29.8.11

La lógica del amor

Ramiro Pellitero nos recuerda (y anima a releer) la primera Encíclica de Benedicto XVI:


Cuando salió la primera encíclica de Benedicto XVI,"Deus caritas set", sobre el amor cristiano, muchos quizá esperaban una encíclica sobre la verdad. Otros, cuando se supo que trataría del amor, esperábamos una exposición sobre las relaciones entre la verdad y el amor, e incluso la belleza. Pero la encíclica se centra en el amor. ¿No habla de la verdad? Sí, ciertamente: no habla de otra cosa que de la comprensión y vivencia cristiana de la verdad. Y eso se identifica, precisamente, con el amor. En unos tiempos en que el nombre de Dios se asocia a veces con la venganza, el odio y la violencia –escribe el Papa–, este mensaje tiene una gran significación. La lógica cristiana – es decir, la comprensión de la vida según el Logos hecho carne– no es la de la intolerancia fundamentalista, sino la del amor.

La primera parte explica cómo Dios se ha revelado a través de la imagen del eros (amor posesivo) que debe convertirse en agapé (amor que se entrega). Por eso el amor conyugal es una imagen del amor de Dios por la humanidad, y es asumido por Cristo en el sacramento del matrimonio, como imagen viva y comunicación del amor apasionado y fecundo entre Cristo y la Iglesia. Así se explica también el sentido cristiano de la sexualidad.

En el centro de la encíclica se sitúan dos cuestiones. Son como dos focos de luz que en su referencia mutua determinan el escenario en que quiere moverse el documento. No sólo están materialmente en el medio del texto, al final de la primera parte y al principio de la segunda; sino que constituyen el núcleo de los pensamientos que el autor expresa. En primer lugar, “el doble mandamiento del amor” (nn. 14-18). En segundo lugar, la afirmación de que la caridad pertenece esencialmente a la misión de la Iglesia (nn. 19-25).

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El eros incluye el ágape y lo complementa. No lo excluye ni lo deteriora. En el invierno de la vida no aparece el ágape sino que desaparece el eros, debido a la fealdad de los cuerpos y a cambios hormonales, no a la perfección de las almas. no se aman más dos viejos que dos jóvenes. Todos los viejos que conozco querrían volver a tener 25 años.

Vicente Huerta dijo...

No estoy muy de acuerdo. Si el ágape no aparece hay que reconocer que ha sido un fracaso. Son pocos pero conozco casos suficientes para creer en ello.

Anónimo dijo...

cuando digo que el ágape no aparece en la vejez, quiero decir que no aparece ex novo como una perfección o superación del eros, sino que el ágape ya estaba presente con el eros en la juventud. lo que ocurre en la vejez es que se pierde el eros y permanece el ágape. Pero la pérdida del eros es un triunfo semejante a una pérdida de orina.

Vicente Huerta dijo...

No se hasta qué punto se puede asegurar que el ágape existe siempre desde el principio. Creo que lo más probable es que, al principio, exista el eros, la atracción, búsqueda de la propia satisfacción. El ágape, en cuanto donación y búsqueda del bien del otro, camino hacia la comunión, es lo que no está garantizado. En mi opinión el ágape es una conquista, el eros no.