31.1.10

Buscar la verdad

De pequeña me decían: ¿Por qué no vas a jugar en vez de hacer preguntas más grandes que tú? Pero yo quería la verdad. Quería la verdad de mi vida y en mi vida. Quería una verdad que me hiciese comprender también la verdad de todas las demás vidas. Después, cuando crecí, me dijeron que la verdad no existía o, mejor dicho, que existían tantas como hombres hay en el mundo, y que buscar la verdad era una pretensión infantil, ingenua e inútil (Susanna Tamaro).


José Ramón Ayllón nos ofrece estas reflexiones sobre la búsqueda de la verdad:


La duda, la opinión y la certeza

¿Qué hace bueno el diagnóstico de un médico? ¿Qué hace buenas la decisión de un árbitro y la sentencia de un juez? Sólo esto: la verdad. Por eso, una vida digna sólo se puede sostener sobre el respeto a la verdad. Pero conocer la verdad no es fácil. De hecho, la credibilidad que otorgamos a nuestros propios conocimientos admite tres grados: la duda, la opinión y la certeza. En la duda fluctuamos entre la afirmación y la negación de una determinada proposición. Por encima de la duda está la opinión: adhesión a una proposición sin excluir la posibilidad de que sea falsa. El hombre se ve obligado a opinar porque la limitación de su conocimiento le impide alcanzar a menudo la certeza: puede llover o no llover, puedo morir antes o después de cumplir setenta años. La libertad humana es otro claro factor de incertidumbre: hablar sobre la configuración futura de la sociedad o de nuestra propia vida, es entrar de lleno en el terreno de lo opinable. Lo cual no significa que todas las opiniones valgan lo mismo. Si así fuera, se ha dicho maliciosamente que habría que tener muy en cuenta la opinión de los tontos, pues son mayoría. Séneca aconsejaba que las opiniones no debían ser contadas sino pesadas.

Llamamos escéptico al que niega toda posibilidad de ir más allá de la opinión. Por tanto, el escepticismo es la postura que niega la capacidad humana para alcanzar la verdad. La palabra procede del griego sképtomai, que significa examinar, observar detenidamente, indagar. En sentido filosófico, escepticismo es la actitud del que reflexiona y concluye que nada se puede afirmar con certeza, por lo que más vale refugiarse en la abstención de todo juicio. Por fortuna, no todo es opinable. Lo que se conoce de forma inequívoca no es opinable sino cierto. Y no se debe tomar lo cierto como opinable, ni viceversa: no puedes opinar que la Tierra es mayor que la Luna, ni asegurar con certeza que la república es la mejor forma de gobierno.

La certeza se fundamenta en la evidencia, y la evidencia no es otra cosa que la presencia patente de la realidad. La evidencia es mediata cuando no se da en la conclusión sino en los pasos que conducen a ella: no conozco a los padres de Antonio, pero la existencia de Antonio evidencia la de sus padres, la hace necesaria. La existencia de Antonio, al que veo todos los días, es para mí una certeza inmediata; la existencia actual o pasada de sus padres, a los que nunca he visto, también me resulta evidente, pero con una evidencia no directa sino mediata, que me viene por medio de su hijo.

La condición limitada del hombre hace que la mayoría de sus conocimientos no se realicen de forma inmediata. Son pocos los hombres que han visto las moléculas, los fondos marinos, la estratosfera o Madagascar. La mayoría de los hombres tampoco han visto jamás, ni verán nunca, a Julio César o a Carlomagno. Sin embargo, conocen con certeza la existencia de esas y otras muchas personas y realidades. Su certeza se apoya en un tipo de evidencia mediata: la proporcionada por un conjunto unánime de testigos. En un caso, la comunidad científica; en otro, las imágenes de todos los medios de comunicación; y si se trata de hechos o personajes del pasado, los testimonios elocuentes de la historia y de la arqueología.

Estas evidencias mediatas se apoyan no en propios razonamientos sino en segundas o terceras personas. Si no admitiéramos su valor, si no creyéramos a nadie, nuestros padres no podrían educarnos, la ciencia no progresaría, no existiría la enseñanza, leer no tendría sentido... Es decir, si sólo concediésemos valor a lo conocido por uno mismo, la vida social, además de estar integrada por individuos ignorantes, sería imposible. Por tanto, es necesario y razonable dar crédito, creer.

¿Puede tener certeza quien cree? Sabemos que la certeza nace de la evidencia. ¿Qué evidencia se le ofrece al que cree? Sólo una: la de la credibilidad del testigo. El que no ha estado en América cree en los que sí han estado y atestiguan su existencia. El que nunca ha visto a Hitler cree a los que sí lo vieron. Y antes que Hitler, Napoleón, el Cid o Nerón. En todos estos casos es evidente la credibilidad de los testigos. Y entre esos casos debemos incluir los que dan origen a algunas creencias religiosas. Por eso, la fe -creer el testimonio de alguien- es una exigencia racional, y su exclusión es una reducción arbitraria de las posibilidades humanas. (Ver texto completo)

28.1.10

10 películas recientes


Como cada año, el profesor Peio Sánchez, director del Departamento de Cine del Arzobispado de Barcelona, España, ofrece su valoración de las diez mejores películas desde el punto de vista espiritual. Peio Sánchez afirma que, al hacer este elenco, lo presenta “como un material válido para la recuperación educativa y pastoral a través del dvd”. “Nos parece hoy imprescindible –añade- elegir bien lo que vemos para ser mejores personas. Y creemos que este tipo de cine invita a profundizar en los grandes interrogantes, propone una mirada abierta al misterio de Dios y provoca a ser buena gente”.

1. Gran Torino (2008) Clint Eastwood
“En Gran Torino, Clint Eastwood ha sabido contar una historia sencilla como una enorme fuerza dramática planteando temas espirituales de calado como el sentido del perdón, la redención como sacrificio o el camino de conversión. Y desde el punto de vista cristiano no solamente presenta una imagen positiva de la Iglesia representada en el padre Janovich sino que también ofrece una poderosa imagen crística en las decisiones finales del protagonista”.

2. Amazing Grace (2006) Michael Apted
“Este homenaje a William Wiberforce --un parlamentario de la Cámara de los Comunes, que dedicó, desde su juventud, su actividad política a la lucha contra la esclavitud y las injusticias sociales- se presenta con una magnífica puesta en escena y una serie de actuaciones excepcionales. Marcada profundamente por la perspectiva social cristiana es una película imprescindible para conocer la fuerza ética del Evangelio y su herencia en nuestra cultura”.

3. Katyn (2007) Andrzej Wajda
“Sobrecogedora película del maestro polaco Andrezej Wajda. Este testamento fílmico trata del genocidio de Katyn perpetrado por el comunismo soviético en 1940 y que afectó personalmente al director ya que su padre era uno de los 20.000 oficiales y ciudadanos polacos asesinados. Narrada desde la perspectiva de los supervivientes, especialmente mujeres, es un himno a la reconciliación desde la memoria que busca la verdad. La fe católica se muestra con intensidad en distintos momentos pero de forma más contundente en los últimos minutos”.

4. Slumdog Millionaire (2008) Danny Boyle
“El director Danny Boyle, de formación y convicciones cristianas, ha sabido contar una dura historia sobre la superación desde la miseria hasta la victoria. Narrada como un cuento de hadas, sigue la historia de tres muchachos que nacen en las barracas de Calcuta, y como desde el protagonista de Jamal verán como triunfa la bondad y el amor más allá de la injusticia y la violencia. La historia nos presenta una intriga que mueve al espectador a la esperanza y que invita a reconocer la presencia de la Providencia que acompaña los acontecimientos respetando la libertad pero alentando la bondad”.

5. The Visitor (2007) Thomas McCarthy
“Es la historia de una visita de gracia en la que se ve envuelto un oscuro profesor universitario, genialmente interpretado por Richard Jenkins, que tras quedar viudo vive en el sinsentido y al que le cambiará la vida su encuentro con Tarek. Este sirio que lleva la percusión en su corazón representa la alegría y las ganas de vivir que faltan al protagonista. En este itinerario de transformación veremos como crece en él la sensibilidad y el compromiso, la capacidad de amar y el ejercicio responsable de la libertad. Una película que además es un grito contra la injusticia de las leyes de inmigración”.

6. La caja de Pandora (2008) Yesim Ustaoglu.
“La enfermedad de Alzheimer de la abuela abrirá la caja de Pandora de una familia que vive en la orilla de la infelicidad. Como si una maldición cayera sobre ellos, cuando la anciana, una genial Tsilla Chelton de 89 años, desaparece de casa. Con esta fuga comienza un periplo hacia la verdad que les implicará a todos ellos, cuando han de acudir a una aldea de montaña en la costa del Mar Negro. La lucidez de la demencia no logrará doblegar el desvarío de los instalados en la comodidad o en el fracaso; pero sí logrará mover a los que sienten que la vida va mucho más allá y que siempre están dispuestos a subir a una montaña, aunque ya la fuerzas sean escasas. Una alianza donde los más viejos transmiten la esperanza a los más jóvenes”.

