LOS HERMANOS (MILONGA DECIDORA)
Letra de Atahualpa Yupanqui
Yo tengo tantos hermanos,
que no los puedo contar,
en el valle, en la montaña,
en la pampa y en el mar.
Cada cual con sus trabajos,
con sus sueños cada cual,
con la esperanza delante,
con los recuerdos detrás.
Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar.
Gente de mano caliente,
por eso de la amistad,
con un rezo pa' rezarlo,
con un llanto pa' llorar,
con un horizonte abierto,
que siempre está más allá
y esa fuerza pa' buscarlo
con tesón y voluntad.
Este blog ofrece reflexiones en torno al amplio tema de "ser persona". Partimos de la convicción de que el concepto de persona es la mayor aportación del cristianismo a la cultura occidental. Queremos facilitar ideas que hagan pensar sobre esta importante cuestión. El arte, la literatura, la música, el cine, etc. también nos pueden ayudar a entender el fundamento antropológico de nuestra civilización y a crecer como personas.
30.1.11
28.1.11
Recortes sociales
Benedicto XVI en "Caritas in veritate", 25

El mercado, al hacerse global, ha estimulado, sobre todo en países ricos, la búsqueda de áreas en las que emplazar la producción a bajo coste con el fin de reducir los precios de muchos bienes, aumentar el poder de adquisición y acelerar por tanto el índice de crecimiento, centrado en un mayor consumo en el propio mercado interior. Consecuentemente, el mercado ha estimulado nuevas formas de competencia entre los estados con el fin de atraer centros productivos de empresas extranjeras, adoptando diversas medidas, como una fiscalidad favorable y la falta de reglamentación del mundo del trabajo. Estos procesos han llevado a la reducción de la red de seguridad social a cambio de la búsqueda de mayores ventajas competitivas en el mercado global, con grave peligro para los derechos de los trabajadores, para los derechos fundamentales del hombre y para la solidaridad en las tradicionales formas del Estado social. Los sistemas de seguridad social pueden perder la capacidad de cumplir su tarea, tanto en los países pobres, como en los emergentes, e incluso en los ya desarrollados desde hace tiempo.
En este punto, las políticas de balance, con los recortes al gasto social, con frecuencia promovidos también por las instituciones financieras internacionales, pueden dejar a los ciudadanos impotentes ante riesgos antiguos y nuevos; dicha impotencia aumenta por la falta de protección eficaz por parte de las asociaciones de los trabajadores. El conjunto de los cambios sociales y económicos hace que las organizaciones sindicales tengan mayores dificultades para desarrollar su tarea de representación de los intereses de los trabajadores, también porque los gobiernos, por razones de utilidad económica, limitan a menudo las libertades sindicales o la capacidad de negociación de los sindicatos mismos. Las redes de solidaridad tradicionales se ven obligadas a superar mayores obstáculos. Por tanto, la invitación de la doctrina social de la Iglesia, empezando por la Rerum novarum [60], a dar vida a asociaciones de trabajadores para defender sus propios derechos ha de ser respetada, hoy más que ayer, dando ante todo una respuesta pronta y de altas miras a la urgencia de establecer nuevas sinergias en el ámbito internacional y local.

El mercado, al hacerse global, ha estimulado, sobre todo en países ricos, la búsqueda de áreas en las que emplazar la producción a bajo coste con el fin de reducir los precios de muchos bienes, aumentar el poder de adquisición y acelerar por tanto el índice de crecimiento, centrado en un mayor consumo en el propio mercado interior. Consecuentemente, el mercado ha estimulado nuevas formas de competencia entre los estados con el fin de atraer centros productivos de empresas extranjeras, adoptando diversas medidas, como una fiscalidad favorable y la falta de reglamentación del mundo del trabajo. Estos procesos han llevado a la reducción de la red de seguridad social a cambio de la búsqueda de mayores ventajas competitivas en el mercado global, con grave peligro para los derechos de los trabajadores, para los derechos fundamentales del hombre y para la solidaridad en las tradicionales formas del Estado social. Los sistemas de seguridad social pueden perder la capacidad de cumplir su tarea, tanto en los países pobres, como en los emergentes, e incluso en los ya desarrollados desde hace tiempo.
En este punto, las políticas de balance, con los recortes al gasto social, con frecuencia promovidos también por las instituciones financieras internacionales, pueden dejar a los ciudadanos impotentes ante riesgos antiguos y nuevos; dicha impotencia aumenta por la falta de protección eficaz por parte de las asociaciones de los trabajadores. El conjunto de los cambios sociales y económicos hace que las organizaciones sindicales tengan mayores dificultades para desarrollar su tarea de representación de los intereses de los trabajadores, también porque los gobiernos, por razones de utilidad económica, limitan a menudo las libertades sindicales o la capacidad de negociación de los sindicatos mismos. Las redes de solidaridad tradicionales se ven obligadas a superar mayores obstáculos. Por tanto, la invitación de la doctrina social de la Iglesia, empezando por la Rerum novarum [60], a dar vida a asociaciones de trabajadores para defender sus propios derechos ha de ser respetada, hoy más que ayer, dando ante todo una respuesta pronta y de altas miras a la urgencia de establecer nuevas sinergias en el ámbito internacional y local.
26.1.11
Grandes cambios culturales
Con ocasión de la XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, Benedicto XVI afirmaba el pasado 5 de junio: "deseo compartir algunas reflexiones, motivadas por un fenómeno característico de nuestro tiempo, la propagación de la comunicación a través de internet".
"Se extiende cada vez más la opinión de que, así como la revolución industrial produjo un cambio profundo en la sociedad, por las novedades introducidas en el ciclo productivo y en la vida de los trabajadores, la amplia transformación en el campo de las comunicaciones dirige las grandes mutaciones culturales y sociales de hoy. Las nuevas tecnologías no modifican sólo el modo de comunicar, sino la comunicación en sí misma, por lo que se puede afirmar que nos encontramos ante una vasta transformación cultural. Junto a ese modo de difundir información y conocimientos, nace un nuevo modo de aprender y de pensar, así como nuevas oportunidades para establecer relaciones y construir lazos de comunión".
"Se extiende cada vez más la opinión de que, así como la revolución industrial produjo un cambio profundo en la sociedad, por las novedades introducidas en el ciclo productivo y en la vida de los trabajadores, la amplia transformación en el campo de las comunicaciones dirige las grandes mutaciones culturales y sociales de hoy. Las nuevas tecnologías no modifican sólo el modo de comunicar, sino la comunicación en sí misma, por lo que se puede afirmar que nos encontramos ante una vasta transformación cultural. Junto a ese modo de difundir información y conocimientos, nace un nuevo modo de aprender y de pensar, así como nuevas oportunidades para establecer relaciones y construir lazos de comunión".
25.1.11
Crecer en la unión conyugal
Carmen González Rivas, Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Psicología de la Familia, ofrece algunos consejos para mejorar la unión en el matrimonio. La intimidad matrimonial es la expresión de la complementariedad entre los dos sexos, que hoy la ideología de género trata de anular.

