10.1.12

Educar los hábitos

Sebastián Cerro, auditor jefe y consultor para la certificación en ISO 9001, nos habla de la Educación en valores:


"Aristóteles decía: Somos lo que hacemos día a día, de modo que la excelencia no es un acto sino un hábito"

Condición previa si se quiere conseguir dejar un mal hábito (fumar, mentir, etc.) es desearlo de; verdad. Lo mismo podríamos decir si lo que queremos es adquirir un hábito positivo (ser personas aseadas, ordenados, etc.). Desearlo firmemente no siempre es suficiente si la persona no está acostumbrada a venderse a sí misma.

De modo habitual las personas consideradas heroicas han ido robusteciendo su carácter por medio de la repetición de actos sencillos, pequeños, pero realizados de modo constante. El acto heroico aislado, sin relación con la historia de la persona, aunque no es imposible, sí resulta muy improbable; cada uno actúa según los habites adquiridos.

Los hábitos positivos son aquellos que acercan a la persona a su plenitud como ser humano y. por tanto, a su felicidad. Una persona sin hábitos de comportamiento positivos queda a merced de las pasiones; cae en la dinámica del mínimo esfuerzo y suele elegir de modo habitud el placer sin una valoración sobre su bondad o no. En la práctica, la educación de una persona consiste en ayudarle a que consiga hábitos de actuación que contribuyan a su mejoría como persona. Estos hábitos solo se consiguen con entrenamiento.

Quien más y quien menos se ha entrenado para algo. Entrenarse supone esfuerzo, sacrificio y solo es capaz de mantenerlo do modo continuado quien tiene motivos para hacerlo. Los hábitos bien adquiridos armonizan la inteligencia, la voluntad y los sentimientos de tal modo que hacen posible disfrutar de una personalidad equilibrada. Cuando la razón y el corazón van en la misma dirección, es más fácil lograr adquirir un hábito. El problema se encuentra cuando las dos motivaciones no están alineadas. En esos casos, la razón debe señalar la meta y lograr que el corazón se entusiasme con conseguirla. Se decide con la inteligencia y se pone el corazón para actuar. Un motivo poderoso es motor fundamental para el esfuerzo que se necesita.