7. Despedidas (2008) Yojiro Takita
“Daigo, un violonchelista en paro, descubre su vocación cuando abandona Tokio con Mika, su mujer, y acude a la ciudad y casa donde vivió su infancia. Un proceso lento y sorprendente le convertirá en un especialista en el nôkan, ritual mortuorio japonés que supone una rememoración del difunto desde el acto de embalsamamiento. En su aprendizaje se irán cruzando una serie de historias de reconciliación de los vivos con los muertos e irá, poco a poco, abriendo su propia historia a un camino de pacificación. La película nos permite contemplar la muerte con una perspectiva distinta”.

8. El curioso caso de Benjamin Burtton (2008) de David Fincher
“Basada en una novela de F. Scott Fitzgerald trata de la vida singular de Benjamín: un extraño bebé que nace siendo anciano y que con el paso del tiempo terminará convirtiéndose en un bebé. Este extraño personaje que tendrá un cuerpo que crece a la inversa que su espíritu nos ofrecerá a un personaje que madura de una forma distinta y que también tendrá que amar a Daisy -su fiel y verdadero único amor-, de una forma distinta aunque no por ello imposible”.

9. El erizo (2009) Mona Achache
“Adaptación del famoso libro de Muriel Barbery ‘La elegancia del erizo’ y que supone el primer largometraje de la directora francesa Mona Achache. Basada en el contraste de dos personajes: por una parte, una niña con un rico e inteligente mundo interior; por otra parte, la portera del número 7 de la calle Grenelle, una mujer descuidada y un tanto huraña. Pero ambas tendrán un secreto que saldrá a la luz con la llegada de Kakuro Ozu, un elegante viudo japonés. Esta revelación servirá de disculpa para comprender el secreto profundo de las personas y cómo a veces lo esencial no está en las apariencias”.

10. Frozen River (2008) de Courtney Hunt
“Historia sobre la resistencia y la amistad de dos mujeres que comienzan enfrentadas pero que tramarán un profundo lazo de solidaridad que tiene como origen común una maternidad trascendida y el deseo de amar incluso por encima de sus fuerzas.
Dirigida por Courtney Hunt, presenta a los personajes con gran veracidad. La dureza y la desolación a la que nos enfrentan las imágenes nos permitirá encontrar en el alma de las protagonistas una generosidad desmedida que devuelve la confianza en el ser humano incluso en las situaciones de soledad y límite a las que se enfrentan”.

27.1.10

Internet y los sacerdotes

Con motivo de la fiesta de San Francisco de Sales, Patrono de los periodistas el Santo Padre en su "mensaje para la Jornada de las Comunicaciones Sociales se refiere expresamente a El sacerdote y la pastoral en el mundo digital


Y, entre otras cosas, escribe:

"Los nuevos medios ofrecen sobre todo a los presbíteros perspectivas pastorales siempre nuevas y sin fronteras, que lo invitan a valorar la dimensión universal de la Iglesia para una comunión amplia y concreta; a ser testigos en el mundo actual de la vida renovada que surge de la escucha del Evangelio de Jesús, el Hijo eterno que ha habitado entre nosotros para salvarnos. No hay que olvidar, sin embargo, que la fecundidad del ministerio sacerdotal deriva sobre todo de Cristo, al que encontramos y escuchamos en la oración; al que anunciamos con la predicación y el testimonio de la vida; al que conocemos, amamos y celebramos en los sacramentos, sobre todo en el de la Santa Eucaristía y la Reconciliación.

Queridos sacerdotes, os renuevo la invitación a asumir con sabiduría las oportunidades específicas que ofrece la moderna comunicación. Que el Señor os convierta en apasionados anunciadores de la Buena Noticia, también en la nueva "ágora" que han dado a luz los nuevos medios de comunicación.

26.1.10

El gusto por la belleza

Alberto Fijo nos recomienda la lectura del libro de Rohmer, maestro del cine francés recientemente fallecido:


Hermoso y certero título para un libro recopilatorio que agrupa críticas del veterano cineasta, publicadas a lo largo de 30 años en diversos medios franceses (La Revue du Cinéma, Combat, Les Temps modernes, La nouvelle revue francaise, Cahiers du Cinéma). La talla cultural de este incansable casamentero de palabras e imágenes queda al descubierto en estas páginas, que impulsan al disfrute primerizo o reincidente de jardines tan interesantes como La rodilla de Claire o La marquesa de O.

Nacido Jean-Marie Scherer el 4 de Abril de 1920, en Nancy, Rohmer fue profesor y luego periodista y editor. Jefe de redacción (1957-1963) en Cahiers du Cinema, rueda cortometrajes en los 50. A la vez que Goddard y Truffaut, estrena en 1959 su primer largo Le signe du lion, que produce Claude Chabrol. Con Mi noche con Maud (1968) se gana el aplauso de la crítica internacional. La marquesa de O (1976) y Perceval le Gallois (1978) son muestras del dinamismo innovador de Rohmer, que en los 80 afronta su segunda serie de filmes (7), bautizada Comedias y proverbios.

La tercera de sus series temáticas, Cuentos de las cuatro estaciones, ofrece una exquisita depuración en el verano y el otoño. Estructurado en cuatro capítulos, se abre el libro con una entrevista realizada en 1979 al director de La inglesa y el duque (ver crítica en www.filasiete.com), que tiene el interés de hacernos llegar la postura de un consagrado Rohmer sobre sus escritos de la época de la famosa política de autores. En este sentido, Rohmer aclaró a Narboni que su percepción se modificó sobre todo en lo tocante a su valoración del resto de las artes, ya que en un principio, y según su propia definición, él era un aficionado del cine que no veía más allá de eso y pensaba que las demás artes morirían de un momento a otro y serían reemplazadas por éste. En realidad su propia carrera como director cinematográfico indica la variación de esta postura, ya que tal vez se trate del director de la "Nouvelle Vague" más emparentado con el teatro, la pintura, la música y la literatura.

No en vano Rohmer, que fue profesor de literatura, tiene un libro recientemente editado sobre música titulado Ensayo sobre la noción de profundidad en la música. De Mozart a Beethoven. La época clásica del cine es el capítulo inicial de El gusto por la belleza y reúne artículos que sondean cuestiones estéticas como el espacio y el tiempo, el uso de la palabra, el color y algunas opiniones sobre vanguardias y clasicismo. Por un cine impuro, la segunda parte, alude a la exhortación lanzada por André Bazin y se detiene en las relaciones entre literatura y cine, con atención especial a la adaptación. En el capítulo tercero, Política de los autores, Rohmer ensalza el genio de Rossellini, Hawks, Hitchcock, Cukor y Welles. En el tramo final, el cine de Jean Renoir es el protagonista absoluto. Rohmer escribe sus mejores páginas buceando en la obra del autor de El río, "el menos teatral de los cineastas, el que va más lejos en la crítica del teatro, y al mismo tiempo, el más cercano al teatro".

25.1.10

En defensa de Benedicto XVI

En la edición de ayer EL País publicó un artículo de BERNARD-HENRI LÉVY defendiendo a Benedicto XVI que merece la pena destacar:


"Habría que dejarse de tanta mala fe, de tantos prejuicios y, para no callarme nada, de tanta desinformación cuando se habla de Benedicto XVI"


Desde el momento de su elección, el Papa, que ha retomado de forma irrevocable el diálogo judeocatólico, ha sido víctima de un juicio mediático y ha sufrido la continua manipulación de sus textos

Nada más resultar elegido, el Papa ya fue objeto de un verdadero proceso mediático en el que se le tachaba machaconamente de "ultraconservador" (como si un Papa pudiera ser otra cosa que "conservador"). Luego vinieron las insistentes alusiones, cuando no las bromas pesadas, al "Papa alemán" y al "posnazi" con sotana, al que, ni cortos ni perezosos, los guiñoles de la tele apodaban Adolf II (y eso porque, como todos los niños y adolescentes de su edad, fue enrolado en las juventudes del régimen).

