
Cuando los economistas, periodistas y políticos han descubierto ya las causas de la crisis económica, y han dedicado numerosos artículos periodísticos, ensayos e incluso libros para dar a conocer sus hallazgos y explicaciones, siguen sin debatirse y analizarse las raíces morales de la crisis. Existe acuerdo en relación con las principales causas: endeudamiento por encima de las posibilidades, especulación inmobiliaria y abuso financiero. Pero, ¿qué principios morales o formas de actuación han conducido a la crisis? Es importante identificar estos principios para encontrar soluciones.
1. En primer lugar, durante los últimos 30 años lo único que ha importado a políticos y entidades financieras es el crecimiento económico del país, sin preocuparse por los riesgos de basar este crecimiento básicamente en la construcción de viviendas y las obras públicas. No se ha potenciado suficientemente la investigación y el desarrollo, uno de los principios motores en todos los países desarrollados.
2. En segundo lugar, durante estos años ha imperado la filosofía de “el fin justifica los medios”. Si era necesario crecer, no importaba cómo. Y de esta manera, la vivienda se ha convertido en un negocio, dejando el país en la paradójica situación de disponer de un millón de viviendas que no se venden porque sus precios no son los que la mayoría de personas que buscan vivienda están dispuestos a pagar, en función de sus ingresos. Durante años, se ha vivido en una burbuja inmobiliaria que no han querido reconocer políticos, inmobiliarias y financieras.
3. En tercer lugar, aparte de conseguir un crecimiento económico cómo fuera, la otra gran preocupación de nuestros políticos ha sido mantenerse en el poder. Y de nuevo, la filosofía de “el fin justifica los medios” ha servido para justificar gastos que nunca debieron de hacerse en un período de tiempo tan corto.
1 comentarios:
El suplemento económico semanal del diario El Mundo publicaba este 26 de junio un artículo en el que se explicaba de modo sencillo la aplicación del pensamiento keynesiano para multiplicar la masa monetaria disponible durante el último siglo. Es muy probable que no haya habido mala intención, pero lo cierto es que se admitió un grave error científico, con consecuencias insospechadas. El dinero 'lubrica' la economía real: un exceso de lubricante en un automóvil disminuye su rendimiento y puede provocar un grave daño en su motor. De ningún modo es admisible a estas alturas el recurso manido al "vivir por encima de bla, bla, bla": no es científico, no responde al sentido común, y los contados economistas que vieron claros y a tiempo los efectos de la política monetaria occidental comprobaron también que no había ya marcha atrás. Dudo que en el fondo de este sistema o estructura institucionalizada no hay falta moral alguna en el ámbito personal. Por los demás, los siete pecados capitales -y no uno- han estado presentes en toda la historia humana.
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