puedes preguntar al autor del texto: José Ramón Ayllón