Más tarde le llegó el turno a la manipulación de los textos pura y dura. Por ejemplo, a propósito de su viaje a Auschwitz en 2006, hubo quien pretendió, y a medida que pasa el tiempo y los recuerdos se vuelven más vagos hay quien sigue pretendiendo -y repitiendo igual de machaconamente-, que el Papa se habría referido a los seis millones de muertos polacos como a víctimas de una simple "banda de criminales", sin precisar que la mitad de ellos eran judíos (en este caso, el infundio es apabullante, pues, en realidad, aquel día, Benedicto XVI habló de los "jerarcas del III Reich" que intentaron "aplastar" al "pueblo judío" y borrarlo de la faz de la Tierra -Le Monde del 30 de mayo de 2006-).

Y ahora, tras una visita a la sinagoga de Roma -a la que precedieron otras dos a las de Colonia y Nueva York-, la guinda la ha puesto el mismo coro de desinformadores, que esta vez ni siquiera ha esperado a que el Pontífice cruzara el Tíber para anunciar, urbi et orbi, que ni ha encontrado las palabras apropiadas, ni ha hecho los gestos adecuados, y, por tanto, ha fracasado...

24.1.10

Hamlet

Magnífio monólogo de Hamlet, ACTO IV - Kenneth Branagh en castellano

23.1.10

La unión hace la vida

Ramiro Pellitero nos comenta su visión de los 100 años de ecumenismo


Hace años entablé amistad, corta pero intensa, con un sacerdote ortodoxo, profesor universitario. Vino para un congreso a la Universidad de Navarra. Estuvo sólo tres días. Charlamos, rezamos, comimos y paseamos juntos. Traía algunos prejuicios que me comentó, y que –como suele suceder– se desmontaron solos al comprobar que no eran gigantes, sino sólo molinos de viento, ciertas ideas que se había forjado (o que había recibido) acerca de los peligros de involucrarse con católicos, sobre todo si eran españoles...

El segundo día me enseñó la fotografía de su familia, fotografía que le bendije como expresión de afecto. El último día, cuando esperábamos para facturar su equipaje en el aeropuerto, se volvió hacia mí para despedirse, con los brazos bien abiertos: “Por fin he comprendido –me dijo con voz entrecortada– el significado de la palabra hermanos”. Al abrazarlo, yo también abracé a un hermano con el que me unía una real amistad. Uno y otro sólo habíamos conversado, a veces largos ratos, compartiendo afanes e ideales que nos unían y comprendiendo el alcance de los puntos de vista en que divergíamos. Fue para ambos una enseñanza vivida de ecumenismo.

Con frecuencia, desde entonces, he pensado que los católicos podemos aprender de nuestros hermanos bautizados en otras Iglesias o comunidades eclesiales; su amistad, su sinceridad, y también su vivencia de la fe quizá en medio de muchas dificultades, son lecciones, a veces magistrales, para vivir nuestra identidad cristiana. Me venía este sucedido a la mente ahora que se cumplen 100 años del comienzo del Movimiento ecuménico en Edimburgo, 1910, donde se reunieron los delegados de sociedades misioneras anglicanas y protestantes. El octavario para la unidad de los cristianos tiene este año como tema: “Vosotros sois testigos de todas estas cosas” (cf. Lc 24, 46-48), y como protagonistas destacados, por razones obvias, los cristianos escoceses. La celebración del centenario tendrá lugar el próximo mes de junio bajo el lema: “Testimoniar a Cristo hoy”. Desde los años sesenta se han empeñado en impulsar la unidad de los cristianos tanto por vía teológica, como por medio de la colaboración en distintos planos (educativo, cultural, etc.), como también en la denuncia de las injusticias sociales. Una de sus iniciativas ha sido, por ejemplo, la denominada “Pastores de calle”: personas disponibles para ayudar en cualquier necesidad, grande o pequeña, en medio de las ciudades.

sigue leyendo


Ramiro Pellitero nos comenta su visión de los 100 años de ecumenismo


Hace años entablé amistad, corta pero intensa, con un sacerdote ortodoxo, profesor universitario. Vino para un congreso a la Universidad de Navarra. Estuvo sólo tres días. Charlamos, rezamos, comimos y paseamos juntos. Traía algunos prejuicios que me comentó, y que –como suele suceder– se desmontaron solos al comprobar que no eran gigantes, sino sólo molinos de viento, ciertas ideas que se había forjado (o que había recibido) acerca de los peligros de involucrarse con católicos, sobre todo si eran españoles...

El segundo día me enseñó la fotografía de su familia, fotografía que le bendije como expresión de afecto. El último día, cuando esperábamos para facturar su equipaje en el aeropuerto, se volvió hacia mí para despedirse, con los brazos bien abiertos: “Por fin he comprendido –me dijo con voz entrecortada– el significado de la palabra hermanos”. Al abrazarlo, yo también abracé a un hermano con el que me unía una real amistad. Uno y otro sólo habíamos conversado, a veces largos ratos, compartiendo afanes e ideales que nos unían y comprendiendo el alcance de los puntos de vista en que divergíamos. Fue para ambos una enseñanza vivida de ecumenismo.

Con frecuencia, desde entonces, he pensado que los católicos podemos aprender de nuestros hermanos bautizados en otras Iglesias o comunidades eclesiales; su amistad, su sinceridad, y también su vivencia de la fe quizá en medio de muchas dificultades, son lecciones, a veces magistrales, para vivir nuestra identidad cristiana. Me venía este sucedido a la mente ahora que se cumplen 100 años del comienzo del Movimiento ecuménico en Edimburgo, 1910, donde se reunieron los delegados de sociedades misioneras anglicanas y protestantes. El octavario para la unidad de los cristianos tiene este año como tema: “Vosotros sois testigos de todas estas cosas” (cf. Lc 24, 46-48), y como protagonistas destacados, por razones obvias, los cristianos escoceses. La celebración del centenario tendrá lugar el próximo mes de junio bajo el lema: “Testimoniar a Cristo hoy”. Desde los años sesenta se han empeñado en impulsar la unidad de los cristianos tanto por vía teológica, como por medio de la colaboración en distintos planos (educativo, cultural, etc.), como también en la denuncia de las injusticias sociales. Una de sus iniciativas ha sido, por ejemplo, la denominada “Pastores de calle”: personas disponibles para ayudar en cualquier necesidad, grande o pequeña, en medio de las ciudades.

En nuestra perspectiva, la tarea ecuménica está integrada en la Misión de la Iglesia por varios motivos. El motivo más inmediato viene determinado por una razón histórica o de hecho: el Movimiento ecuménico nació y se desarrolló en los ámbitos de los movimientos misioneros juveniles protestantes del s. XIX. Esta raíz misionera del Movimiento ecuménico (puesto en marcha por personas que tenían una indudable preocupación misionera y social) se comprobó en 1910 en Edimburgo. Allí se dio una fuerte toma de conciencia del drama y escándalo de la separación de los cristianos, precisamente en el ámbito de la misión y de la evangelización: Cristo predicó el Evangelio y las Iglesias cristianas no deberían predicar cada una “un” evangelio distinto ni fragmentario.
En tercer lugar, y por una razón aún de más peso, la promoción de la unidad de los cristianos está integrada en la grande y única Misión de la Iglesia (llevar la humanidad a Dios): porque Cristo así lo quiso expresamente. Él afírmó que la unidad de los cristianos era condición de la eficacia en el cumplimiento de esa Misión o en su realización: “Que todos sean uno –pidió en su oración sacerdotal–; como Tú, Padre en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado”. Por tanto, la unidad de los cristianos tiene un modelo profundo y supremo que es la unidad de la Trinidad. Y tiene una finalidad durante la historia: “para que el mundo crea”; es decir, la finalidad de la misión. Además, compromete a todos y a cada uno de los cristianos.
De ahí se deriva un cuarto motivo –en parte ya indicado– de la relación entre Misión y ecumenismo: todos los cristianos somos responsables de extender el Evangelio, cada uno según sus circunstancias y, ante todo, testimoniando con su propia vida el amor de Cristo. Cabe resaltar que del cristiano se espera también la palabra que explique “las razones de su esperanza” (1 Pe 3, 15), los motivos de su conducta. En consecuencia, tanto para la evangelización como para el ecumenismo (que es hoy un aspecto esencial de la evangelización) se requiere una formación permanente. Una formación que renueve la conciencia en el cristiano de lo que Dios le encomienda al recibir la fe en el bautismo. Una formación que le capacite para dar “razón” de su fe.
Un nuevo motivo surge ante las necesidades de nuestro mundo. El compromiso misionero (o evangelizador) y el compromiso ecuménico van juntos porque –como suele decir Benedicto XVI– el testimonio fundamental que hemos de dar los cristianos, sobre todo hoy, es el de nuestra unidad. Por eso esta unidad es urgente y afecta a todos los cristianos.
Además de la oración por la unidad (núcleo del “ecumenismo espiritual” que es la parte más importante del ecumenismo), hay muchos modos de participar en el ecumenismo: agradecer a Dios la fe cristiana y profundizar en su estudio; subrayar –ya entre los mismos católicos y con los otros cristianos– “lo que une” sobre lo que separa; celebrar –participar en la misa–, confesar y compartir la fe con nuestros familiares y amigos; conocer, para comprender mejor, la historia y la cultura de otros cristianos (en el caso de los católicos, apreciando la comunión, aunque imperfecta, que tenemos con los hermanos separados).
Hoy la gran Misión cristiana –todo cristiano es misionero, dice Camino (cf. n. 848), aunque no se llame misionero, por no tener ese encargo oficial de la Iglesia–, como también el ecumenismo, se plantean en un marco multicultural e interreligioso. Este contexto proporciona a la vez motivos de esperanza (más posibilidades de enriquecimiento y comunicación) y de riesgos (peligros de relativismo y secularismo). Por eso, conviene conocer y vivir bien la propia fe, y al mismo tiempo tener un corazón grande para comprender y vivir lo que significa la palabra "hermanos".
La unión hace la fuerza, según un dicho con frecuencia atribuido a Esopo. Aquí se podría decir con más profundidad: la unión hace la Vida.