La unión sexual es un verdadero acto humano y personal, solo si se lleva a término según su auténtico significado. La actitud ante esta unión íntima es “entregar la vida en el amor”, por eso deben aprender los cónyuges a hacer de la unión de los cuerpos un acto de donación completa y sin reservas de su ser íntimo y personal, la consumación de un amor llamado a la eternidad y a la fecundidad. Como bien se anuncia en los pasajes del libro bíblico del Cantar de los Cantares, que retrata a dos amantes que disfrutan de la presencia y del afecto mutuo: “Yo soy para mi amado, y él se siente atraído hacia mí”. (Ct 7:11)
La sexualidad no desea algo sino a alguien, reconocimiento del otro, pues el otro desea ser deseado y reconocido. Porque como bien dice Víctor Frankl: “Un amor sólido y verdadero es aquel que no solo desea la capa externa de la persona, sino que ama, sobre todo, lo espiritual que hay en ella, su persona espiritual; eso que hay de único e irrepetible en el ser humano, o que existe detrás de las apariencias sexuales y puramente psíquicas” .
Para facilitar todo esto, entre otros consejos resaltamos tres:
- Fortalecer el compromiso mutuo. Otra cualidad necesaria para una relación sexual en el matrimonio es el compromiso. Si los cónyuges están completamente comprometidos uno con el otro, su relación es fortalecida. Sin un compromiso mutuo, ninguno podrá tener una gran confianza en que la relación sea segura.
- Cuidar la comunicación. Porque así mismo la relación sexual es comunicación, ¿como obviarla en cualquier relación sexual?
- Integrar a Dios con nuestra sexualidad. La sexualidad es un regalo del Señor que si arranca de una buena comprensión de la naturaleza del hombre y de la mujer les puede llevar a estos a una comunicación especialmente intensa y privilegiada, que hace del matrimonio algo grande y especialmente valioso en la apuesta arriesgada a favor de la vida.
En definitiva cuidar la sexualidad y valorarla es una parte fundamental que los cónyuges deben tener en cuenta en su matrimonio, la vivencia de esta como regalo, como don y ofrecimiento hacia el otro es lo que garantiza que se fortalezca su unión. Y así lo expresa en pocas palabras la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio “La sexualidad es una riqueza de toda la persona -cuerpo, sentimiento y espíritu - y manifiesta su significado íntimo al llevar a la persona hacia el don de sí misma en el amor.

La unión sexual es un verdadero acto humano y personal, solo si se lleva a término según su auténtico significado. La actitud ante esta unión íntima es “entregar la vida en el amor”, por eso deben aprender los cónyuges a hacer de la unión de los cuerpos un acto de donación completa y sin reservas de su ser íntimo y personal, la consumación de un amor llamado a la eternidad y a la fecundidad. Como bien se anuncia en los pasajes del libro bíblico del Cantar de los Cantares, que retrata a dos amantes que disfrutan de la presencia y del afecto mutuo: “Yo soy para mi amado, y él se siente atraído hacia mí”. (Ct 7:11)
La sexualidad no desea algo sino a alguien, reconocimiento del otro, pues el otro desea ser deseado y reconocido. Porque como bien dice Víctor Frankl: “Un amor sólido y verdadero es aquel que no solo desea la capa externa de la persona, sino que ama, sobre todo, lo espiritual que hay en ella, su persona espiritual; eso que hay de único e irrepetible en el ser humano, o que existe detrás de las apariencias sexuales y puramente psíquicas” .
Para facilitar todo esto, entre otros consejos resaltamos tres:
- Fortalecer el compromiso mutuo. Otra cualidad necesaria para una relación sexual en el matrimonio es el compromiso. Si los cónyuges están completamente comprometidos uno con el otro, su relación es fortalecida. Sin un compromiso mutuo, ninguno podrá tener una gran confianza en que la relación sea segura.
- Cuidar la comunicación. Porque así mismo la relación sexual es comunicación, ¿como obviarla en cualquier relación sexual?
- Integrar a Dios con nuestra sexualidad. La sexualidad es un regalo del Señor que si arranca de una buena comprensión de la naturaleza del hombre y de la mujer les puede llevar a estos a una comunicación especialmente intensa y privilegiada, que hace del matrimonio algo grande y especialmente valioso en la apuesta arriesgada a favor de la vida.
En definitiva cuidar la sexualidad y valorarla es una parte fundamental que los cónyuges deben tener en cuenta en su matrimonio, la vivencia de esta como regalo, como don y ofrecimiento hacia el otro es lo que garantiza que se fortalezca su unión. Y así lo expresa en pocas palabras la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio “La sexualidad es una riqueza de toda la persona -cuerpo, sentimiento y espíritu - y manifiesta su significado íntimo al llevar a la persona hacia el don de sí misma en el amor.
23.1.11
tolerancia y libertad
Algunas ideas sacadas del libro "Luz del mundo", de Benedicto XVI:

La verdadera intolerancia
La verdadera amenaza ante la que nos encontramos es que la tolerancia sea abolida en nombre de la tolerancia misma. Está el peligro de que la razón, la así llamada razón occidental, sostenga haber reconocido finalmente lo que es correcto y avance así en una pretensión de totalidad que es enemiga de la libertad. Considero necesario denunciar con fuerza esta amenaza. Nadie está obligado a ser cristiano. Pero nadie debe ser obligado a vivir según la "nueva religión", como si fuese la única y verdadera, vinculante para toda la humanidad.
Mezquitas y burkas
Los cristianos son tolerantes y, como tales, permiten también a los demás su peculiar comprensión de sí. Nos alegramos por el hecho de que en países del Golfo Árabe (Qatar, Abu Dabi, Dubái, Kuwait) haya iglesias en las cuales los cristianos pueden celebrar la Misa y esperamos que ocurra así en todas partes. Por ello es natural que también en nuestras tierras los musulmanes puedan reunirse en oración en las mezquitas.
Por lo que se refiere al burka, no veo razones de una prohibición generalizada. Se dice que algunas mujeres no lo llevan voluntariamente sino que, en realidad, es una suerte de violencia que se les impone. Está claro que con esto no se puede estar de acuerdo. Sin embargo, si quieren usarlo voluntariamente, no veo porqué habría que impedirlo.
Cristianismo y modernidad
Ser cristiano es en sí mismo algo vivo, moderno, que atraviesa toda la modernidad, formándola y plasmándola, y por lo tanto, en cierto sentido realmente la abraza. Aquí se necesita una gran lucha espiritual, como he querido mostrar con la reciente institución de un Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. Es importante que tratemos de vivir y concebir el cristianismo de tal modo que asuma la modernidad buena y correcta, y al mismo tiempo se aleje y se distinga de aquella que está convirtiéndose en una contra-religión.

