29.11.11

La autoridad de los padres

Carlota Sedeño Martinez nos habla de un tema importante referido a la "Educación en la familia":


Un conocido autor, Franz Kafka, a caballo entre los siglos XlX y XX, dejó escrito cómo la actitud autoritaria de su padre marcó su vida. Por otra parte, no hay que olvidar las neurosis que padeció y su ser atormentado y complejo. La desesperación y el absurdo impregnan su obra. Posteriormente, muchos generalizaron sus ideas y los hechos protagonizados por una persona que llegó a determinadas conclusiones desde su óptica enfermiza. En una familia normal, la autoridad de los padres no es castradora sino conductora. El desprestigio y la condena de la autoridad paterna y materna, la dejación y la permisividad traen como consecuencia una crisis de identidad en la adolescencia, y favorece la manipulación del entorno social sobre los hijos haciéndoles creer que son libres y originales al adoptar unos tipos de conductas uniformadas, claramente gregarias.

Hay padres que saben muy bien lo que quieren e intentan educar coherentemente a sus hijos pero se desconciertan cuando el ambiente, las amistades, los medios de comunicación, etc. parece que pueden más.

Verdaderamente es una cuestión difícil pero hay algo en lo que coinciden los orientadores familiares: cuando no se ejerce la autoridad paterna el problema se complica extraordinariamente. Es lamentable ver a padres y madres jóvenes, buenos profesionales en su trabajo, cómo son manipulados por sus diminutos “dictadores” de 3, 4, 5, 6 años. Incapaces de resistirse a los caprichos de sus hijos o frenar sus rabietas, los padres satisfacen cualquiera de sus exigencias y los niños imponen el ritmo de la casa, el contenido de sus comidas, los paseos, los juegos y hasta la hora de ir a dormir.

Cuando en una familia hay un buen proyecto educativo, se concretan y resaltan los valores que se consideran importantes. Lo normal y habitual debe ser que los hijos los hagan suyos desde niños, en mayor o menor medida. El verdadero problema reside en la carencia de proyecto educativo y esto se da cuando los padres delegan sus propios deberes en la escuela, cuando los niños perciben que no se valora el esfuerzo, que se lleva a la práctica una conducta indolente y que se valora, sobre todo, el placer que proporcionan las cosas materiales, palpan el culto al dinero y el “sálvese quien pueda”.