Ramiro Pellitero,
Instituto Superior de Ciencias Religiosas,
Universidad de Navarra

22.1.10

Cristianismo y laicidad



Aceprensa selecciona algunos párrafos del libro de Martin Rhonheimer, Cristianismo y laicidad:


El concepto político de laicidad

La esencia de lo que denomino “concepto político de laicidad” puede definirse como la exclusión de la esfera política y jurídica pública de toda normatividad que haga referencia a una “verdad” religiosa –justamente en cuanto verdad-; lo que trae consigo la neutralidad e indiferencia pública respecto a cualquier pretensión de verdad en materia religiosa. En materia de religión, un Estado laico no utiliza criterios de verdad, sino que trata a las religiones aplicando criterios de justicia política, que incluyen imparcialidad y neutralidad (p.115-116).


La coexistencia entre la Iglesia y el Estado laico

Más que introducirse en el Estado constitucional democrático, sometiéndose a la lógica de su organización política y jurídica, la Iglesia quiere coexistir con ese Estado, conservando su propia identidad, su libertad organizativa y su independencia. (…) Ahora bien, esa “coexistencia” con el Estado laico y esa presencia pública independiente no puede implicar una especie de interferencia con las instituciones estatales o incluso de oposición a su legitimidad. Es más, si la Iglesia actúa en la vida pública y ejerce, conforme a su autocomprensión, la tarea de maestra de humanidad y de moralidad, debe hacerlo siempre en pleno respeto a las normas del Estado laico, al que ella misma reconoce como un “valor adquirido” que “pertenece al patrimonio de civilización alcanzado” en la sociedad moderna. (…)

A fin de evitar cualquier “hipertrofia magisterial”, la Iglesia debe tomar conciencia una y otra vez de su específica misión y de su finalidad sobrenatural, limitándose a intervenir en aquello que, en la perspectiva de la dignidad del hombre y de su destino eterno, sea para ella realmente “innegociable” (p. 143-144).


Iglesia libre en Estado libre

El Estado –esto es, el proceso político– debe hallarse libre de constricciones institucionales por parte de la Iglesia. Y esta última ha de reconocer una libertad política que no está vinculada a formas de coerción dictadas por el poder espiritual de la Iglesia o de cualquier otra instancia religiosa.

En sentido inverso, la Iglesia debe gozar de la libertad de decir lo que considere oportuno a quienes ostentan el poder y a los ciudadanos, que en las democracias modernas son también ostentadores del poder. De esta forma, la Iglesia, con la autoridad que le es propia, ejerce un influjo en las conciencias de los ciudadanos. Cierto es que, en una democracia moderna, esa palabra influyente puede constituir un auténtico poder, pero no de tipo coercitivo, sino moral y cultural. Dicho poder sólo puede negárselo a la Iglesia un Estado que quiera erigirse en fuente última de valor, rectitud y justicia, por erigir en valor absoluto la relatividad y disponibilidad política de todos los valores y no tolerar junto a él ninguna voz capaz de relativizar su pretensión (p. 161).

(Ver texto completo)

20.1.10

La sonrisa de África

Ismael Martínez y la Fundación Schola muestran otra mirada sobre África en un homenaje al reportero polaco Ryszard Kapuscinski



explicación del autor:

19.1.10

La condición de persona

Otro certero artículo de LLuis Foix:

Ante una situación que niegue la condición de persona, en presencia de lo inhumano, la razón y las leyes son a menudo agentes pequeños, incluso ridículos. Ya sé que vivimos en una sociedad individualista en la que el "otro" puede quedar postergado si estorba.

He recibido una carta anónima en la que se me dice que "no le dé más vueltas, muchos de esos inmigrantes quieren reconquistar Al Andalus y quien no lo quiera ver, peor para todos". Usted, señor Lluís, empieza el anónimo, "tiene la suerte de vivir en un barrio donde no hay prácticamente inmigrantes de bajo nivel. En su escalera no se celebran Ramadanes ni se matan corderos con el ritual islámico.

Ciertamente, no he experimentado en mi escalera lo que me cuenta el anónimo. Pero puedo asegurar que en mi barrio viven muchos inmigrantes que trabajan, hacen faenas que sólo ellos quieren hacer, se preocupan de sus familias enviándoles dinero y cumplen sus obligaciones. ¿Quién pasea a nuestros mayores por las calles? ¿quién les cuida?

He sostenido con frecuencia que la inmigración es más una oportunidad que un problema. Por dos motivos: porque ha corregido el crecimiento demográfico casi negativo y ha contribuido al crecimiento económico y social en Cataluña hasta que llegó la crisis de 2008. La crisis también se nota en los flujos inmigratorios hasta el punto que las estadísticas de 2008 señalan una fuerte caída del crecimiento demográfico en España.

No pretendo dar lecciones sobre cómo tratar la integración de tantos sobrevenidos en tan poco tiempo. Ni tampoco minimizar el roce de culturas, religiones, y etnias. Sí me interesa señalar que el mestizaje no tiene por qué ser negativo para el futuro de una sociedad. Los casos de Estados Unidos y Brasil avalan esta afirmación. En Estados Unidos hay ocho millones de ilegales. En Brasil no sé cuántos hay pero el mosaico humano de los brasileños es fruto de un formidable cruce de razas. En Francia el número de franceses de origen musulmán alcanza los cinco millones. El secretario general del Partido Socialista de Suecia nació en Turquía y llegó a Estocolmo a los 8 años.

Vic no es la ciudad con más inmigrantes de Cataluña aunque los extranjeros alcancen la cifra del 23 por ciento. Lo que está en discusión en Vic es si se puede admitir que haya personas sin que consten en ninguna parte y si se les puede negar las mínimas prestaciones en educación, sanidad y oportunidades. Pienso que no se les puede dejar a la intemperie.

Quiero hacer dos referencias. La primera aparece en el libro Notícia de Catalunya de Jaume Vicens Vives y dice que desde la época condal primeriza, de los siglos X al XII, "Vic fue poblado ex diversis locis et gentibus nomines colligentes: reuniendo hombres de diversas procedencias y razas. Y desde entonces el movimiento inmigratorio no ha cesado nunca".

18.1.10

Dios y el hombre

Este texto del Card. Joseph Ratzinger nos muestra cómo la dignidad humana se fundamenta en Dios:


La alta estima por la dignidad del hombre y el respeto a los derechos humanos del individuo son frutos de la fe en que Dios se ha hecho hombre. De ahí que la fe en Jesucristo sea el fundamento de todo verdadero progreso. Quien rechaza la fe en Jesucristo por un progreso supuestamente más alto renuncia al fundamento de la dignidad humana. Lo peculiar de la cultura cristiana se ha desarrollado a partir del humanismo cristiano, del humanismo del Dios hecho hombre. Todos los rasgos específicos de la cultura referida se pueden reducir, en el fondo, a la creencia en que Dios se hace hombre. Por eso, cuando se abandona esta creencia se disuelve (...).