La verdadera intolerancia
La verdadera amenaza ante la que nos encontramos es que la tolerancia sea abolida en nombre de la tolerancia misma. Está el peligro de que la razón, la así llamada razón occidental, sostenga haber reconocido finalmente lo que es correcto y avance así en una pretensión de totalidad que es enemiga de la libertad. Considero necesario denunciar con fuerza esta amenaza. Nadie está obligado a ser cristiano. Pero nadie debe ser obligado a vivir según la "nueva religión", como si fuese la única y verdadera, vinculante para toda la humanidad.
Mezquitas y burkas
Los cristianos son tolerantes y, como tales, permiten también a los demás su peculiar comprensión de sí. Nos alegramos por el hecho de que en países del Golfo Árabe (Qatar, Abu Dabi, Dubái, Kuwait) haya iglesias en las cuales los cristianos pueden celebrar la Misa y esperamos que ocurra así en todas partes. Por ello es natural que también en nuestras tierras los musulmanes puedan reunirse en oración en las mezquitas.
Por lo que se refiere al burka, no veo razones de una prohibición generalizada. Se dice que algunas mujeres no lo llevan voluntariamente sino que, en realidad, es una suerte de violencia que se les impone. Está claro que con esto no se puede estar de acuerdo. Sin embargo, si quieren usarlo voluntariamente, no veo porqué habría que impedirlo.
Cristianismo y modernidad
Ser cristiano es en sí mismo algo vivo, moderno, que atraviesa toda la modernidad, formándola y plasmándola, y por lo tanto, en cierto sentido realmente la abraza. Aquí se necesita una gran lucha espiritual, como he querido mostrar con la reciente institución de un Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. Es importante que tratemos de vivir y concebir el cristianismo de tal modo que asuma la modernidad buena y correcta, y al mismo tiempo se aleje y se distinga de aquella que está convirtiéndose en una contra-religión.
22.1.11
De dioses y hombres
Es posible que estemos ante una gran película, quizá una obra maestra. "De dioses y hombres" nos cuenta los meses previos al secuestro y asesinato de siete monjes cistercienses a manos de los integristas islámicos, triste suceso sucedido en Tibhirine (Argelia) en 1996. Una historia tan conmovedora y terrible como auténtica.

Carlos Boyero, crítico de cine de El País, se confiesa no ceryente, pero reconoce que la obra le impactó profundamente:
"El director cuenta admirablemente, con penetración psicológica y sencillez narrativa, la modélica relación de estos monjes católicos con su entorno musulmán, el mosqueo al intuir que pueden estar en el punto de mira de los talibanes, su muy humana condición negándose a aceptar el martirio, su miedo a quedarse en Argelia y la sensación de que estarán traicionando sus principios si huyen a Francia, sus contradicciones y su coraje, sus ganas de vivir y la sospecha de que se está acercando el horror, la profunda democracia a la hora de tomar decisiones. Beauvois no hace trampas en esta fábula moral, no fuerza el sentimentalismo, nos hace entender profundamente la complejidad emocional y las dudas de este grupo amenazado por una situación límite, su espiritualidad y sus necesidades terrenales. Y sales conmovido con la historia de estos religiosos. Palabra de agnóstico." Pues habrá que verla, digo yo.

Carlos Boyero, crítico de cine de El País, se confiesa no ceryente, pero reconoce que la obra le impactó profundamente:
"El director cuenta admirablemente, con penetración psicológica y sencillez narrativa, la modélica relación de estos monjes católicos con su entorno musulmán, el mosqueo al intuir que pueden estar en el punto de mira de los talibanes, su muy humana condición negándose a aceptar el martirio, su miedo a quedarse en Argelia y la sensación de que estarán traicionando sus principios si huyen a Francia, sus contradicciones y su coraje, sus ganas de vivir y la sospecha de que se está acercando el horror, la profunda democracia a la hora de tomar decisiones. Beauvois no hace trampas en esta fábula moral, no fuerza el sentimentalismo, nos hace entender profundamente la complejidad emocional y las dudas de este grupo amenazado por una situación límite, su espiritualidad y sus necesidades terrenales. Y sales conmovido con la historia de estos religiosos. Palabra de agnóstico." Pues habrá que verla, digo yo.
20.1.11
Al infierno los fumadores!
Rafael Gómez Pérez nos ofrece una reflexión sobre la ley antitabaco:

La ley antitabaco, que ha entrado en vigor en España el 2 de enero de este año, se ha convertido, en pocos días, en un fenómeno de opinión y de “creencias”, que permite una reflexión más amplia sobre las características de la sociedad en la que vivimos.
Hay datos evidentes y otros sobre los que no compensa debatir, porque tienen la fuerza de los hechos comprobados. Ejemplo del primero es que en España fuma el 30% de la población; ejemplo de lo segundo es que “fumar mata” como se avisa con caracteres alarmantes en todas las cajetillas.
Sobre lo primero, los no fumadores son mayoría y quizá en su nombre se articula una ley tan prohibitiva. Pero, ¿qué hay de aquello del respeto a las minorías? ¿Por qué, por ejemplo, tantos detalles con el colectivo de gays y lesbianas y tan pocos para los fumadores? Toda la furia que se descargue contra el tabaco dará una falsa conciencia de estar entre “los buenos”
Sobre lo segundo, la idea de avisar que “fumar mata” (o, mejor, “puede matar” porque no es apodíctico al cien por cien), no es mala idea; pero se podría extender a otros casos más graves; por ejemplo, poner a la entrada de algunas clínicas: “el aborto mata”; en este caso no sería correcto “el aborto puede matar”, porque es algo inexorable: la muerte entra dentro del mismo concepto de aborto.
Hay fumadores que, en el colmo de su desesperación, razonan con el extremo: si el tabaco es tan malo, que lo prohíba el Estado. En realidad, no lo hace no solo porque dejaría de obtener más de 10.000 millones de euros en impuestos, sino porque la prohibición total solo serviría, como ocurre con la droga, para engendrar todo un mercado negro, con lo que lleva adjunto de una nueva fuente de delincuencia.

