Hace poco más de un mes ha tenido lugar en Ávila, el primer
Simposio Internacional sobre Psiquiatría y Experiencia religiosa, impulsado, entre otras instituciones, por la Fundación Juan José López-Ibor.
Juan José López-Ibor, hijo, responde a una cuestión que le plantea un periodista
“Hay quien dice que mejor que ir a un psiquiatra es ir a un confesor”
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“Yo le diría que vaya a ver al confesor y que, una vez libre de sus pecados, luego vaya a ver a un psiquiatra para que le libre de sus enfermedades. Los psiquiatras no liberamos de sus pecados a nadie, igual que un confesor no cura a nadie de sus enfermedades”.
Desde hace algún tiempo, algunas corrientes de opinión se inclinan por analizar la vivencia y experiencia religiosa, la pregunta sobre el sentido de la vida y de la totalidad de la existencia humana, con una perspectiva exclusivamente psicológica y biológica. Frente a esta tendencia, que pretende dar una explicación del ser humano sencillamente materialista; se está desarrollando, y cada vez con más consistencia en el ámbito médico, la perspectiva psicológica clínica postmaterialista. En esta perspectiva, la conciencia humana, los sentimientos, los pensamientos, la relación con Dios –la religión-, el amor, etc. juegan un importante papel rehabilitador de la persona, y se incorporan al proceso terapéutico.
Steiner se pregunta al final de “La nostalgia del Absoluto”, si el hombre europeo tiene todavía hambre de buscar la Verdad. Este redescubrimiento de la religión de la Fe en Dios, en el ámbito de la psiquiatría, invita a pensar que esa hambre de Verdad sigue viva. Juan José López-Ibor lo reafirma al responder al supuesto que le propone el periodista:
“Y si yo le digo a un psiquiatra que creo en Dios”
-“No es una locura. En Dios es lo único que hay que creer. El resto lo tiene que demostrar la ciencia”.
En el discurso que no permitieron leer en la Universidad romana “La Sapienza”, Benedicto XVI decía: “No vengo a imponer la Fe. Vengo a despertar el anhelo por la Verdad”.