La cultura cristiana no puede ser nunca una cultura exclusivamente del tener. No puedo poner nunca el valor supremo del hombre en la posesión y el gozo materiales. Ello no significa que desprecie lo material. El propio Hijo de Dios se ha hecho hombre: ha vivido en un cuerpo, ha resucitado con el cuerpo y se lo ha llevado consigo a la gloria celestial. Todo ello supone la más alta promesa para la materia que quepa pensar. Por eso, la cultura cristiana cuida de que el hombre pueda vivir con dignidad y de que obtenga la justa participación en los bienes materiales de la tierra. Mas el bien supremo del hombre no es la posesión material. En Occidente podemos apreciar cómo la adoración del consumo convierte al hombre en un ser privado de dignidad. El hombre sucumbe al egoísmo. Ahora bien, el desprecio de los demás hombres sigue casi necesariamente al desprecio de sí mismo. Cuando el hombre no espera nada más elevado que las cosas materiales, el mundo entero se vuelve para él tedioso y vacío. De ahí que en la cultura cristiana los valores morales tengan primacía sobre los materiales. Por lo mismo, dar gloria a Dios es para ella un valor público. Las grandes iglesias y las soberbias catedrales expresan el convencimiento de que la gloria a Dios es un bien público y común del hombre. De hecho, el hombre se honra a sí mismo precisamente dando gloria a Dios.

16.1.10

Ejemplo de fidelidad

María Isabel Egaña nos envía sta preciosa noticia: Abdullah y Elif Adigüzel tienen 112 y 110 años respectivamente y hace 90 años que están casados. Juntos vieron caer al Imperio Otomano y nacer nuevos países. Su máxima aspiración sigue siendo seguir unidos hasta la muerte.


"Nunca hemos tenido problemas durante 90 años. Sólo tenemos un último deseo: tenemos que morir juntos. Porque si uno de nosotros muere, el otro sentirá que ha perdido la mitad de sí mismo”,asegura el enamorado Adbullah, de 112 años.

Ankara (TURQUIA).- Llevan 90 años casados, tienen 112 y 110 años, juntos han visto caer al Imperio Otomano y nacer nuevos países y su máxima aspiración sigue siendo seguir unidos hasta la muerte.

Abdullah Adigüzel, nacido en 1898, y su esposa, Elif, nacida en 1900, se enamoraron en su juventud y aseguran no haber tenido ni un sólo problema matrimonial en toda una vida de convivencia. "Nos queremos mucho. Nunca hemos tenido problemas durante 90 años. Sólo tenemos un último deseo: tenemos que morir juntos. Porque si uno de nosotros muere, el otro sentirá que ha perdido la mitad de sí mismo”, explicó Elif a la agencia turca Anadolu.

El hijo más joven de la pareja, Ismail, de 60 años y que vive aún con ellos, asegura que sus padres son un “ejemplo de amor” y de "matrimonio perfecto”, no sólo para la familia sino para todo aquel que los conoce.

"Siempre han sido fieles a ellos mismos. Nunca he visto que se hiciesen daño el uno al otro. A menudo dicen que si uno de ellos muere, el otro le seguirá”, explica el hijo. Elif, mucho más habladora que su marido, afirma que se “casaron por amor”.

Un amor que tiene visos de continuar aún por mucho tiempo: “Mi marido no oye bien desde hace unos años, pero ése es el único problema de salud que tiene. En mis 110 años de vida, la única operación que he tenido ha sido de cataratas”, ha explicado Elif.

La mujer dio a luz diez hijos, de los que viven siete. La familia sigue aumentando y suma 113 miembros entre nietos y bisnietos y, cada año, en ocasiones especiales y durante las fiestas religiosas, todos se juntan en el pequeño pueblo de Yazibasi en la provincia oriental de Malatya, donde viven Elif y Abdullah.

El hombre cumplirá 113 años el próximo mes y conserva vivos recuerdos de los tiempos muy pasados. Tanto él como su mujer nacieron cuando su país era aún Imperio Otomano y juntos han vivido la caída de los sultanes, la fundación de la moderna República de Turquía y varias guerras.

Por ejemplo, Abdullah se acuerda perfectamente de la Primera Guerra Mundial y de cómo, unos años después, en 1920, hizo el servicio militar en los Dardanelos, y hubo de cavar nuevas trincheras donde aún permanecían vivos la destrucción de una de las batallas más sangrientas de la Primera Guerra Mundial. "Estoy muy feliz con mi mujer. Ambos nos hemos apoyado en todo a lo largo de nuestras vidas”, cuenta.

15.1.10

Síntomas totalitarios

En Suecia ha sido condenado un pastor protestante por manifestarse desde el púlpito contrario a los matrimonios homosexuales; en el sureste de Francia se ha prohibido al menos a cinco sacerdotes llevar sotana por «hacer ostentación» de su identidad religiosa.


El desafío que plantean estos casos no se refiere sólo a los cristianos o a los judíos, sino a cualquier ciudadano que defienda el librepensamiento y la pluralidad. Estamos llegando al extremo de que, so pretexto de defender la posibilidad de todos a profesar la propia verdad relativa, se está introduciendo de hecho un totalitarismo cultural que niega la libertad de conciencia, pensamiento y opinión. «Eres libre de pensar lo que quieras... siempre y cuando pienses lo mismo que yo» es la esencia del nuevo sistema. ¿Qué se ha hecho de ese lema de la Revolución Francesa que rezaba: «No coincido con tus ideas pero lucharé para que siempre puedas expresarlas»? Creyentes y no creyentes, gentes de izquierda y de derecha, todos estamos llamados en este momento a hacer nuestro este leitmotiv. De lo contrario puede ocurrirnos lo que Bertold Brecht denunció con respecto al nazismo: si persiguen a otros, si encarcelan a otros y pensamos que el problema no es nuestro tal vez nos sorprendamos el día menos pensado en la cárcel. No estamos libres del peligro de repetir los errores del pasado.

13.1.10

Georges Moustaki-Il y'avait un jardin



C'est une chanson pour les enfants
Qui naissent et qui vivent entre l'acier
Et le bitume entre le béton et l'asphalte
Et qui ne sauront peut-être jamais
Que la terre était un jardin

Il y avait un jardin qu'on appelait la terre
Il brillait au soleil comme un fruit défendu
Non ce n'était pas le paradis ni l'enfer
Ni rien de déjà vu ou déjà entendu...

Dios ha vuelto

Lluís Foix nos recomienda un libro:



Dos periodistas de prestigio acaban de publicar un libro inesperado. Lleva el título de God is back, Dios ha vuelto, con el subtítulo de "cómo el despertar global de la fe está cambiando el mundo". Sus autores son John Micklethwait, director del semanario The Economist, y Adrian Wooldridge, delegado de la publicación en Washington y asiduo columnista en la sección Lexington del semanario. El primero es católico y el segundo es ateo.

No es un libro estrictamente religioso pero trata de cómo la religión influye en la vida de los chinos, rusos, americanos, europeos y africanos. Los autores se apresuran a recordar que en el año 2000 publicaron un obituario de Dios al cumplirse veinte siglos de cristianismo.

Hacen un recorrido intelectual y político por el mundo observando cómo la religión cristiana y muy especialmente las denominaciones evangélicas y pentacostalistas norteamericanas han tenido y tienen una influencia muy remarcable en los comienzos de este siglo.

Recorren también el mundo musulmán, con sus divisiones religiosas de fondo y con el fermento de grupos minoritarios que han conseguido que el poder y la religión se identifiquen plenamente en países como Arabia Saudí, Egipto, Pakistán, Marruecos. La mezcla de estas dos realidades no ha conseguido alcanzar la modernidad como se puede comprobar en la mayoría de países. El libro contiene todo tipo de datos respecto a las creencias en el mundo de hoy y su impacto en la vida pública y privada de muchos países.

Estados Unidos estaría en primera línea. Pero también Rusia y Brasil. El escritor conservador George Will, columnista del Washington Post, ha dicho que es el "mejor libro político que se ha publicado en años". Quisiera ceñirme a un aspecto poco conocido para el gran público de hoy cuando los autores afirman que desde la Ilustración del siglo XVIII, el siglo de las luces, ha existido un cisma en el pensamiento occidental sobre las relaciones entre la religión y la modernidad.

El cisma se remonta a las dos revoluciones que han perdurado desde entonces: la europea y la norteamericana. Los europeos, en general, sostienen que la modernidad marginaría la religión, mientras que los norteamericanos permitieron que religión y poder pudieran cabalgar juntos. El debate es muy viejo. San Agustín fue quizás el primero en insistir en que razón y fe eran compatibles, idea que ha expresado sólo hace unas semanas el actual Papa.

Las revoluciones francesa y americana nacieron de la Ilustración. Jefferson, Adams y otros padres fundadores americanos convivieron en París con los ilustrados franceses que, desde Diderot a Voltaire, inspiraron intelectualmente la Revolución de 1789. En Francia, los revolucionarios despreciaron la religión como un instrumento del antiguo régimen insistiendo en que la Iglesia iba en contra del progreso, de la libertad y de la voluntad general que luego hemos conocido como democracia.

Los Federalistas americanos no fueron tan taxativos. Se limitaron a separar las Iglesias y el Estado para que cada cual recorriera su propio camino. Estas dos versiones de la modernidad, afirman los autores, han viajado separadas desde entonces. Y han tenido consecuencias divergentes.