La ley antitabaco, que ha entrado en vigor en España el 2 de enero de este año, se ha convertido, en pocos días, en un fenómeno de opinión y de “creencias”, que permite una reflexión más amplia sobre las características de la sociedad en la que vivimos.
Hay datos evidentes y otros sobre los que no compensa debatir, porque tienen la fuerza de los hechos comprobados. Ejemplo del primero es que en España fuma el 30% de la población; ejemplo de lo segundo es que “fumar mata” como se avisa con caracteres alarmantes en todas las cajetillas.
Sobre lo primero, los no fumadores son mayoría y quizá en su nombre se articula una ley tan prohibitiva. Pero, ¿qué hay de aquello del respeto a las minorías? ¿Por qué, por ejemplo, tantos detalles con el colectivo de gays y lesbianas y tan pocos para los fumadores? Toda la furia que se descargue contra el tabaco dará una falsa conciencia de estar entre “los buenos”
Sobre lo segundo, la idea de avisar que “fumar mata” (o, mejor, “puede matar” porque no es apodíctico al cien por cien), no es mala idea; pero se podría extender a otros casos más graves; por ejemplo, poner a la entrada de algunas clínicas: “el aborto mata”; en este caso no sería correcto “el aborto puede matar”, porque es algo inexorable: la muerte entra dentro del mismo concepto de aborto.
Hay fumadores que, en el colmo de su desesperación, razonan con el extremo: si el tabaco es tan malo, que lo prohíba el Estado. En realidad, no lo hace no solo porque dejaría de obtener más de 10.000 millones de euros en impuestos, sino porque la prohibición total solo serviría, como ocurre con la droga, para engendrar todo un mercado negro, con lo que lleva adjunto de una nueva fuente de delincuencia.
19.1.11
La unidad de los cristianos
Ramiro Pellitero reflexiona en su blog sobre la Unidad de los Cristianos:

La Semana de oración por la Unidad de los Cristianos brinda la oportunidad de plantearse algunas cuestiones particularmente actuales: ¿Qué es el ecumenismo? ¿Por qué es importante el “testimonio común” de los cristianos? ¿Qué posibilidades existen en la “colaboración ecuménica”?
El “ecumenismo” (la tarea a favor de la unidad de los cristianos), se lleva a cabo de diversas formas: teológico o doctrinal (“diálogo ecuménico”), entre especialistas; institucional, entre las autoridades de la Iglesia Católica y de las distintas confesiones cristianas; espiritual, a partir de la oración de los cristianos; pastoral o práctico, con la colaboración de los cristianos entre sí en los ámbitos de la caridad, el bien común, la ayuda social y cultural, etc.
Los dos últimos niveles corresponden a todos los cristianos. Y es importante que cada uno se proponga colaborar, aunque piense que su aportación es solo un granito de arena. Esto pide de cada cristiano una continua y efectiva renovación espiritual, enraizada en la oración y manifestada en la conducta. Requiere subrayar los valores éticos y ejercitar las virtudes: la comprensión, la paciencia y sobre todo la caridad con los demás cristianos, en los juicios, palabras y comportamientos; junto con la humildad para reconocer las faltas propias contra la unidad y la disposición al perdón recíproco. Todo ello debe estar presidido por la verdad.
Por otra parte, cada año se propone un tema que centra la oración y la colaboración ecuménica. El de este año –sobre la base de la propuesta de un grupo ecuménico de Jerusalén– es: “Unidos en la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración” (cf. Hch 2, 42). Recordando estas características de la primitiva Iglesia de Jerusalén, hoy día los cristianos de esa ciudad luchan, en medio de las dificultades, por alcanzar la unidad más allá de las palabras, primero entre ellos y después con otros (en Jerusalén, entre palestinos e israelíes; en otras comunidades, la justicia y la reconciliación en diversos contextos).

La Semana de oración por la Unidad de los Cristianos brinda la oportunidad de plantearse algunas cuestiones particularmente actuales: ¿Qué es el ecumenismo? ¿Por qué es importante el “testimonio común” de los cristianos? ¿Qué posibilidades existen en la “colaboración ecuménica”?
El “ecumenismo” (la tarea a favor de la unidad de los cristianos), se lleva a cabo de diversas formas: teológico o doctrinal (“diálogo ecuménico”), entre especialistas; institucional, entre las autoridades de la Iglesia Católica y de las distintas confesiones cristianas; espiritual, a partir de la oración de los cristianos; pastoral o práctico, con la colaboración de los cristianos entre sí en los ámbitos de la caridad, el bien común, la ayuda social y cultural, etc.
Los dos últimos niveles corresponden a todos los cristianos. Y es importante que cada uno se proponga colaborar, aunque piense que su aportación es solo un granito de arena. Esto pide de cada cristiano una continua y efectiva renovación espiritual, enraizada en la oración y manifestada en la conducta. Requiere subrayar los valores éticos y ejercitar las virtudes: la comprensión, la paciencia y sobre todo la caridad con los demás cristianos, en los juicios, palabras y comportamientos; junto con la humildad para reconocer las faltas propias contra la unidad y la disposición al perdón recíproco. Todo ello debe estar presidido por la verdad.
Por otra parte, cada año se propone un tema que centra la oración y la colaboración ecuménica. El de este año –sobre la base de la propuesta de un grupo ecuménico de Jerusalén– es: “Unidos en la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración” (cf. Hch 2, 42). Recordando estas características de la primitiva Iglesia de Jerusalén, hoy día los cristianos de esa ciudad luchan, en medio de las dificultades, por alcanzar la unidad más allá de las palabras, primero entre ellos y después con otros (en Jerusalén, entre palestinos e israelíes; en otras comunidades, la justicia y la reconciliación en diversos contextos).
18.1.11
Urbanidad de la piedad
Inés María Somolinos, profesora del colegio Ayalde, nos recuerda que también hay que enseñar a cuidar los buenos modales con Dios:

En la vida social hay unas formas, unas “reglas” de buena educación, unas maneras de tratarse, y hasta un protocolo. Una persona se muestra a sí misma, también a través de ellas. En la religión también hay unos modos de relacionarnos con Dios, mostrarle nuestra fe, nuestra reverencia y nuestro amor. Se la podría llamar la urbanidad de la piedad.
Cuando Dios se aparece a Moisés en la zarza ardiente, lo primero que le dice es “sácate las sandalias... el lugar que pisas es santo”. Nos habla del necesario respeto de lo divino, del sentido de lo sagrado. Jesús se vio obligado a poner orden en el Templo de Jerusalén, echando a los mercaderes y cambistas que deshonraban la casa de Dios. Hay una distancia infinita entre Dios y el hombre: el amor y la confianza que proceden de la filiación divina no conllevan -sería un contrasentido- una falta de respeto o igualdad de situación delante de nuestro Creador.
“Las formas forman” si se les pone contenido -es amor, no será formalidad- y si se entiende la razón de ser de cada una. Por eso no es exagerado. Las normas de comportamiento en el oratorio tienen una finalidad pedagógica. Todo pretende ser expresión de respeto y amor a Dios.
En la Iglesia hay unas normas litúrgicas que garantizan el cuidado del culto a Dios. Una especie de “protocolo” para lo sagrado: modos sobre cómo debemos tratar a Dios y las cosas de Dios. También hay una serie de cuidados que no están preceptuados como leyes litúrgicas, pero que siempre han vivido los cristianos piadosos como expresión de reverencia y amor. Es parte del tesoro del patrimonio espiritual de la Iglesia.
Jesús resume toda la ley de Dios en un solo mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu mente, con todas tus fuerzas, con toda tu alma”. Amar a Dios con todo nuestro ser y nuestra vida. Obviamente incluye nuestros gestos. El amor se nota. Y si no se nota... es que es demasiado débil.
Hemos de estar atentos para que la confianza no degenere en falta de respeto: sería ofensivo para con Dios. Nadie en sus cabales podría decir “porque te quiero tanto, no te respeto, te trato mal y te ofendo”. No puedo amar lo que no respeto. Tampoco lo que no venero. La dignidad, la delicadeza son necesarias, ya que como seres compuestos de alma y cuerpo, expresamos nuestros afectos, nuestra fe y todo lo espiritual a través del cuerpo.