Los más altos responsables de una publicación liberal como The Economist, consideran que en Estados Unidos no existía ninguna iglesia hegemónica con lo que fue más fácil que compartieran la democracia y el mercado. La mejor forma para sobrevivir era atraer fieles. Y lo hicieron de tal manera que las denominaciones religiosas se multiplicaron hasta el punto que alguien quiso fundar una iglesia que las uniera todas y lo que consiguió es sumar una más a la larga lista.

En Europa, observó Edmund Burke hace dos siglos, la religión significaba opresión o guerra, mientras que en Estados Unidos se convirtió en una fuente de libertad. La primera enmienda a la Constitución americana separa radicalmente las iglesias del Estado. No hay obispos en la Cámara Alta como en los Lores británicos ni tampoco un impuesto eclesiástico como en Alemania o un régimen concordatario como en España.

Pero la primera enmienda no niega a los creyentes de cualquier fe entrar en la vida pública. Cinco jueces del Tribunal Supremo son católicos y cinco senadores son mormones. De hecho, los dos grandes cambios sociales de los últimos dos siglos – la abolición de la esclavitud en el siglo XIX y el movimiento de los derechos civiles en el pasado siglo, tenían un fundamento religioso, un lenguaje espiritual que nació en los púlpitos de las iglesias.

Aconsejo la lectura del libro. Por las ideas que aporta, por los matices que introduce y por el rigor con que maneja los datos nacionales y globales.

12.1.10

Eric Rohmer

Nos ha dejado uno de los grandes autores del cine europeo. Uno de esos personajes que no sólo pasarán a la historia, sino que sus obras se convertirán en una fuente para conocer el pensamiento europeo del siglo XX.

Me limito a copiar las palabras del crítico Alvaro de la Rica:

"Ha muerto, a la edad de ochenta y nueve años, Eric Rhomer. He visto toda su obra. Varias veces. Y la volveré a ver, no una sino muchas veces más. Ya explicaré por qué. Ahora no puedo hablar. Su muerte, como la de Bergman, me afecta en lo más profundo de mi ser; tampoco entonces pude hablar de ese hecho. Lo que sé es que me siento un poco más solo desde que me lo han dicho. Era un gran hombre, y un gran artista. Sabía, quizás como nadie, contar la historia de un alma, con todos los cambios sutiles que se van produciendo en el ánimo de alguien, según va pasando el tiempo, los encuentros, las circunstancias. Era magnífico y delicado. Con el tiempo, se fue interesando, casi de manera exclusiva, por personajes femeninos"

10.1.10

Los médicos contra el aborto

DECLARACIÓN DE LA ORGANIZACIÓN MÉDICA COLEGIAL SOBRE EL PROYECTO DE LEY DE LA SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA (LEY DEL ABORTO)


Con motivo del debate parlamentario de la nueva Ley del Aborto, la Organización Médica Colegial, consciente de los deberes que tiene para con los ciudadanos en general y los médicos en particular, expone públicamente sus compromisos éticos en materia sanitaria, que afectan a unos como beneficiarios de los actos médicos y a los otros como agentes necesarios para su realización, por lo que elevan a la opinión pública las siguientes consideraciones:

Primera
De acuerdo con el Código de Ética y Deontología Médica, la profesión médica está al servicio de la vida humana.

Segunda
Los médicos colegiados aceptarán, como no puede ser de otra manera, las leyes emanadas del Parlamento, pero sometiéndolas siempre al valor superior de la libertad de conciencia de cada uno. La Objeción de Conciencia es un Derecho fundamental e irrenunciable. Por ello, la Organización Médica Colegial ve con satisfacción que se reafirme el Derecho Constitucional a la objeción de conciencia para todos aquellos profesionales que deban intervenir como cooperadores necesarios en la práctica de un aborto.

Tercera
Los médicos rechazamos que se utilice el argumento de que la nueva Ley les dotará de una mayor seguridad jurídica a la hora de realizar una interrupción voluntaria del embarazo, ya que no se ajusta a la verdad. Ni los médicos y menos aún el nasciturus, estarán mejor protegidos que con la ley anterior.

Cuarta
Este Proyecto de Ley establece un periodo de 14 semanas durante el cual la mujer será libre para abortar. Este límite es difícil de precisar con el rigor que las leyes exigen a pesar de los medios técnicos actualmente disponibles, por lo que se introduce un aspecto subjetivo, que aconseja establecer algunas cautelas.

Quinta
Por lo anteriormente mencionado consideramos necesario unas mínimas garantías:

• Establecer un sistema que impida irregularidades en los informes médicos, que avalan que
el embarazo supone un peligro para la salud psíquica o física de la embarazada.
• Debería elaborarse un protocolo de consentimiento informado que ofrezca las debidas
garantías de validez y respeto a la opinión y autonomía de la mujer, con información de la
naturaleza de la intervención y sus riesgos.
• Se debería dar un periodo suficiente de reflexión e informar de las ayudas sociales públicas
y privadas a las que podrá acogerse en el caso de que decida continuar con la gestación.
• Deberían restablecerse en los hospitales públicos y en cualquier centro en que se realicen
abortos, las Comisiones técnico-éticas que establezcan la legalidad o no de la interrupción
voluntaria del embarazo. Una decisión tan importante y de consecuencias irreversibles,
cual es un aborto, no puede ser adoptada por un solo facultativo.
• La interrupción voluntaria del embarazo en menores entre 16 años y la mayoría de edad, no
se realizará nunca sin su consentimiento. Vemos con satisfacción que se han tenido en
cuenta las sugerencias de la Organización Médica Colegial acerca de la conveniencia e
importancia que tiene informar a los padres o tutores, para no privar a la menor de su
consejo, apoyo y ayuda.

Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos

Madrid, 11 de diciembre de 2009

9.1.10

Ecología humana y revolución cultural


Ramiro Pellitero nos comente el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz:

La idea de que el hombre procede del azar no es más que una afirmación voluntarista, imposible de demostrar científicamente, y que requiere una dosis inmensa de negación de las evidencias. El azar, o el destino ciego de los mitos antiguos, no puede ser respuesta a un mundo que despierta en los hombres un anhelo universal hacia “todo” lo Bello, lo Bueno, lo Verdadero –continuamente y desde siempre– y también un anhelo de sentido.

Cuando falta ese sentido de una “casa común” –la tierra– se provoca en el hombre la sensación de una soledad paradójica (paradójica porque ¡somos millones de personas que tenemos mucho en común!). Y en el que cae en esa soledad paradójica, se le desatan fácilmente los instintos de dominio sobre los demás y sobre las cosas; instintos que, si se dejan sueltos, acaban por destruir no sólo la naturaleza –que se revuelve en guerra contra el hombre–, sino civilizaciones enteras.

Todo ello apunta a que, en relación con la tierra, la “cuestión” de Dios es decisiva. En su mensaje para la Jornada mundial de la paz (1-I-2010) Benedicto XVI señala que, según el Génesis, el mundo es un regalo de Dios que quiere hacer participes de su ser, sabiduría y bondad a todas las criaturas. Y en la cima de ellas ha situado al hombre y a la mujer, como representantes suyos para el cuidado y la administración de la tierra. La tierra, es, así, una regalo de Dios a la familia humana. No es extraño, por eso, que sólo desde una comprensión natural y cristiana de la familia –como la que manifestaron hace pocos días en Madrid muchos miles de personas– la tierra pueda ser gestionada con “responsabilidad común respecto a toda la humanidad, especialmente a los pobres y a las generaciones futuras”.

En cambio, “cuando se considera a la naturaleza, y al ser humano en primer lugar, simplemente como fruto del azar o del determinismo evolutivo, se corre el riesgo de que disminuya en las personas la conciencia de la responsabilidad”. Por eso con agudeza sostiene el Papa que la humanidad necesita “una profunda renovación cultural” que redescubra los valores sólidos para edificar un futuro mejor. “Las situaciones de crisis por las que está actualmente atravesando –añade– son también, en el fondo, crisis morales relacionadas entre sí”. De ahí se impone adoptar un “modo de vivir caracterizado por la sobriedad y la solidaridad, con nuevas reglas y formas de compromiso”.