En la vida social hay unas formas, unas “reglas” de buena educación, unas maneras de tratarse, y hasta un protocolo. Una persona se muestra a sí misma, también a través de ellas. En la religión también hay unos modos de relacionarnos con Dios, mostrarle nuestra fe, nuestra reverencia y nuestro amor. Se la podría llamar la urbanidad de la piedad.
Cuando Dios se aparece a Moisés en la zarza ardiente, lo primero que le dice es “sácate las sandalias... el lugar que pisas es santo”. Nos habla del necesario respeto de lo divino, del sentido de lo sagrado. Jesús se vio obligado a poner orden en el Templo de Jerusalén, echando a los mercaderes y cambistas que deshonraban la casa de Dios. Hay una distancia infinita entre Dios y el hombre: el amor y la confianza que proceden de la filiación divina no conllevan -sería un contrasentido- una falta de respeto o igualdad de situación delante de nuestro Creador.
“Las formas forman” si se les pone contenido -es amor, no será formalidad- y si se entiende la razón de ser de cada una. Por eso no es exagerado. Las normas de comportamiento en el oratorio tienen una finalidad pedagógica. Todo pretende ser expresión de respeto y amor a Dios.
En la Iglesia hay unas normas litúrgicas que garantizan el cuidado del culto a Dios. Una especie de “protocolo” para lo sagrado: modos sobre cómo debemos tratar a Dios y las cosas de Dios. También hay una serie de cuidados que no están preceptuados como leyes litúrgicas, pero que siempre han vivido los cristianos piadosos como expresión de reverencia y amor. Es parte del tesoro del patrimonio espiritual de la Iglesia.
Jesús resume toda la ley de Dios en un solo mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu mente, con todas tus fuerzas, con toda tu alma”. Amar a Dios con todo nuestro ser y nuestra vida. Obviamente incluye nuestros gestos. El amor se nota. Y si no se nota... es que es demasiado débil.
Hemos de estar atentos para que la confianza no degenere en falta de respeto: sería ofensivo para con Dios. Nadie en sus cabales podría decir “porque te quiero tanto, no te respeto, te trato mal y te ofendo”. No puedo amar lo que no respeto. Tampoco lo que no venero. La dignidad, la delicadeza son necesarias, ya que como seres compuestos de alma y cuerpo, expresamos nuestros afectos, nuestra fe y todo lo espiritual a través del cuerpo.
17.1.11
San Josemaría en la Guerra
El Diario "El Mundo" anuncia el estreno de la última película de Roland Joffé:

Y ya se sabe, respecto a San Josemaría, hay dos perspectiva: a los que les gusta, les gusta mucho, y a los que no les gusta, no les gusta nada. Pero Joffé intenta evitar bandos: "Me había golpeado la afirmación de Josemaría: a Dios se le encuentra en 'la vida ordinaria', y esa vida ordinaria, en su caso, fue la Guerra Civil española", ha dicho Joffé. "Me pregunté: ¿cómo es posible encontrar lo divino en la guerra? Pero la misma pregunta puede hacerse sobre todos los desafíos fundamentales de la vida, y sobre la manera en que los afrontamos: cómo respondemos al odio y al rechazo, o al deseo de venganza y justicia. Todos estos dilemas aumentan en tiempo de guerra. Estos dilemas son, en cierto sentido, los 'dragones' de la película, momentos de inflexión en nuestras vidas en los que afrontamos opciones decisivas. Opciones que afectarán a nuestro futuro. 'There be dragons' habla de las diferentes opciones que asume la gente en esos momentos de inflexión (tentaciones, si usted quiere) y de lo difícil que es (y necesario) huir de los ciclos de odio, resentimiento y violencia".

Una historia sobre la traición, sobre el horror, sobre el amor, sobre la subsistencia, sobre la intolerancia... Eso dice la nota promocional de 'There be dragons', la inminente película de Roland Joffé (estreno en España el 25 de marzo), cuyo tráiler estrena hoy en exclusiva EL MUNDO.es. Pero, para que nos entendamos todos mejor: ésta es, sobre todo, una película sobre Josemaría Escrivá de Balaguer, San Josemaría, fundador del Opus Dei.
Y ya se sabe, respecto a San Josemaría, hay dos perspectiva: a los que les gusta, les gusta mucho, y a los que no les gusta, no les gusta nada. Pero Joffé intenta evitar bandos: "Me había golpeado la afirmación de Josemaría: a Dios se le encuentra en 'la vida ordinaria', y esa vida ordinaria, en su caso, fue la Guerra Civil española", ha dicho Joffé. "Me pregunté: ¿cómo es posible encontrar lo divino en la guerra? Pero la misma pregunta puede hacerse sobre todos los desafíos fundamentales de la vida, y sobre la manera en que los afrontamos: cómo respondemos al odio y al rechazo, o al deseo de venganza y justicia. Todos estos dilemas aumentan en tiempo de guerra. Estos dilemas son, en cierto sentido, los 'dragones' de la película, momentos de inflexión en nuestras vidas en los que afrontamos opciones decisivas. Opciones que afectarán a nuestro futuro. 'There be dragons' habla de las diferentes opciones que asume la gente en esos momentos de inflexión (tentaciones, si usted quiere) y de lo difícil que es (y necesario) huir de los ciclos de odio, resentimiento y violencia".
16.1.11
Un Niño nos ha nacido
Un Niño nos ha nacido (Is 9,6)
Uno de los momentos de gran fuerza y emotividad del oratorio "El Mesías" de Haendel. "Maravilla de Consejero", "Padre Perpetuo", Príncipe de la Paz" son algunos de los títulos que se le atribuyen. El hijo de linaje real anunciado tendrá la Sabiduría de Salomón, la valentía y piedad de David, las grandes virtudes de Moisés y los Patriarcas, porque es el verdadero Mesías.
Uno de los momentos de gran fuerza y emotividad del oratorio "El Mesías" de Haendel. "Maravilla de Consejero", "Padre Perpetuo", Príncipe de la Paz" son algunos de los títulos que se le atribuyen. El hijo de linaje real anunciado tendrá la Sabiduría de Salomón, la valentía y piedad de David, las grandes virtudes de Moisés y los Patriarcas, porque es el verdadero Mesías.
15.1.11
Destinar
Leo en el blog "Preguntas polianas" estas sugerentes ideas de Leonardo Polo sobre Tener y Dar. En "Sobre la existencia cristiana" p. 133

La antropología clásica considera como lo más alto "el fin", la contemplación de Dios.
Pero si el ser persona no es sólo la capacidad de poseer la felicidad, si la persona está abierta por dentro, añadiéndose, dándose, entonces debe haber una noción ulterior al fin.
Polo llama a eso que está más alla del fin del hombre, el “destinar”.
Al hombre no le basta ser feliz. No le basta contemplar él a Dios, porque Dios no es sólo el término de un deseo, sino el destinatario de su otorgamiento (estar abierto por dentro, no es otra cosa que dar libremente, íntimamente).
La tarea de mi vida es destinarme, responder. La novedad ahora es comunicar.
Mi hermano suele decir que rezar es chatear con Dios.

La antropología clásica considera como lo más alto "el fin", la contemplación de Dios.
Pero si el ser persona no es sólo la capacidad de poseer la felicidad, si la persona está abierta por dentro, añadiéndose, dándose, entonces debe haber una noción ulterior al fin.
Polo llama a eso que está más alla del fin del hombre, el “destinar”.
Al hombre no le basta ser feliz. No le basta contemplar él a Dios, porque Dios no es sólo el término de un deseo, sino el destinatario de su otorgamiento (estar abierto por dentro, no es otra cosa que dar libremente, íntimamente).
La tarea de mi vida es destinarme, responder. La novedad ahora es comunicar.
Mi hermano suele decir que rezar es chatear con Dios.
12.1.11
Creo
Un hombre auténtico que explica de manera sencilla sus convicciones personales:

“A veces puede parecer que creer no es fácil, que la razón puede encontrar “razones” que dificultan creer”.
“Nietzsche llamaba a la esperanza “virtud de los débiles”, retratando a los cristianos como personas resignadas a un futuro mejor que se desentienden de luchar en el presente”.
“En las familias, en el trabajo, en la sociedad entera falta el bálsamo del amor que perdona y que comprende”.
“Pienso que –una vez más– queda claro cómo las cosas que son malas son, al mismo tiempo, feas”.
+ Jaume Pujol
Arzobispo de Tarragona

“A veces puede parecer que creer no es fácil, que la razón puede encontrar “razones” que dificultan creer”.
“Nietzsche llamaba a la esperanza “virtud de los débiles”, retratando a los cristianos como personas resignadas a un futuro mejor que se desentienden de luchar en el presente”.
“En las familias, en el trabajo, en la sociedad entera falta el bálsamo del amor que perdona y que comprende”.
“Pienso que –una vez más– queda claro cómo las cosas que son malas son, al mismo tiempo, feas”.
+ Jaume Pujol
Arzobispo de Tarragona
11.1.11
El matrimonio ¿artículo de lujo?
La desafección hacia el matrimonio se observa en muchos países de Occidente, pero no entre todos los sectores sociales. En América, casarse sigue siendo la manera más normal de fundar una familia entre personas con estudios universitarios y buenos ingresos, mientras que en los niveles socioeconómicos inferiores es más habitual eludir el compromiso matrimonial. Así nos lo cuenta ACEPRENSA:

Un informe que se acaba de publicar muestra que el declive del matrimonio que se da en Estados Unidos está afectando a la base del orden social: la clase media. El informe, titulado When Marriage Disappears: The Retreat from Marriage in Middle America (“Cuando desaparece el matrimonio: el alejamiento del matrimonio por parte de la clase media norteamericana) es un trabajo conjunto del National Marriage Project de la Universidad de Virginia y del "Institute for American Values".
La investigación, desarrollada por W. Bradford Wilcox y Elizabeth Marquardt, observa que en la clase acomodada el matrimonio es más estable y parece estar fortaleciéndose. Entre los desfavorecidos, el matrimonio sigue mostrándose frágil. Pero la tendencia más reciente y de mayor importancia es que la institución matrimonial está debilitándose en la clase media. Entre los estadounidenses de clase media, definidos a los efectos del informe como quienes poseen un diploma de enseñanza secundaria pero carecen de una titulación universitaria, las tasas de maternidad fuera del matrimonio y las de divorcios están creciendo.
(Ver texto completo)

Un informe que se acaba de publicar muestra que el declive del matrimonio que se da en Estados Unidos está afectando a la base del orden social: la clase media. El informe, titulado When Marriage Disappears: The Retreat from Marriage in Middle America (“Cuando desaparece el matrimonio: el alejamiento del matrimonio por parte de la clase media norteamericana) es un trabajo conjunto del National Marriage Project de la Universidad de Virginia y del "Institute for American Values".
La investigación, desarrollada por W. Bradford Wilcox y Elizabeth Marquardt, observa que en la clase acomodada el matrimonio es más estable y parece estar fortaleciéndose. Entre los desfavorecidos, el matrimonio sigue mostrándose frágil. Pero la tendencia más reciente y de mayor importancia es que la institución matrimonial está debilitándose en la clase media. Entre los estadounidenses de clase media, definidos a los efectos del informe como quienes poseen un diploma de enseñanza secundaria pero carecen de una titulación universitaria, las tasas de maternidad fuera del matrimonio y las de divorcios están creciendo.
(Ver texto completo)
9.1.11
Adicción al reconocimiento
Alfonso Aguiló nos advierte en "Interrogantes" de un peligro sutil:

«Los elogios y el reconocimiento me acompañaron durante toda mi infancia. Y, sin darme cuenta, poco a poco se convirtieron en una adicción. “La pequeña Eva recita poesía estupendamente —me decían a los seis años—. ¡Seguro que más adelante hablará en público maravillosamente!”. Y la pequeña Eva aprendió la lección. No había alabanza que le bastara, y cada vez aprendía más poesías, cantaba canciones y se recreaba con el reconocimiento de los demás. Incluso es muy posible que confundiera los elogios con el amor. Pero, en todo caso, eso le marcó la ruta a seguir: rendir y alcanzar logros para ser amada, apropiarse de cosas que le sirvieran de confirmación.
»No tardó en convertirse en un hábito. A la espera de elogios y aplausos, mi conducta empezó a modificarse de forma imperceptible. Desde aquellos inicios casi juguetones, desarrollé, espoleada por el orgullo, una auténtica adicción al reconocimiento. Para sentirme satisfecha, necesitaba realizar un trabajo cada vez más intenso y más adaptado a las expectativas de los demás: fue una lucha que me llevó al borde de la autoliquidación.
»Descubrir el embuste de aquella pauta supuso un proceso largo y doloroso. Hasta que no se acabaron las alabanzas no fui capaz de reconocer la estrategia que estaba adoptando inconscientemente. Por una vez, la pequeña Eva no había cumplido las expectativas de los demás; y entonces la imagen de mí misma quedó destrozada.»
Este relato autobiográfico de Eva Herman nos plantea una interesante cuestión. Hemos de empezar por reconocer que a todos nos importa el reconocimiento de los demás. Y quienes dicen que no les importa en absoluto, probablemente adoptan una pose de suficiencia que delata su propia inseguridad.