Observa Benedicto XVI que “el deterioro ambiental es frecuentemente el resultado de la falta de proyectos políticos de altas miras o de la búsqueda de intereses económicos miopes”. Esto afecta no sólo a los dirigentes de la sociedad, sino que, también a nivel doméstico y personal, “toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral”, como dice Caritas in veritate (n. 37). Por eso “la cuestión ecológica no se ha de afrontar sólo por las perspectivas escalofriantes que se perfilan en el horizonte a causa del deterioro ambiental; el motivo ha de ser sobre todo la búsqueda de una auténtica solidaridad de alcance mundial, inspirada en los valores de la caridad, la justicia y el bien común”. Insiste en que “ha llegado el momento en que resulta indispensable un cambio de mentalidad efectivo, que lleve a todos a adoptar nuevos estilos de vida”. De modo que, con palabras de Juan Pablo II, en ese nuevo estilo “la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un desarrollo común, sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones”. Una meta concreta, que quizá no sea utópica, es el desarme (nuclear) progresivo.

sigue leyendo



La idea de que el hombre procede del azar no es más que una afirmación voluntarista, imposible de demostrar científicamente, y que requiere una dosis inmensa de negación de las evidencias. El azar, o el destino ciego de los mitos antiguos, no puede ser respuesta a un mundo que despierta en los hombres un anhelo universal hacia “todo” lo Bello, lo Bueno, lo Verdadero –continuamente y desde siempre– y también un anhelo de sentido. Cuando falta ese sentido de una “casa común” –la tierra– se provoca en el hombre la sensación de una soledad paradójica (paradójica porque ¡somos millones de personas que tenemos mucho en común!). Y en el que cae en esa soledad paradójica, se le desatan fácilmente los instintos de dominio sobre los demás y sobre las cosas; instintos que, si se dejan sueltos, acaban por destruir no sólo la naturaleza –que se revuelve en guerra contra el hombre–, sino civilizaciones enteras.

Todo ello apunta a que, en relación con la tierra, la “cuestión” de Dios es decisiva. En su mensaje para la Jornada mundial de la paz (1-I-2010) Benedicto XVI señala que, según el Génesis, el mundo es un regalo de Dios que quiere hacer participes de su ser, sabiduría y bondad a todas las criaturas. Y en la cima de ellas ha situado al hombre y a la mujer, como representantes suyos para el cuidado y la administración de la tierra. La tierra, es, así, una regalo de Dios a la familia humana. No es extraño, por eso, que sólo desde una comprensión natural y cristiana de la familia –como la que manifestaron hace pocos días en Madrid muchos miles de personas– la tierra pueda ser gestionada con “responsabilidad común respecto a toda la humanidad, especialmente a los pobres y a las generaciones futuras”.

En cambio, “cuando se considera a la naturaleza, y al ser humano en primer lugar, simplemente como fruto del azar o del determinismo evolutivo, se corre el riesgo de que disminuya en las personas la conciencia de la responsabilidad”. Por eso con agudeza sostiene el Papa que la humanidad necesita “una profunda renovación cultural” que redescubra los valores sólidos para edificar un futuro mejor. “Las situaciones de crisis por las que está actualmente atravesando –añade– son también, en el fondo, crisis morales relacionadas entre sí”. De ahí se impone adoptar un “modo de vivir caracterizado por la sobriedad y la solidaridad, con nuevas reglas y formas de compromiso”.
Observa Benedicto XVI que “el deterioro ambiental es frecuentemente el resultado de la falta de proyectos políticos de altas miras o de la búsqueda de intereses económicos miopes”. Esto afecta no sólo a los dirigentes de la sociedad, sino que, también a nivel doméstico y personal, “toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral”, como dice Caritas in veritate (n. 37). Por eso “la cuestión ecológica no se ha de afrontar sólo por las perspectivas escalofriantes que se perfilan en el horizonte a causa del deterioro ambiental; el motivo ha de ser sobre todo la búsqueda de una auténtica solidaridad de alcance mundial, inspirada en los valores de la caridad, la justicia y el bien común”. Insiste en que “ha llegado el momento en que resulta indispensable un cambio de mentalidad efectivo, que lleve a todos a adoptar nuevos estilos de vida”. De modo que, con palabras de Juan Pablo II, en ese nuevo estilo “la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un desarrollo común, sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones”. Una meta concreta, que quizá no sea utópica, es el desarme (nuclear) progresivo.
La naturaleza no se estropea por sí misma, sino que somos nosotros los que la estropeamos. Como tesis central de este mensaje –que hemos intentado sugerir en nuestro título– puede tomarse ésta: “La degradación de la naturaleza está estrechamente relacionada con la cultura que modela la convivencia humana”. Por tanto, “cuando se respeta la ‘ecología humana’ en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia” (Caritas in veritate, 51). Se señalan en el texto del mensaje también principios concretos para esta revolución cultural y pedagógica que comporta una “ecología humana”: el respeto de los jóvenes a sí mismos, la inviolabilidad de la vida humana en todas sus fases y condiciones, la dignidad de la persona y la insustituible misión de la familia; la denuncia del “biocentrismo” y el “ecocentrismo” (el situar la biología y la tierra por encima de la persona humana). Este último planteamiento, particularmente, conduce a un naturalismo neopagano y panteísta.
Cuando Dios se borra del horizonte, puede que sólo se confíe en la naturaleza misma para salvarnos. Pero, contradictoriamente, la adoración de la naturaleza puede volverse en guerra contra nosotros (hay cariños que matan). Y entonces nos encontraríamos con lo que ya Heráclito de Éfeso (ss. VI-V a.C.) dijo que no podía ser la naturaleza: un “montón de desechos esparcidos al azar”. Lo peor es que esos desechos no sean en absoluto inofensivos; que entre ellos pululen perros rabiosos rodeando a unos pocos hombres “residuales”, que tienen que ponerse un rótulo como el de la película “Soy leyenda” (I am legend, B. Sonnenfeld, 2007), para defenderse contra una naturaleza que se ha vuelto hostil y amenaza con convertirse, ella misma, en un cementerio de la humanidad.
“Si quieres promover la paz, protege la creación”, es el lema del mensaje papal. Implica toda una reflexión sobre la relación entre Dios, las personas y la naturaleza. Toda una renovación –¿o revolución?– cultural.

Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra



7.1.10

Minaretes y libertad

Javier Arnal comenta en El Mundo - Castellón:

Los suizos han prohibido en referéndum que se construyan minaretes, también llamados “alminares”. Es una mala noticia y un error ese referéndum. La libertad religiosa está recogida en todo tipo de declaraciones de derechos humanos y cualquier iniciativa que la cuestione es un retroceso.


Un riesgo de la democracia es pensar que todo puede decidirse por la suma de votos, sea lo que sea, ya sea atentar contra la libertad religiosa o contra la vida humana. El fin de las Declaraciones mundiales sobre derechos humanos es, precisamente, establecer una base común, humana y racional, para la convivencia. La vida, la libertad educativa o la libertad religiosa forman parte de esa base común.

Coincido con la ministra suiza de Exteriores, Micheline Calmy-Rey, que ha afirmado que este resultado le decepciona y lo lamenta. Pero también la Conferencia de los Obispos Católicos de Suiza se expresó en el mismo sentido, y antes del referéndum, y no veo que casi ningún medio de comunicación recoja su opinión de que “los minaretes, como los campanarios de las iglesias, son un signo de presencia pública de una religión”. Los obispos católicos basan su opinión en la mera coherencia con los principios de la libertad religiosa.

También han aprovechado los obispos católicos suizos para recordar que los derechos inherentes a la libertad religiosa y de culto no son respetados en algunos países de religión islámica, e incluso son perseguidos los católicos. La Iglesia Católica no basa su doctrina en votaciones populares ni en la falta de correspondencia, pero su actitud de ofrecer su mensaje y dialogar con otras religiones debería reconocerse con mayor frecuencia.

6.1.10

Opera en el mercado

Un día cualquiera de mercado, la música empieza a sonar entre los puestos de frutas y verduras. Fragmentos de la Traviata de Verdi interpretados en pleno Mercado Central de Valencia, entre los puestos de frutas y verduras. Los rostros de los compradores, asombrados ante la magia del arte, hacen que recuperemos la confianza en el buen gusto. El gusto por la buena fruta, la verdura, el champán, la música y la vida. ¡Dis-fruta-dlo.!

5.1.10

familia y educación

Artículo del Cardenal Carlo Caffarra en la Revista Humanitas nº25 (2002):


A veces procedemos con justicia y a veces no lo hacemos, pero si nos preguntan: “¿Y cómo te gustaría ser tratado, algunas veces con justicia y otras injustamente o siempre con justicia?”, estoy seguro de que la respuesta es “Siempre en forma justa”. Nadie desea ser tratado injustamente, ni siquiera a veces. Decimos la verdad y no engañamos al prójimo, pero a veces puede ocurrir que mintamos y lo engañemos. No obstante, si alguien nos preguntara “¿Y tú deseas ser engañado a veces?”, estoy seguro de que nadie respondería seriamente que le gusta ser engañado o lo desea. Podría proseguirse con estos ejemplos. Estos son suficientes para llegar a hacer un extraordinario descubrimiento sobre nosotros mismos. Cada uno de nosotros sabe distinguir entre “actuar con justicia y actuar con injusticia”, entre “estar en la verdad y ser engañados”. Además de eso, cada uno de nosotros desea la justicia, la verdad. El ser humano posee la admirable capacidad de distinguir entre justicia e injusticia o verdad y error y desear una de las dos cosas, prefiriéndola a la otra.