«Los elogios y el reconocimiento me acompañaron durante toda mi infancia. Y, sin darme cuenta, poco a poco se convirtieron en una adicción. “La pequeña Eva recita poesía estupendamente —me decían a los seis años—. ¡Seguro que más adelante hablará en público maravillosamente!”. Y la pequeña Eva aprendió la lección. No había alabanza que le bastara, y cada vez aprendía más poesías, cantaba canciones y se recreaba con el reconocimiento de los demás. Incluso es muy posible que confundiera los elogios con el amor. Pero, en todo caso, eso le marcó la ruta a seguir: rendir y alcanzar logros para ser amada, apropiarse de cosas que le sirvieran de confirmación.
»No tardó en convertirse en un hábito. A la espera de elogios y aplausos, mi conducta empezó a modificarse de forma imperceptible. Desde aquellos inicios casi juguetones, desarrollé, espoleada por el orgullo, una auténtica adicción al reconocimiento. Para sentirme satisfecha, necesitaba realizar un trabajo cada vez más intenso y más adaptado a las expectativas de los demás: fue una lucha que me llevó al borde de la autoliquidación.
»Descubrir el embuste de aquella pauta supuso un proceso largo y doloroso. Hasta que no se acabaron las alabanzas no fui capaz de reconocer la estrategia que estaba adoptando inconscientemente. Por una vez, la pequeña Eva no había cumplido las expectativas de los demás; y entonces la imagen de mí misma quedó destrozada.»
Este relato autobiográfico de Eva Herman nos plantea una interesante cuestión. Hemos de empezar por reconocer que a todos nos importa el reconocimiento de los demás. Y quienes dicen que no les importa en absoluto, probablemente adoptan una pose de suficiencia que delata su propia inseguridad.
7.1.11
Clavecin bien tempéré
Elizabeth Sombart - Bach - Prélude en do majeur BWV 846
"Au-delà du talent même, ce qui m'a frappé chez Elizabeth Sombart, c'est une extraordinaire écoute des sons qui lui permet d'exprimer avec ses doigts l'essence même de la musique. Elle a l'art de faire vivre les oeuvres mortes"
(Sergiù Celibidache)
Elizabeth Sombart - Bach - Prélude en do majeur BWV 846 from Thierry Naville on Vimeo.
"Au-delà du talent même, ce qui m'a frappé chez Elizabeth Sombart, c'est une extraordinaire écoute des sons qui lui permet d'exprimer avec ses doigts l'essence même de la musique. Elle a l'art de faire vivre les oeuvres mortes"
(Sergiù Celibidache)
diversidad cultural
Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos, hace una valoración del problema de la inmigración:

La Iglesia contempla la emigración como una realidad polivalente. En primer lugar, reconoce el derecho que asiste a todo hombre para salir del propio país y para entrar en otro, en busca de mejores condiciones de vida. Por otra parte, reconoce que los Estados tienen el derecho de regular los flujos migratorios y defender sus fronteras, asegurando siempre el respeto que merece la persona humana. Además, «los emigrantes tienen el deber de integrarse en el país de acogida, respetando sus leyes e identidad nacional» (Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, de 2001).
Sin embargo, la gran aportación de la Iglesia consiste en recordar -y hacer posible- que todos los hombres sepan y reconozcan que son hijos del mismo Padre y, por tanto, hermanos entre sí. Es decir, que todos formamos «una sola familia humana», como reza el lema de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que celebramos el próximo 16 de enero. Una sola familia de hermanos y hermanas en sociedades «cada vez más multiétnicas e interculturales» (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado de 2011).
No puede sorprender, por tanto, que la Iglesia vea en el fenómeno masivo de la emigración, junto a grandes dificultades y problemas, la posibilidad de una humanidad cada vez más interrelacionada, capaz de superar fronteras geográficas y culturales y vivir como una única familia unida, en el marco de una enorme diversidad cultural.

La Iglesia contempla la emigración como una realidad polivalente. En primer lugar, reconoce el derecho que asiste a todo hombre para salir del propio país y para entrar en otro, en busca de mejores condiciones de vida. Por otra parte, reconoce que los Estados tienen el derecho de regular los flujos migratorios y defender sus fronteras, asegurando siempre el respeto que merece la persona humana. Además, «los emigrantes tienen el deber de integrarse en el país de acogida, respetando sus leyes e identidad nacional» (Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, de 2001).
Sin embargo, la gran aportación de la Iglesia consiste en recordar -y hacer posible- que todos los hombres sepan y reconozcan que son hijos del mismo Padre y, por tanto, hermanos entre sí. Es decir, que todos formamos «una sola familia humana», como reza el lema de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que celebramos el próximo 16 de enero. Una sola familia de hermanos y hermanas en sociedades «cada vez más multiétnicas e interculturales» (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado de 2011).
No puede sorprender, por tanto, que la Iglesia vea en el fenómeno masivo de la emigración, junto a grandes dificultades y problemas, la posibilidad de una humanidad cada vez más interrelacionada, capaz de superar fronteras geográficas y culturales y vivir como una única familia unida, en el marco de una enorme diversidad cultural.
6.1.11
Empezar de nuevo
Ramiro Pellitero comenta algunos pasajes del último libro del Papa:

En el libro-entrevista “Luz del mundo” se descubre esa doble propuesta, que corresponde a los dos aspectos de la crisis actual: «La crisis de la Iglesia es un aspecto, la crisis del secularismo, el otro. La primera crisis podrá ser grande, pero la otra se aproxima más y más a una catástrofe global permanente» (p. 55).
En la sociedad, el ateísmo práctico se viene extendiendo con el riesgo de convertirse en una actitud general, según la cual «la libertad no tiene ya más parámetros, todo es posible y todo está permitido» (lo que puede conducirnos a la autodestrucción). «Por eso también es tan urgente que la pregunta sobre Dios vuelva a colocarse en el centro. Por supuesto, no se trata de un Dios que de alguna manera existe, sino de un Dios que nos conoce, que nos habla y que nos incumbe. Y que, después, será también nuestro juez» (72).
En cuanto a la Iglesia y los cristianos, no deben quedarse en lo negativo, sino esforzarse en mostrar lo positivo, lo vivo y lo grande del Evangelio. No deben permitir en su vida «una suerte de esquizofrenia, una existencia dividida» (69): por un lado la fe o incluso una voluntad básicamente cristiana, y por otro lado participar de una cosmovisión secularista, no sólo pagana sino contraria a la religión. Deben apoyarse en la alegría que brinda el cristianismo, y, por eso mismo, tienen un “desafío urgente”: mostrar en nuestro tiempo la necesidad de Dios. Para lograrlo, ellos mismos han de convertirse, colocar nuevamente a Dios en primer término —«son los santos los que viven el ser cristiano en el presente y en el futuro»—, y dejar que la Palabra de Dios ilumine sus vidas desde dentro.
Para todos vale —es el gran tema del libro— la propuesta de abrirse a Dios, que es la verdadera Luz del mundo: «Por así decirlo, debemos arriesgarnos nuevamente a hacer el experimento con Dios a fin de dejarlo actuar en nuestra sociedad» (76-77). Y cuando le interrogan por el significado que puede tener hoy una renovación interna de la Iglesia, responde: «Significa encontrar dónde se están arrastrando cosas superfluas, cosas inútiles. Y, por el otro lado, averiguar cómo se puede lograr mejor la realización de lo esencial, de modo que seamos realmente capaces de escuchar, vivir y anunciar en este tiempo la Palabra de Dios». Y añade: «Hoy se trata de presentar los grandes temas y, al mismo tiempo —como en la encíclica sobre la caridad ‘Deus Caritas est’—, hacer nuevamente visible el centro de la condición cristiana y, con ello, también la sencillez de esa condición cristiana» (88-89). Todo ello implica la necesidad de distinguir lo “esencialmente cristiano” de lo que es sólo expresión de una época determinada, que puede cambiar con los tiempos (cf. 151). Se trata de la reforma “en la continuidad”, verdadera intención del Concilio Vaticano II.
Ante las crisis actuales (la crisis moral, ecológica y económica, etc., y también en el interior de la Iglesia), se pregunta Benedicto XVI: «¿Cómo nos manejamos en un mundo que se amenaza a sí mismo, en que el progreso se convierte en un peligro? ¿No tendremos que empezar de nuevo con Dios?» (88).
Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra

En el libro-entrevista “Luz del mundo” se descubre esa doble propuesta, que corresponde a los dos aspectos de la crisis actual: «La crisis de la Iglesia es un aspecto, la crisis del secularismo, el otro. La primera crisis podrá ser grande, pero la otra se aproxima más y más a una catástrofe global permanente» (p. 55).
En la sociedad, el ateísmo práctico se viene extendiendo con el riesgo de convertirse en una actitud general, según la cual «la libertad no tiene ya más parámetros, todo es posible y todo está permitido» (lo que puede conducirnos a la autodestrucción). «Por eso también es tan urgente que la pregunta sobre Dios vuelva a colocarse en el centro. Por supuesto, no se trata de un Dios que de alguna manera existe, sino de un Dios que nos conoce, que nos habla y que nos incumbe. Y que, después, será también nuestro juez» (72).
En cuanto a la Iglesia y los cristianos, no deben quedarse en lo negativo, sino esforzarse en mostrar lo positivo, lo vivo y lo grande del Evangelio. No deben permitir en su vida «una suerte de esquizofrenia, una existencia dividida» (69): por un lado la fe o incluso una voluntad básicamente cristiana, y por otro lado participar de una cosmovisión secularista, no sólo pagana sino contraria a la religión. Deben apoyarse en la alegría que brinda el cristianismo, y, por eso mismo, tienen un “desafío urgente”: mostrar en nuestro tiempo la necesidad de Dios. Para lograrlo, ellos mismos han de convertirse, colocar nuevamente a Dios en primer término —«son los santos los que viven el ser cristiano en el presente y en el futuro»—, y dejar que la Palabra de Dios ilumine sus vidas desde dentro.
Para todos vale —es el gran tema del libro— la propuesta de abrirse a Dios, que es la verdadera Luz del mundo: «Por así decirlo, debemos arriesgarnos nuevamente a hacer el experimento con Dios a fin de dejarlo actuar en nuestra sociedad» (76-77). Y cuando le interrogan por el significado que puede tener hoy una renovación interna de la Iglesia, responde: «Significa encontrar dónde se están arrastrando cosas superfluas, cosas inútiles. Y, por el otro lado, averiguar cómo se puede lograr mejor la realización de lo esencial, de modo que seamos realmente capaces de escuchar, vivir y anunciar en este tiempo la Palabra de Dios». Y añade: «Hoy se trata de presentar los grandes temas y, al mismo tiempo —como en la encíclica sobre la caridad ‘Deus Caritas est’—, hacer nuevamente visible el centro de la condición cristiana y, con ello, también la sencillez de esa condición cristiana» (88-89). Todo ello implica la necesidad de distinguir lo “esencialmente cristiano” de lo que es sólo expresión de una época determinada, que puede cambiar con los tiempos (cf. 151). Se trata de la reforma “en la continuidad”, verdadera intención del Concilio Vaticano II.
Ante las crisis actuales (la crisis moral, ecológica y económica, etc., y también en el interior de la Iglesia), se pregunta Benedicto XVI: «¿Cómo nos manejamos en un mundo que se amenaza a sí mismo, en que el progreso se convierte en un peligro? ¿No tendremos que empezar de nuevo con Dios?» (88).
Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra
4.1.11
Adolescencia y visión positiva
Es frecuente oir a los padres qujarse de la etapa de la adolescencia de sus hijos, la convivencia con los hijos se convierte en una especie de batalla campal.

Ana Aznar sugiere en "Escuela de Familia" dar un enfoque más positivo:
Lo primero que suele fallar con los adolescentes es la comunicación, "intentar comunicarse con un adolescente en crisis es una tarea difícil; pero, si nos descuidamos, nuestra relación puede reducirse peligrosamente a censuras y críticas hacia su persona y su comportamiento. Sin embargo, nuestro hij@ tiene unas necesidades especiales de comunicación y espera que nosotros tomemos la iniciativa, debemos adoptar una postura más activa, trasmitiendo con constancia pero sin ser pesados, una serie de mensajes que la mayoría de los adolescentes espera escuchar por parte de sus padres. En estas páginas os proponemos cinco mensajes, pero está en vuestras manos descubrir qué le gustaría oír a vuestro propio hijo".
Se nos proponen cinco pautas positivas, cinco mensajes a transmitir:
1. Cimentar su autoestima: “Estoy orgulloso de ti”
2. Potenciar su seguridad: "cuenta conmigo"
3. Formar criterio: "comprenderte no es darte siempre la razón"
4. Ayudarle a crecer por dentro: "confío en ti"
5. Crecer sano: "te quiero un montón"

Ana Aznar sugiere en "Escuela de Familia" dar un enfoque más positivo:
Lo primero que suele fallar con los adolescentes es la comunicación, "intentar comunicarse con un adolescente en crisis es una tarea difícil; pero, si nos descuidamos, nuestra relación puede reducirse peligrosamente a censuras y críticas hacia su persona y su comportamiento. Sin embargo, nuestro hij@ tiene unas necesidades especiales de comunicación y espera que nosotros tomemos la iniciativa, debemos adoptar una postura más activa, trasmitiendo con constancia pero sin ser pesados, una serie de mensajes que la mayoría de los adolescentes espera escuchar por parte de sus padres. En estas páginas os proponemos cinco mensajes, pero está en vuestras manos descubrir qué le gustaría oír a vuestro propio hijo".
Se nos proponen cinco pautas positivas, cinco mensajes a transmitir:
1. Cimentar su autoestima: “Estoy orgulloso de ti”
2. Potenciar su seguridad: "cuenta conmigo"
3. Formar criterio: "comprenderte no es darte siempre la razón"
4. Ayudarle a crecer por dentro: "confío en ti"
5. Crecer sano: "te quiero un montón"
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