En todo caso, el descubrimiento no se detiene en este punto: aun cuando deseemos la justicia, podemos querer tratar a otro con injusticia; aun cuando deseemos la verdad, podemos decidir engañar a otro. Así, puede producirse una “grieta” en nuestro interior entre lo que conocemos y deseamos y aquello que de hecho llevamos a cabo. Esta “grieta” no es producto del azar, sino producto de cada uno de nosotros, es obra nuestra. El conocimiento-deseo (la justicia, la verdad...) piden a nuestra persona realizarse concretamente. Recurren a “algo” que está en nosotros. Este algo tiene un nombre y se llama libertad. Ésta se nos presenta, por consiguiente, como la capacidad de satisfacer o no el “deseo” que reside dentro de nuestra persona.

A partir de estos sencillos ejemplos tomados de nuestra experiencia cotidiana, descubrimos quiénes somos: somos un gran “deseo” (de justicia, de verdad, de amor...) cuya realización es encomendada a nuestra “libertad”. Podemos decir lo mismo de la siguiente manera: somos peregrinos hacia la beatitud movidos por nuestra libertad.

Con todo, siento que alguien se preguntará qué relación tiene todo esto con la educación. Así es: veremos en seguida que el ser humano necesita, pide ser educado, precisamente porque es “peregrino-mendigo de la beatitud”, en un peregrinaje que debe ser llevado a cabo por su libertad.

Podemos comprender esto partiendo de una de las páginas más “sugerentes” de todo el Evangelio: el encuentro de María e Isabel (cfr. Lc 1, 39-45). Entre los millones de seres humanos que poblaban la tierra, había llegado uno que era Único, esperado por milenios: el Hijo de Dios que vino a habitar entre nosotros. Nadie había sentido su presencia: sólo su madre. Las dos mujeres se encuentran. ¿Y qué ocurre? Ese ser humano que estaba en el vientre de Isabel “exultó” porque en ese momento sintió la presencia de Dios mismo en el mundo: junto a él.

También Juan, ese niño que entró al mundo seis meses antes, había iniciado su “peregrinación hacia la beatitud”, como todo ser humano. ¿Qué le sucedió? Experimentó una Presencia que introdujo en su corazón un “sobresalto de alegría”. Y Juan nunca olvidó ese “sobresalto de alegría”. Convertido en adulto, morirá a causa de la justicia y la santidad del amor conyugal.
Intentemos ahora agrupar los elementos fundamentales de esta extraordinaria situación.

Una persona está entrando en el mundo, y hemos visto de qué “equipaje” está dotada. Y más bien quién es: un peregrino-mendigo de beatitud, confiado a su libertad. En este mundo, descubre una Presencia, la Presencia de Alguien. El descubrimiento genera en él un sobresalto de alegría: la certeza de no ser defraudado en su deseo, de que su peregrinaje no es hacia la nada. Ha podido descubrir esta Presencia porque una mujer se la ha hecho “sentir próxima”. Ahora bien, éstos son los elementos fundamentales de la “comunicación educativa”. Un persona humana que entrando al mundo inicia su peregrinaje hacia la beatitud, pide ser “ayudada” y encuentra a otras personas. (Ver texto completo)

3.1.10

Madres trabajadoras

Interesante estudio publicado en FADEP NEWS:


Actualmente, las mujeres constituyen casi la mitad de la fuerza laboral de EE.UU., en comparación con el 38% en 1970. Esta tendencia de casi 40 años ha sido impulsada por un amplio consenso público sobre la evolución del papel de la mujer en la sociedad. Una gran mayoría de los estadounidenses (75%) rechazan la idea de que las mujeres deben regresar a sus roles tradicionales en la sociedad, y la mayoría cree que tanto el marido como la mujer deben contribuir al ingreso familiar.
Pero a pesar de estos cambios a largo plazo en los comportamientos y actitudes, muchas mujeres tienen conflicto acerca de las funciones en competencia que desempeñan en el trabajo y en casa. Las madres que trabajan, en particular, son ambivalentes acerca de si un trabajo a tiempo completo es lo mejor para ellas o sus hijos; las mujeres sienten el tirón de la familia mucho más agudamente que los padres que trabajan. Como resultado, la mayoría de las madres que trabajan se encuentran en una situación que, como ellas mismas dicen, es menos que ideal.

También tienden más que las madres que permanecen en casa o los padres trabajadores a sentir que no les alcanza el tiempo. Cuatro de cada diez dicen que siempre se sienten apresuradas, en comparación con una cuarta parte de los otros dos grupos. Pero pese a estas presiones y conflictos, las madres que trabajan, en general, son tan propensas como las madres que permanecen en casa y los padres trabajadores a decir que son felices con sus vidas.

Ya sea que trabajen fuera de casa o no, las responsabilidades familiares tienen un claro impacto sobre las decisiones clave que toman en la vida. Aproximadamente tres de cada diez mujeres que no están actualmente empleadas (27%) dicen que sus obligaciones familiares les impiden trabajar. Y la familia parece ser uno de los principales motivos de que muchas no rompan el “techo de cristal” que les impide llegar a los más altos niveles de gestión – al menos este es el punto de vista de aproximadamente un tercio de la población.

2.1.10

Proteger la creación

En el tradicional Mensaje del 1 de enero (Jornada Mundial por la Paz) el Papa ha elegido este año como tema "Si quieres promover la paz, protege la creación", resaltando, como ya hiciera Juan Pablo II, la conexión entre ecología y solidaridad:


"Sin entrar en la cuestión de soluciones técnicas específicas, la Iglesia, «experta en humanidad», se preocupa de llamar la atención con energía sobre la relación entre el Creador, el ser humano y la creación. En 1990, Juan Pablo II habló de «crisis ecológica» y, destacando que ésta tiene un carácter predominantemente ético, hizo notar «la urgente necesidad moral de una nueva solidaridad». Este llamamiento se hace hoy todavía más apremiante ante las crecientes manifestaciones de una crisis, que sería irresponsable no tomar en seria consideración. ¿Cómo permanecer indiferentes ante los problemas que se derivan de fenómenos como el cambio climático, la desertificación, el deterioro y la pérdida de productividad de amplias zonas agrícolas, la contaminación de los ríos y de las capas acuíferas, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de sucesos naturales extremos, la deforestación de las áreas ecuatoriales y tropicales? ¿Cómo descuidar el creciente fenómeno de los llamados «prófugos ambientales», personas que deben abandonar el ambiente en que viven —y con frecuencia también sus bienes— a causa de su deterioro, para afrontar los peligros y las incógnitas de un desplazamiento forzado? ¿Cómo no reaccionar ante los conflictos actuales, y ante otros potenciales, relacionados con el acceso a los recursos naturales? Todas éstas son cuestiones que tienen una repercusión profunda en el ejercicio de los derechos humanos como, por ejemplo, el derecho a la vida, a la alimentación, a la salud y al desarrollo".

"No obstante, se ha de tener en cuenta que no se puede valorar la crisis ecológica separándola de las cuestiones ligadas a ella, ya que está estrechamente vinculada al concepto mismo de desarrollo y a la visión del hombre y su relación con sus semejantes y la creación. Por tanto, resulta sensato hacer una revisión profunda y con visión de futuro del modelo de desarrollo, reflexionando además sobre el sentido de la economía y su finalidad, para corregir sus disfunciones y distorsiones. Lo exige el estado de salud ecológica del planeta; lo requiere también, y sobre todo, la crisis cultural y moral del hombre, cuyos síntomas son patentes desde hace tiempo en todas las partes del mundo.[8] La humanidad necesita una profunda renovación cultural; necesita redescubrir esos valores que constituyen el fundamento sólido sobre el cual construir un futuro mejor para todos. Las situaciones de crisis por las que está actualmente atravesando —ya sean de carácter económico, alimentario, ambiental o social— son también, en el fondo, crisis morales relacionadas entre sí. Éstas obligan a replantear el camino común de los hombres. Obligan, en particular, a un modo de vivir caracterizado por la sobriedad y la solidaridad, con nuevas reglas y formas de compromiso, apoyándose con confianza y valentía en las experiencias positivas que ya se han realizado y rechazando con decisión las negativas. Sólo de este modo la crisis actual se convierte en ocasión de discernimiento y de nuevas proyecciones".